Portada del libro ‘Menos es más’, editado en español por Capitán Swing.
LECTURA DEL MES

‘’La Sed’, un libro para entender históricamente los procesos de sequía en España

La recomendación de lectura ambiental  por Lourdes Uquillas.

En La Mancha se ubica la que históricamente los arqueólogos consideran la primera sociedad hidráulica del continente europeo y que sobrevivió a una megasequía de siglos, asegura Virginia Mendoza, periodista y antropóloga social y cultural, en ‘La Sed’, una historia que llega en un momento crítico de sequía en España.

En el libro se pueden encontrar respuestas para entender la crisis hídrica que sufre la península ibérica desde hace unos años y que ha puesto en riesgo de desertificación casi al 75 % del territorio.

«A la escasez de precipitaciones los de la España seca estamos ya acostumbrados, lo que pasa es que se nos olvida rápido. Ese es el germen de este libro y no quiero que se me olvide», subraya.

Porque en ‘La Sed’, que acaba de publicar la editorial Debate, la autora explica cómo en La Mancha la lluvia es escasa, aunque históricamente su riqueza hídrica ha estado bajo tierra, pero ahí está la que los arqueólogos apuntan como la primera sociedad hidráulica en el continente.

Esa sociedad nació en La Mancha y sobrevivió a una megasequía de siglos que, según quienes han estudiado algunos colapsos del pasado, pudo acabar o ser crucial en el colapso de varias de las primeras civilizaciones e incluso del primer imperio.

Hoy, por desgracia, asegura a EFE, esa riqueza ya no es tal, y la mayor evidencia está en las Tablas de Daimiel, una situación generada por la mano humana, «ya que los acuíferos no suelen alterarse de manera natural».

Mendoza sostiene que es necesario dar a la sed «la importancia que merece», tanto a nivel fisiológico, como a un nivel más amplio, como aborda en el libro, porque una persona muere mucho antes de sed que de hambre o sueño y porque los grandes cambios que han vivido nuestros antepasados desde los tiempos de la australopithecus Lucy han ido acompañados de una combinación de frío y aridez.

De hecho, explica, en un manual de prehistoria antigua, lo primero que se encuentra es que las principales características del Cuaternario son los cambios climáticos (ciclos de frío+aridez y ciclos de clima templado y húmedo) junto con la aparición del ser humano.

Durante ese proceso de hominización, los cambios más relevantes, ya sean anatómicos y metabólicos como culturales, cambios de dieta y grandes migraciones, curiosamente coinciden con la llegada o la finalización de fases de frío y aridez.

Porque la aridez ya detuvo ríos y desplazó personas y, al menos lo segundo lo seguirá haciendo, asegura a la pregunta sobre los migrantes climáticos.

Aunque hace una distinción entre quienes fueron desplazados para que un embalse inundara sus pueblos y quienes tienen que marchar en busca de tierras fértiles, «ambos me parece que comparten un dolor, una solastalgia que es muy parecida».

Por eso, «llama a ambos sitimigrantes», a pesar de que evidentemente no parten de la misma forma ni exactamente por la misma razón, pero en ambos casos son desplazados por la sed.

Sobre la adaptación de la dieta explica que históricamente el ser humano ha cambiado su dieta en función de lo que su entorno le permitía. Si una aridez extrema agotaba la vegetación, se recurría a la carne, a la pesca y al marisqueo.

Y al contrario: si la caza excesiva limitaba la posibilidad de comer carne, no había más remedio que optar por una alimentación de amplio espectro. Y si se iban los renos en busca de frío, pues se recurría al ciervo que iba a venir en busca de un clima templado y así iba a proliferar reduciendo de paso los desplazamientos de las personas.

«Quizá de nuestros antepasados también podamos aprender eso: cada vez que multiplicaban sus posibilidades dietéticas aseguraban, por un lado, que no se iba a agotar una de las vías y, por otro, aseguraban su propia supervivencia y la del grupo».

Hoy, aunque la mayoría no cacemos, tenemos ante nosotros una situación similar que pasa por hacer elecciones más conscientes y a menudo el poder adquisitivo entre en conflicto con esa decisión.

Al menos se puede reducir la carne, consumirla de ganadería extensiva o de proximidad, así como consumir productos de temporada y a poder ser acordes con la tierra en la que vivimos. Abusar de cultivos que necesitan cantidades ingentes de agua en tierras áridas y durante todo el año puede ser catastrófico, asegura Mendoza.

Lo que tiene claro es que como ciudadana no quiere irse de aquí dejando un planeta destrozado, «creo y quiero creer que hay alternativas, que encontraremos la forma de cambiar y adaptarnos como lo hemos hecho siempre».

Pero esa alternativa tiene que ser justa con el campo y evitar que se repita lo que ya ocurrió con los embalses, «que no por nada Pedro Arrojo (relator especial del derecho al agua y saneamiento de Naciones Unidas) lo llamó hidrocausto silencioso».

La búsqueda de alternativas no puede arruinar el campo ni expulsar a más gente, porque además de lanzar a esas personas a un precipicio, el abandono de la tierra acarrea más incendios y desertización. No concibo un cambio de modelo que no cuide a la gente del campo, concluye. EFEverde

 

 


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Fotografía de la encina de 400 años de Coripe (Sevilla). © Ayuntamiento de Coripe (Sevilla)
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