APA1511 SALZBURGO (AUSTRIA) 19.11.09 El jet privado del actor estadounidense Tom Cruise aparca a su llegada al aeropuerto de Salzburgo (Austria), el 19 de noviembre de 2009, para unirse al rodaje de la película 'Knight and Day', coprotagonizada junto a Cameron Díaz y dirigida por James Mangold. EFE/Barbara Gindl[.]
Fotografía de archivo de un jet privado. EFE/Barbara Gindl[.]
RESPONSABILIDAD AMBIENTAL

El 10% de los que más gastan causan daños ambientales de entre 1,5 y 5 billones de euros

Madrid.- Se sabe que el 10 por ciento más rico de la población mundial es responsable de al menos dos tercios del calentamiento global pero, según un nuevo estudio, su consumo no solo perjudica al clima, también causa daños ambientales de entre 1,5 y 5 billones de euros al año.

Estas cifras superan la financiación necesaria tanto para cumplir con el objetivo de financiación climática de la COP para 2035, fijada en 993.000 millones de dólares anuales (855.20 millones de euros), como para detener el declive de la biodiversidad hasta 2030, previsto en 657.000 millones de dólares (570.000 millones de euros).

Para hacer el estudio, publicado en Nature Communications Sustainability, investigadores de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y de la Universidad de Oxford (Reino Unido) analizaron al diez por ciento superior de los consumidores, es decir, la población con ingresos anuales superiores a 45.000 euros, y estimaron el daño que infligen en cuatro límites planetarios: cambio climático, pérdida de biodiversidad, contaminación por nutrientes y uso de agua dulce.

Según sus cálculos, seis de cada diez personas del 10 % más rico del mundo vive en Estados Unidos y la Unión Europea, regiones que tienen un impacto masivo y desproporcionado por su alta concentración de riqueza y consumo.

En Europa estos grandes consumidores son entre el 40 y el 45% de la población y en EE. UU. representan a más de la mitad de la población, frente a países tan grandes y poblados como India, que solo tienen al 2 % de este grupo, o Egipto que está entre los países con menos personas en este 10 %.

El estudio concluye que ese 10 por ciento de población causa daños ecológicos anuales de entre 1,7 y 5,7 billones de dólares (1,5 y 5 billones de euros), lo que significa que la factura de daños para cada persona de ese grupo es de 2.300 a 7.500 dólares, aunque en Estados Unidos, donde los impactos por persona son los más altos, la cifra se eleva a entre 19.000 y 63.000 dólares.

La investigación advierte de que la pérdida de biodiversidad es el factor que más contribuye a la factura total de daños globales (supone entre el 47 y el 56% del total), seguida del cambio climático (entre el 36 y el 45%), cifras que subrayan la urgente necesidad de abordar las crisis de biodiversidad y clima «de manera conjunta, en lugar de tratarlas como desafíos políticos independientes».

Cifras conservadoras

Los autores avisan de que estas cifras son conservadoras, ya que solo recogen cuatro de los nueve límites planetarios y reflejan únicamente el consumo directo (en el caso de las personas con mayores ingresos, casi la mitad de sus emisiones provienen de sus inversiones y no de su consumo personal).

«El 10 % superior es importante no solo porque causa la mayor parte del daño, sino también porque tiene la mayor capacidad de influencia para reducirlo.

El capital que invierten, desde las pensiones hasta las infraestructuras, decide qué industrias se expanden; las empresas que dirigen fijan las opciones para todos los demás, y los estilos de vida que llevan moldean lo que la gente considera normal», comenta el coautor del estudio Paul Behrens, de Oxford.

Por eso, esas personas tienen «una capacidad de acción desproporcionada, no solo individualmente como consumidores, sino también como inversores, empleadores, creadores de tendencias y moldeadores del mercado. Su poder para recortar las emisiones es incluso mayor que su cuota de participación en ellas».

Quien contamina paga

El estudio afirma que la magnitud de la factura de daños ilustra la recaudación potencial que se obtendría si se aplicaran los principios de «el que contamina paga» a los grupos de alto consumo.

Los investigadores señalan que la fiscalidad ambiental centrada en el consumo de lujo, en lugar de en los bienes básicos, tiende a ser más progresiva y eficaz para reducir las emisiones, aunque subrayan que la fijación de precios es solo una herramienta entre varias y no justifica ni compensa el daño en sí mismo.

«Aunque me resulta incómodo ponerle precio al medio ambiente, ya que el verdadero valor de la naturaleza es infinito, mostrar el daño total en términos monetarios permite ver tanto la magnitud de los daños como la responsabilidad del 10% superior», explica la autora principal, Inge Schrijver, de Leiden.

«La factura de los daños es superior al dinero que se necesita a nivel internacional para los fondos destinados al clima y la biodiversidad. Si el que contamina paga y ese dinero se destina a soluciones, se lograría una enorme diferencia. Pero no se trata solo de dinero. Lo más importante es que hay que prevenir el daño. Más allá de las medidas financieras, las normas y regulaciones más estrictas son cruciales», concluye la investigadora. EFE Verde

ecg/crf

Los ultrarricos acumulan una factura climática de un billón de dólares al año, según Greenpeace

 

 


 

Imagen de Redacción EFE Verde

Redacción EFE Verde

Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE.