Elvia en Zambia ante el rastro fresco de un hipopótamo, uno de los animales que más muertes causa en África. Foto facilitada por la madre de Elvia, Paloma Troya
DIVULGACIÓN AMBIENTAL

Elvia la rastreadora: «Si no conoces la naturaleza, no puedes protegerla»

Julia Rodríguez Alcocer

Madrid.- Con 14 años, Elvia Gómez Troya, conocida en redes sociales como «Elvia la Rastreadora», tiene claro que su misión va más allá de identificar huellas, reconocer cantos de aves o encontrar animales en sus viajes: quiere acercar la naturaleza a los jóvenes para que aprendan a conocerla y, con ello, a protegerla.

«Si no conoces algo, no puedes quererlo y si no lo quieres, significa que no lo puedes proteger», ha explicado en una entrevista con EFE Verde la joven divulgadora, que recientemente ha recibido el Premio al mejor Divulgador Científico Junior.

Natural de La Rioja y residente actualmente en Navarra, comenzó a acercarse al mundo del rastreo desde muy pequeña de la mano de sus padres. Su padre, rastreador, colocaba cascos en la barriga de su madre cuando estaba embarazada de ella para que escuchara los nidos de la aves, ha recordado.

Desde niña, las salidas al campo se convirtieron en una forma de aprender a interpretar el entorno. Con cuatro o cinco años ya grababa vídeos contando a su madre, también vinculada al medio natural, lo que encontraba durante sus paseos y, con el tiempo, esa curiosidad se transformó en una vocación divulgadora.

De las huellas a las redes sociales

Su presencia en redes sociales comenzó alrededor de los 11 años, después de que una amiga de la familia le animara a compartir sus conocimientos con otros jóvenes.

Ahora utiliza las redes para mostrar animales y situaciones que encuentra durante sus viajes o salidas al campo, aunque asegura que gran parte de su contenido surge de manera espontánea.

«No intento que sea una clase teórica», ha explicado. Para ella, la clave está en mostrar aquello que encuentra y conseguir que el espectador se sorprenda. Una hormiga, por ejemplo, puede pasar desapercibida, pero conocer sus características puede hacer que alguien se detenga a observarla.

Su objetivo no es tanto acumular seguidores como conseguir que quienes la ven desarrollen una mayor empatía hacia la naturaleza. «Estas 50.000 personas que me siguen no es para chulearme, es para pensar que, igual 30.000 ya no matan una araña cuando la ven», ha señalado.

El resultado también se refleja en los mensajes que recibe. Ha contado que algunos niños le escriben para contarle que han comenzado a observar animales que antes ignoraban. Uno de esos casos es el de una niña que, después de leer uno de sus libros, reconoció en el campo un pequeño animal que anteriormente había pasado por alto.

Compaginar todo ello con los estudios no es sencillo para Elvia. Con 11 años, cuando escribió su primer libro, compaginaba el colegio con diez horas de baile a la semana y la escritura. Con el tiempo tuvo que dejar el baile para centrarse en el rastreo y la divulgación aunque actualmente va al instituto, practica breakdance, kickboxing y Muay Thai.

Un cambio climático que ya ve «a la puerta de casa»

Elvia también utiliza su experiencia para reflexionar sobre la crisis climática. Aunque reconoce que no se considera una experta en cambio climático, sí cree que sus viajes y su contacto con diferentes ecosistemas le han permitido observar situaciones que le preocupan.

Recuerda especialmente un viaje al Sáhara, en Marruecos, donde encontró un paisaje cubierto de agua tras unas lluvias excepcionales. Según le explicaron allí personas de avanzada edad, no habían visto llover de esa manera en décadas.

A su juicio, la sociedad tiende a pensar en los efectos del cambio climático como algo lejano, relacionado con el deshielo del Ártico o los osos polares, cuando también existen señales «a la puerta de nuestra casa».

En este sentido, ha apuntado a los grandes incendios registrados en España este verano como otra muestra de una situación que considera preocupante y, advierte de que las palabras por sí solas no son suficientes. «Las palabras, como mucho, pueden intentar cambiar las acciones de las personas que te escuchen».

Aún así, Elvia no quiere transmitir un mensaje exclusivamente pesimista. «Evidentemente queda esperanza», ha sostenido. Para ella, los seres humanos son quienes tienen capacidad para modificar sus decisiones y, por tanto, también responsabilidad sobre el futuro de los animales y los ecosistemas.

«Rastrear no es salir a buscar un animal».

Para Elvia, el rastreo no consiste únicamente en salir al campo con el objetivo de encontrar una determinada especie. Es una forma permanente de observar el entrono.

«Rastrear es salir para coger el autobús y escuchar un mirlo, saber que no es la melodía normal, sino que es una alarma porque ha visto un gato que está cruzando en la carretera».

Esta capacidad de escuchar y observar se ha desarrollado a través de años de práctica. Identifica aves por sus cantos y reconoce los sonidos gracias a la experiencia acumulada en el campo.

Sus viajes también forman parte de su aprendizaje. Ha participado en proyectos y experiencias en países como Tanzania, Zambia, Bolivia, Indonesia o Marruecos. En algunos casos, los desplazamientos familiares se convierten en oportunidades para trabajar en rastreo, conservación o ecoturismo.

Ahora sueña con convertirse en rastreadora profesional, continuar participando en proyectos en África, realizar documentales y publicar libros. Ya ha publicado dos sobre naturaleza y animales y actualmente trabaja en otros dos.

Pero, por encima de todo, quiere seguir transmitiendo su pasión a otros jóvenes. «Que persigan todo lo que tienen en mente porque se puede conseguir», ha afirmado. EFE Verde

jra/atm


 

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