España afronta un riesgo estructural de desertificación agravado por el calor y la presión sobre el agua

Madrid.- Las lluvias de invierno y primavera han permitido a España sortear las peores consecuencias ambientales y económicas de la sequía que afecta a Europa, pero no ocultan un problema estructural: el aumento de las temperaturas y la presión sobre los recursos hídricos reducen la disponibilidad real de agua y elevan el riesgo de desertificación en gran parte del país.

Distintos informes, expertos y organismos coinciden en que no se trata solo de una cuestión de falta de lluvias, sino de un deterioro más amplio que afecta al suelo, los acuíferos, los humedales y la capacidad de los ecosistemas para retener y aprovechar el agua. Tal y como se ha reconocido enla reciente reunión internacional contra la Desertificación (COP17) , celebrada en Ulán Bator,  la sequía constituye ya un “riesgo estructural” para economías y medios de vida y su incidencia se agravará en el futuro.

Un cálido y seco verano

Según ha expliado el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Rubén del Campo, en una entrevista con EFE,  a falta aún de datos oficiales de agosto, julio cerró con una cifra de precipitaciones de 4,3 litros por metro cuadrado, apenas un 26 % del valor normal, lo que lo convierte en el julio más seco de la serie histórica.

Además, este verano ha sido el más cálido de la serie histórica española» (1961-2026): de acuerdo con los datos provisionales, la temperatura media de estos meses de estío fue de 24,5 grados, superando en 2,5 el promedio del periodo de referencia (1991-2020) y en 0,3 al anterior verano más cálido: el de 2025.

La suma de calor sofocante y lluvias escasas ha causado estragos en las reservas de agua españolas, situadas a finales de mayo en el 84 % y con todas las cuencas por encima del 60 % de su capacidad.

Desde entonces, el agua almacenada en los embalses españoles ha encadenado doce semanas a la baja hasta situarse al 64 %, (35.875 hectómetros), de acuerdo con los últimos datos del ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco). Pese a las pérdidas, la reserva sigue estando en valores superiores a la media de la última década (27.031 hectómetros).

Sequía y desertificación

Según datos de la Unión Europea, el  74 % del territorio español está amenazado por la desertificación, un proceso que, según los expertos,  no depende únicamente del clima. La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación la define como la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas como consecuencia de las variaciones climáticas y de las actividades humanas.

En España, se han señalado como motores principales de este proceso la sobreexplotación de los recursos hídricos, la expansión del regadío, la degradación del suelo y la pérdida de humedales y aguas subterráneas.

Hay que señalar, no obstante, que  la degradación del territorio se manifiesta de forma desigual:  las áreas más expuestas se encuentran en  Andalucía, Castilla-La Mancha, el Levante, Canarias, Murcia, el valle del Guadalquivir, algunas zonas del valle del Ebro y sectores del sureste peninsular con agricultura intensiva.

Sin acuerdo

La decimoséptima Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17) concluyó el pasado 28 de agosto en Ulán Bator, Mongolia, sin el esperado acuerdo global sobre la sequía, una de las negociaciones más sensibles de la cita y que ya llegaba pendiente desde la anterior cumbre de Riad, celebrada en 2024.

El aplazamiento hasta la COP18 dejó en evidencia las dificultades de los países para traducir la creciente alarma internacional por este fenómeno en un marco común de actuación: el desacuerdo fundamental se encuentra entre la demanda de varios países africanos de contar con un marco de obligado cumplimiento con la resistencia de otros Estados, entre ellos Estados Unidos, reacios a asumir ese tipo de compromiso.

La cumbre cerró sin pacto de sequía, aunque con una movilización de hasta 1.300 millones de dólares en financiación y la presentación de dos herramientas ligadas a esta materia: el Fondo de Inversión para la Resiliencia a la Sequía, concebido para movilizar hasta 400 millones de dólares de capital privado, y la segunda fase del Observatorio Internacional de Resiliencia a la Sequía, una plataforma para evaluar la preparación de los países e identificar vulnerabilidades. También España anunció el 26 de agosto una nueva contribución de 5 millones de euros a la Alianza Internacional para la Resiliencia frente a la Sequía. EFE

fch

 


 

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