Durante las próximas dos semanas, las naciones del mundo se reunirán en la sede de Naciones Unidas en Nueva York para celebrar un nuevo Tratado excepcional que determinará el futuro de las dos terceras partes del océano mundial situadas fuera de la jurisdicción nacional de cualquier país – la Alta Mar.
El nuevo Tratado sobre la Alta Mar tiene por objetivo mejorar la protección y la gestión de la biodiversidad en la Alta Mar. Entre sus principales funciones figura establecer reservas marinas totalmente protegidas en las que la flora y la fauna marinas puedan prosperar sin las perturbaciones provocadas por la actividad industrial humana, así como reforzar de manera radical la evaluación y la gestión de las actividades humanas fuera de las zonas protegidas.
En los últimos años hemos presenciado como, en las conferencias internacionales sobre biodiversidad y cambio climático, los políticos y administradores declaraban con rotundidad que la sostenibilidad y la protección eran elementos clave para una acción mundial. Por ello, resultó alentador que, bajo el coliderazgo de la presidencia francesa de la UE, se creara recientemente una ‘Coalición de Alta Ambición‘ integrada por más de 40 países, a los que también se suma la UE. La coalición subrayó la importancia de concluir este año un Tratado sobre la Alta Mar ambicioso.
En marzo de 2021 insté a la UE a redoblar esfuerzos y llevar con éxito el Tratado hasta la línea de meta. Sin embargo, hasta la fecha, la ambiciosa retórica política no se ha convertido en acciones concretas en la Organización de las Naciones Unidas.
El Tratado sobre la Alta Mar constituye una ampliación del marco creado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), que entró en vigor hace casi 30 años. Desde entonces han surgido nuevas preocupaciones y actividades humanas que tienen efectos sobre la vida marina y que hacen necesaria la actualización de la gobernanza internacional del océano. Como siempre, el diablo está en los detalles técnicos y, a pesar de las declaraciones políticas en favor de un ambicioso cambio transformador, la UE sigue persiguiendo mejoras incrementales que se limitan a hacer pequeños ajustes a un statu quo que ha llevado el océano al borde del desastre.
El calendario de las negociaciones se ha visto afectado por la pandemia mundial y al océano se le está agotando el tiempo; sin embargo, UE aún está a tiempo de transformar la retórica política de alto nivel en resultados tangibles en la mesa de negociación. Esto demostraría a las nuevas generaciones que los responsables políticos actuales son realmente conscientes de lo mucho que está en juego y están dispuestos a introducir medidas correctivas significativas para el futuro.
La UE debe trabajar de forma colaborativa con los demás Estados con el objetivo de modernizar y reforzar las débiles normas que existen para evaluar y gestionar las actividades humanas en la Alta Mar.
Lamentablemente, en la práctica la UE se está quedando a la zaga respecto de la ambición que ha declarado para un Tratado que se suponía que ayudaría a alcanzar el objetivo de proteger al menos el 30% de los océanos de aquí al año 2030. Para garantizar una protección real en las aguas en lugar de solo sobre el papel, hay que dotar de “garras” al Tratado. Este debe tener la potestad de adoptar medidas de protección dentro de las futuras AMP en lugar de delegar en gran medida estas acciones a las disfuncionales organizaciones de gestión de los océanos existentes – como por ejemplo los organismos regionales de pesca – que son quienes, de hecho, han perpetuado la crisis oceánica actual. El Tratado también debería asegurarse de que las evaluaciones se llevan a cabo para todas las actividades humanas que causan más que un “efecto menor o transitorio” en aguas internacionales, independientemente del lugar donde se realiza la actividad, y encomendar la revisión de todas estas evaluaciones a un órgano científico independiente en virtud del Tratado con el fin de garantizar el mismo riguroso nivel de escrutinio en todo el océano.
Este tipo de detalles técnicos, pero enormemente importantes, son fundamentales a la hora de determinar si el Tratado sobre la Alta Mar acabará ayudando a restaurar el océano o se limitará a perpetuar la política de hacer como si no hubiera pasado nada.
