CRISIS CLIMÁTICA

La lucha para que los humedales sean considerados "carbono azul"

Publicado por: efeverde 24 de noviembre, 2022 Madrid

Entre las soluciones a la crisis climática van cobrando protagonismo los sumideros naturales de carbono, pero hay algunos ecosistemas, como los humedales mediterrráneos, que todavía quedan relegados a un segundo plano en las políticas internacionales.

Así lo defiende la especialista Vanessa Sánchez, coordinadora del proyecto europeo LIFE Wetlands4Climate desde la Fundación Global Nature.

Ley de Restauración de Naturaleza

La propuesta de Ley de Restauración de Naturaleza en la que trabaja actualmente el Parlamento Europeo dará prioridad a los ecosistemas fijadores de carbono, a fin de conservar lo mejor posible aquellos enclaves que puedan ser aliados para retener el calentamiento global por debajo del 1,5 ºC en 2100, como recomienda la comunidad científica.

En esta apuesta por las soluciones basadas en la naturaleza, una categoría, el carbono azul, cobra cada vez más peso, dada la capacidad de los ecosistemas acuáticos de fijar carbono.

Los océanos, por ejemplo, absorben cerca del 90 % del exceso de calor del planeta, y el 25 % de las emisiones de CO2.

Ahora el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) baraja la posibilidad de incluir los humedales dentro de la definición de “carbono azul”, que hasta ahora sólo alude a las praderas marinas, las marismas y los sistemas intermareales.

Como el IPCC asienta el glosario sobre el que se basan muchas políticas climáticas y de conservación a nivel internacional, este cambio podría ser muy importante para favorecer los humedales mediterráneos, que pese a su potencial para retener gases de efecto invernadero no han tenido la protección necesaria para evitar su degradación, argumentan desde Fundación Global Nature.

"Blue carbon"

En teoría, el término “blue carbon” se refiere a “todos los flujos de carbono de gases de efecto invernadero que suceden en ecosistemas acuáticos”, es decir, a “cómo se mueve el carbono en esos ecosistemas y se va acumulando ya en la biomasa o en los sedimentos”, explica Sánchez.

“En los humedales, el comportamiento del balance de carbono es muy similar a estos ecosistemas acuáticos con una elevada productividad primaria y una elevada acumulación de carbono en el sedimento”, arguye, para recalcar que, por tanto, deberían caer bajo la categoría de “carbono azul”.

Pero a día de hoy los humedales ni siquiera forman parte de, por ejemplo, los inventarios nacionales de emisiones que los Estados miembro de la UE están obligados a realizar, lamenta Sánchez.

La desproteción histórica de estos ecosistemas los ha llevado a un nivel de degradación que ahora se busca revertir, según anunció el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en febrero, cuando presentó el Plan Estratégico de Humedales.

Aunque España tiene un rico patrimonio de estos ecosistemas, se estima que casi la mitad están alterados o muy alterados.

A nivel mundial, más de la mitad de los humedales del mundo han desaparecido desde 1900 a causa de la agricultura, el urbanismo y otras actividades humanas que transformaron el uso del suelo.

Casi la mitad de los humedales en España, alterados o muy alterados

En este país, muchos fueron desecados en las décadas de 1950 y 1960 para, en el caso de los humedales mediterráneos, pasar a tener usos agrarios, advierte Sánchez, que recuerda que desde el año 1970 en torno al 60% de los humedales españoles han desaparecido.

Parte del motivo es que en el pasado no se concebían como ecosistemas de prioritaria conservación e incluso “se pensaba que albergaban enfermedades como paludismo o malaria”, arguye la experta.

Ahora se sabe que pueden ser clave en la lucha contra el cambio climático, dada su capacidad para fijar carbono, mayor incluso que la de un bosque tropical.

“La cantidad de CO2 que se acumula en el sedimento en un corto plazo es “muchísimo más elevada en un humedal”, aduce Sánchez.

Sin embargo, también pueden jugar un papel en contra de la acción climática pues, cuando no están bien gestionados, son importantes emisores de gases de efecto invernadero como el metano, que en un periodo de 20 años es 80 veces más potente que el CO2.

“Si están alterados por cualquier causa -porque se haya modificado su dinámica hidrológica o porque estén eutrofizados porque reciben contaminación de nitratos y fosfatos, por ejemplo, de la actividad agraria-, en ese caso ya no son fijadores sino que empiezan a convertirse en emisores de gases de efecto invernadero”, advierte la experta.

Por eso, Sánchez defiende que es todavía más urgente preservar estos entornos, e insiste en que incluirlos en la categoría de carbono azul podría favorecer su protección al impulsar proyectos de compensación de CO2 y políticas de conservación. EFEverde

 

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