José María Cernuda .- Si en el anterior post llegaba a la conclusión de que la Ley es un argumento decisivo para combatir los efectos del cambio climático en el que estamos instalados, ¿podemos decir, en sentido contrario, que el clima se adapta a alguna Ley, obedece a alguna norma.?
Habría que establecer, al menos, una división para poder responder con cierto rigor a ese presunto sometimiento del clima a Ley. Porque a nadie se le escapa que, a corto plazo, sí podemos comprobar la existencia de esa relación: los inviernos siguen siendo inviernos y los veranos, veranos; es decir el clima se sigue supeditando a una norma concreta: varía o cambia, como mínimo, dos veces al año en ambos hemisferios, y ello sin hacer valoración alguna respecto a si las estaciones son siempre las mismas o parecidas año tras año o, década tras década.
Clima y leyes
A largo plazo, entendiendo el mismo como aquel que nos permite comparar épocas históricas siempre anteriores al inicio de la Revolución Industrial del XIX, uno de los puntos de inflexión del cambio climático, el clima no parece que se someta a ninguna Ley establecida sino que, condicionado por muy diversos factores, se mueve en la aleatoriedad más absoluta. Este diagnóstico no puede ser el mismo desde que surge la industrialización que, quizás, todo lo complica, no obstante lo cual, el resultado de todos los estudios nos permite concluir que el clima no se somete a norma alguna y, en general, es ajeno a cualquier comportamiento que permita su predecibilidad.
Debemos diferenciar y no confundir que tratar sobre el clima no es lo mismo que referirse a las predicciones meteorológicas vinculadas a la época del año en la que nos encontremos, si bien la segunda condiciona el estudio y tratamiento de la primera.

Rechazada la perspectiva a corto plazo para entender la vinculación del clima a la norma, solo mirando el pasado podemos prever lo que suceda en el futuro (Brian Fagan), siempre que factores nuevos y ajenos a los que existían antes no desvirtúen las predicciones pero, desestimando esos factores (lo cual exige un gran esfuerzo), la variación del clima a lo largo de la historia conocida y también antes, no se atiene a directriz alguna, se comporta sin someterse a ningún procedimiento y no favorece predicciones fiables, aunque puedan establecerse, con cautela, tendencias en su comportamiento. La Física, no obstante, se atreve a ir más allá y no ser tan dogmática con esta conclusión, y tiene la pretensión de demostrar la existencia de alguna relación entre el comportamiento del clima y algunas teorías, muy recientes, basadas en el descubrimiento de otras leyes físicas diferentes y ajenas a las conocidas hasta ahora y sobre las que ni siquiera me atrevo a mencionar su nombre y, ni mucho menos, comentar sobre lo que tratan. Pero hasta que se concreten, solo podemos concluir reconociendo la existencia de una clara rebeldía del clima frente a la Ley.
Ley y efectos del cambio climático
Aunque decíamos en nuestro anterior comentario que la Ley sí es una aliada para combatir los efectos del cambio climático y se adapta, tarde, a lo que nos exigen las condiciones que nos fija el clima, parece que éste siempre ha ido por libre y no se ha encorsetado a la exigencia y rigidez de la norma.
Sin embargo, en esta época con casi dos siglos de quema de combustibles fósiles y de desarrollo tecnológico, la predicción y las tendencias sobre lo que nos espera, son más fiables y, por desgracia, mucho más inquietantes. Si todo sigue igual y no se actúa, ya sabemos hacia dónde se dirige el clima en el futuro más próximo y cuáles serán sus consecuencias. El clima nunca se ha sometido a las normas pero, hoy en día, los factores a los que obedece le llevan en una única dirección que contradice el hecho de reconocer que siempre es impredecible, de ahí nuestra inquietud.
LEY Y CLIMA
13 DE ABRIL DE 2010





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