Ha llegado la hora de que la UE reconsidere su posición sobre este y una serie de otros detalles del Tratado sobre la Alta Mar – para que no dejemos escapar esta oportunidad única en la vida de conseguir un efecto positivo duradero sobre la biodiversidad de nuestro océano. Nuestros gobiernos tienen que acompañar sus ambiciosas palabras de la correspondiente acción con el fin de hacer llegar a buen puerto en 2022 un Tratado sobre la Alta Mar ambicioso que realmente propicie el cambio transformador que tan desesperadamente necesita nuestro planeta.

(*) Isabella Lövin ha sido viceprimera ministra de Suecia y es ahora copresidenta de la coalición Friends of Ocean Action.
La 5ª ronda de negociaciones del Tratado de Naciones Unidas sobre la Alta Mar se celebra del 15 al 26 de agosto de 2022 en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.
Imagen principal: Ilustración de @visoor par la #viñetaverde en @efeverde
The EU should transform its political rhetoric into action to save ocean life
During the next two weeks, the nations of the world will gather in New York at the United Nations to conclude an exceptional new Treaty that will determine the future of two thirds of the world’s ocean that lies beyond the jurisdiction of any single country – the High Seas.
The new High Seas Treaty aims to improve protection and management of biodiversity on the High Seas. Amongst its key functions will be establishing fully protected marine reserves where ocean life can thrive undisturbed by human industrial activity, as well as dramatically strengthening the assessment and management of activities outside protected areas.
In recent years we have witnessed how politicians and administrators at international conferences on biodiversity and climate change boldly declare that sustainability and protection is key for global action. It was therefore encouraging that a ‘High Ambition Coalition‘ was recently formed by over 40 countries including the EU, jointly led by the French EU Presidency. The Coalition underlined the importance of concluding this year an ambitious High Seas Treaty.
In March 2021, I called on the EU to step up and get the Treaty over the finish line. But so far, the ambitious political rhetoric has not been matched by action at the United Nations.
The High Seas Treaty is an elaboration of the UN’s Law of the Sea Convention (UNCLOS) that came into effect almost 30 years ago. Since then, new concerns and human activities have emerged that impact ocean life, making it necessary to update international ocean governance. As ever, the devil is in the technical detail, and despite political statements in support of ambitious transformative change, the EU continues to pursue incremental improvements that tinker around the edges of the status quo, which has brought the ocean to the brink of disaster.
With the timeline of the negotiations impacted by the global pandemic, time is running out for the ocean but , there is still time for the EU to turn high level political rhetoric into tangible results at the negotiating table. This would demonstrate to the next generation that todays’ decision-makers understand what is at stake and are willing to take meaningful corrective action for the future.
The EU needs to work collaboratively with all States to modernize and strengthen the weak existing rules for assessing and managing human activities in the High Seas.
Unfortunately, the EU is falling behind on its stated ambition for the Treaty that would help meet the target of protecting at least 30% of the oceans by 2030. To ensure real protection on the water rather than only on paper, the Treaty must be given “teeth”. It needs to have the power to adopt protective measures within future MPAs, rather than largely delegating this to the dysfunctional ocean management organizations – such as regional fisheries bodies – that have perpetuated the current ocean crisis in the first place. The Treaty should also ensure that assessments are carried out for all human activities that cause more than a “minor or transitory effect” in international waters, regardless of where the activity takes place, and mandate the review of all these assessments by an independent scientific body under the Treaty, to ensure the same rigorous level of scrutiny across the ocean.
It is these kinds of technical, yet hugely important details, that are critical in determining whether the High Seas Treaty ends up helping to restore the ocean, or merely perpetuates business as usual.
Now is the time for the EU to reconsider its stand on these and a number of other crucial details of the High Seas Treaty – so we don’t miss this once-in-a-lifetime opportunity to make a lasting impact on the biodiversity of our ocean. Our governments need to match their ambitious words with action to deliver an ambitious High Seas Treaty in 2022 that truly embraces the transformative change our planet sorely needs.
(*) Isabella Lövin is former Deputy Prime Minister of Sweden and Co-Chair of Friends of Ocean Action
The 5th round of UN High Seas Treaty negotiations are taking place from 15-26 August, 2022 at the UN Headquarters in New York.
Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y EFEverde
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde





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