Julia Rodríguez
Madrid.- La presencia de carabelas portuguesas en las costas españolas podría convertirse en un fenómeno cada vez más habitual debido a los cambios en los patrones de viento asociados al calentamiento global, aunque la comunidad científica todavía trabaja para demostrar de forma concluyente esa relación.
Así lo explica el científico titular del Centro Oceanográfico de Gijón del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), Fernando González Taboada, quien insiste en que insisten múltiples indicios que demuestran que el cambio climático ya ha alterado de manera importante las condiciones en el golfo de Vizcaya.
Desde hace varios veranos, playas del mar Cantábrico, el litoral atlántico e incluso algunos puntos del Mediterráneo registran la llegada de estos organismos marinos, cuya presencia ha obligado al cierre temporal de arenales y ha provocado varias asistencias sanitarias por dolorosas picaduras.
Una confusión frecuente
Uno de los errores más habituales, según González Taboada, es considerar a la carabela portuguesa como una medusa. En realidad, se trata de un sifonóforo, un organismo colonial formado por individuos especializados que desempeñan funciones distintas, como la alimentación, la reproducción o la defensa.
«La gente la suele confundir con una medusa, pero en realidad es un sifonóforo» ha explicado el investigador.
A diferencia de las medusas, que se desplazan bajo el agua mediante el movimiento de su campana, la carabela portuguesa navega impulsada por el viento gracias a un flotador lleno de gas con forma de vela que sobresale de la superficie del mar. Bajo él cuelgan largos tentáculos destinados a capturar alimento.
Esos tentáculos pueden alcanzar hasta diez metros de longitud y contienen una potente neurotoxina capaz de provocar picaduras muy dolorosas que, en personas con patologías previas o reacciones alérgicas, pueden derivar en cuadros graves.

Más ejemplares y durante más tiempo
Aunque la especie es habitual en aguas tropicales y subtropicales y lleva décadas presente en Canarias, el investigador asegura que lo realmente novedoso no es su aparición en la Península, sino la frecuencia con la que está ocurriendo.
«Frente a su presencia esporádica, en los últimos años están apareciendo densidades nunca vistas durante un periodo más prolongado, y en una serie que a dura más de cuatro años», ha señalado
Según ha explicado, el equipo del Centro Oceanográfico de Gijón lleva tres años realizando un seguimiento detallado y ha comprobado que las carabelas llegan antes que en temporadas anteriores y permanecen más tiempo cerca de la costa.
La influencia del cambio climático
Para González Taboada, la explicación más probable está relacionada con la modificación de los patrones atmosféricos.
«Los vientos que favorecen que la carabela entre en el golfo de Vizcaya son cada vez más frecuentes debido a queel anticiclón de las Azores se está desplazando hacia el norte», ha explicado.
No obstante, el investigador insiste en la prudencia científica.
«Demostrar que el cambio climático exigen un análisis muy riguroso», ha afirmado, ya que los científicos solo pueden trabajar con evidencias observacionales y modelos que apuntan hacia una misma dirección, entre ellas el aumento de la temperatura del mar, los cambio en la circulación atmosférica y la aparición de otras especies de afinidad tropical en latitudes cada vez más septentrionales.
Predecir dónde aparecerán
Además de estudiar la biología de la especie, el IEO-CSIC trabaja, junto con la Universidad de Oviedo y el Bioparc Acuario de Gijón, en el diseño de herramientas que permitan anticipar la llegada de carabelas portuguesas a las playas.
El investigador ha explicado que, analizando los patrones de viento y la orientación de la costa, es posible estimar qué playas tienen mayor probabilidad de recibir estos organismos, una información que puede resultar muy útil para los servicios de salvamento y protección civil.
Cómo actuar si aparece una carabela
González Taboada considera que consultar el estado de la mar antes de acudir a la playa debería convertirse en una rutina, igual que revisar la previsión meteorológica.
«Hay que empezar a pensar que, igual que uno mira el tiempo antes de ir a la playa, también debería consultar si existe algún problema o si hay que tomar alguna precaución», ha señalado.
En caso de encontrar una carabela portuguesa, la recomendación es clara: no tocarla y avisar inmediatamente al personal de salvamento.
«Sobre todo, hay que tener mucho cuidado con los niños y las mascotas, porque les llama mucho la atención y pueden intentar cogerla», ha advertido.
Convivir con un fenómeno que podría repetirse
Aunque el científico reconoce que todavía no es posible asegurar cómo evolucionará la presencia de la especie en los próximos años, considera probable que continúe apareciendo en las costas españolas.
«Todo apunta a que podría seguir apareciendo y que su presencia podría hacerse crónica», ha afirmado, aunque defiende que la investigación, la mejora de los sistemas de predicción y la colaboración entre científicos, administraciones y ciudadanía permitirán reducir el impacto de este fenómeno y aprender a convivir con él.
jra/mnc
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