Transformar la envidia en admiración. Por (*) Jorge Neri Bonilla (Cambio16 / Grupo EIG Multimedia)

Envidiar solo tiene consecuencias negativas. Cuando se envidia, se deja de aprender, de crecer, de pensar, se acumulan las malas decisiones y sus consecuencias. Entonces, ¿para qué envidiar si la mayor parte de los efectos negativos se la lleva el envidioso? Aunque sea un sentimiento innato en el ser humano, podemos dominar la envidia si se sustituye por “admiración”. Una forma de pasar de la rabia al cariño, de la ignorancia al entendimiento, en definitiva del odio al amor.

“Cuando transformamos el sentimiento de envidia por admiración, lo primero que se percibe de forma instintiva es un sentimiento agradable que llena de tranquilidad”.

De entrada, es una enorme ganancia. Si se admira o se desea algo de otra persona, en vez de envidiar, probablemente nos detendremos a pensar qué hacer y cómo mejorar para alcanzar esos dones o cosas. Con esa motivación se irán generando resultados positivos, como el crecimiento y la prosperidad.

Cuando se admira a una persona, en vez de envidiarla, se pasa del rechazo al aprendizaje, al deseo de aprender, entender y emular a esa persona para tener ese bien, esa característica o éxito. La admiración genera interés, curiosidad y hasta deseos de acercamiento. La envidia genera lo contrario: rechazo a la persona envidiada.

Sin lugar a dudas, hay personas más competentes, más inteligentes, más cultas, más bellas, más sofisticadas, más astutas y una lista enorme de cualidades y posesiones. Envidiarlas implica cerrarse a aprender de ellas, pero incluso en la mayoría de los casos produce el efecto no deseado de retrasar nuestro propio crecimiento. El envidioso se cierra a su crecimiento personal y no es capaz de entender lo que esa persona hace para estar donde está o tener lo que tiene.

Además, es inútil envidiar los dones y cualidades de otros. Cada humano nace con un don único que puede potenciar al infinito si no se perdiera el tiempo y la energía envidiando. Si la envidia domina, no se aprecian y desarrollan los dones propios. Se desdeña la importancia de entender, profundizar y desarrollar el propio potencial: el don de nacimiento.

El don de cada quien es tan variado como las personas: el don de la alegría, la inteligencia, la simpatía, el consejo, la amistad, la sabiduría, la cordialidad, la caridad, la intuición, la fortaleza, las finanzas, etc. Luego de desarrollado el don propio podemos aprender de los dones de las personas que admiramos.

La envidia es escupir para arriba. Hay que estar muy atentos y no dejar que la envidia se convierta en un “motor” importante de la existencia, ya sea personal, de una sociedad o de un país.

 “Así como la envidia destruye a la persona que la siente, igualmente termina destruyendo a la sociedad que la padece.”

“La envidia es como beber veneno y esperar que la otra persona muera”, dijo la escritora y actriz Carrie Fisher. La envidia colectiva ha destruido muchas sociedades en la historia y puede destruir muchas otras si por pura envidia se eligen sistemas de gobierno inadecuados o gobernantes no calificados, que prometen acabar con las personas, los adelantos, la riqueza o confort que el conjunto social envidia.

Recuerdo las veces que he sentido envidia, el mal sabor y sus malas consecuencias. Afortunadamente, mis años en Estados Unidos me permitieron aprender a transformar la envidia en admiración. La sociedad estadounidense enaltece el sentimiento de admiración, no la envidia. Se admira como verdaderos héroes a las personas exitosas y se les tiene como modelos. Con la admiración del colectivo, aparecen libros, series de televisión, películas, nombres de avenidas y museos, biografías y estatuas

Debemos estar muy atentos ante cualquier rasgo de envidia, propio o ajeno. Sobre todo ante los dirigentes empresariales, políticos, culturales, sociales o de cualquier índole que fomentan la envidia como método de dominación. No debemos sucumbir a nuestra propia envidia ni a la de terceros.

Pasemos al lado positivo transformando la envidia en admiración para beneficiar nuestro propio desarrollo y crecimiento. Lo digo por mi propia experiencia. Al bloquear la envidia y transformarla en admiración, nada detiene el proceso de crecimiento personal ni el de la sociedad. Y lo más importante, no habrá sitio para sistemas de gobierno inadecuados ni para los líderes dominados por la envidia y sus terribles consecuencias. La admiración es un ganar-ganar, personal y social.

 

(*) Jorge Neri es CEO del Grupo EIG Multimedia,  editor de Cambio16 y uno de #los100Latinos más comprometidos frente a la crisis climática.

 

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