Mari Navas
Madrid.- Que los ciudadanos cuenten con cargadores eléctricos ultrarrápidos y que lo hagan en estaciones «amigables» e inspirados en la naturaleza. Esa es la propuesta de la empresa emergente Fastned, aunque para ello, su directora general en España, Inma Cima, pide poder desplegar más rápido estaciones de recarga en el país y acabar con los problemas de conexión.
De origen holandés, esta compañía emergente comenzó a operar cuando todavía era raro ver coches eléctricos circulando por la calle. Era 2012 y Fastned se hizo con 201 de las 245 ubicaciones de recarga que el gobierno de los Países Bajos había sacado a concurso público.
Desde entonces, se ha expandido «como una mancha de aceite» por Europa, para ir dotando de «puntos de carga a los conductores y no formar islas», hasta llegar a España, en donde en la actualidad cuentan con dos estaciones operativas, cinco que acaban de terminar de construir y 30 proyectos en paralelo.
La compañía tiene «el objetivo muy ambicioso» de disponer de 80 estaciones operativas en 2030 en España, en donde van a invertir más de 100 millones de euros, aunque para cumplir con estas cifras piden que les dejen desplegar más rápido, que haya más transparencia y que se refuerce la capacidad actual que tiene la red eléctrica.
«Podríamos ser una isla independiente absolutamente en España, pero falta voluntad política y persistencia», se lamenta Cima en una entrevista a EFE Verde.
España acelera en puntos de recarga, pero la red sigue siendo desigual entre comunidades
El «problemón» del acceso a la red
En especial, la directora general de Fastned en España pone el foco en el tiempo que necesitan las compañías para desarrollar infraestructuras debido «al problemón» que supone la conexión a la red eléctrica.
«Nosotros aquí en España estamos tardando entre dos años y medio y tres años en tener estas estaciones operativas, mientras que en los países vecinos como en Francia, pues en entre 14 y 16 meses pueden tenerlo», afirma.
Según explica, en el país vecino la compañía distribuidora va haciendo las extensiones que necesita la red en paralelo a la construcción de las estaciones, por lo que cuando esta está lista, se conecta y empieza a operar. Mientras tanto, señala que en España no empieza a trabajar hasta que la estación está construida.
«Con lo cual, se solapa en el tiempo. Y es un tiempo encima que es incierto, que no está ni planificado ni programado, con lo cual, sufrimos y lo hacemos muchísimo, porque tenemos muchas veces estaciones terminadas esperando a poder conectarlas. Y eso se traduce en mala imagen, deterioro de los materiales, robos…», afirma.
Por ello, pide que se obligue a las distribuidoras a que empiecen sus trabajos una vez que ellos han bloqueado la potencia y han pagado las condiciones técnico-económicas, que estas tengan unos plazos definidos y unas sanciones también claras en caso de no cumplir.
Según los datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac), España cerró 2025 con 53.072 puntos de recarga, a los que hay que sumar 16.340 que no estaban operativos. «Están pendientes de que las distribuidoras los conecten. Y siempre hay retrasos, excusas y no pasa nada», se lamenta.
Además, recuerda que de ellos «depende también el sector de la automoción», por lo que defiende que se les considere «un sector estratégico y acelerar el despliegue».
Un boom del coche eléctrico
Para la responsable de Fastned en España, «la movilidad es y será eléctrica» y esto es algo sobre lo que ya no hay dudas. En el caso de España, considera que la curva de aprendizaje «será más rápida» que en otros países de Europa porque el conocimiento ya existe.
«Y de la misma forma que estos tres años yo he notado mucho cambio, los tres próximos veremos un boom. Lo estamos viendo ya en las ventas de vehículos eléctricos […] Si nos dejaran desplegar más rápido, la curva sería mucho más rápida», asegura.
De hecho, afirma que cuando Fastned se instala en una zona siempre se produce «esta aceleración» debido a que la compañía «es garantía de rapidez, calidad disponible y ambiente amigable».
Aún así, considera que España afronta varios retos en el despliegue de cargadores eléctricos, como es la dimensión de su territorio, la renovación del parque automovilístico y que se trata del tercer país del mundo en cuanto a kilómetros de autopistas y autovías, lo que dificulta el dotar de infraestructuras.
«Entonces tiene que haber una colaboración público-privado para que esta expansión de la infraestructura de recarga sea homogénea», afirma y defiende a las estaciones de recarga como un nuevo sector: «No es una evolución de una gasolinera, es un cambio de paradigma».
Cima se imagina en unos años «operando una empresa clave de recarga» gracias a los que sus clientes podrán circular por el país, aunque para ello, tiene claro lo que necesita: «A mí que no me den subvenciones, que me dejen desplegar de forma más rápida». EFE Verde
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