El mundo de la conservación de la biodiversidad acaba de perder a la canadiense Biruté Galdikas, una de las figuras más importantes en la protección de los orangutanes, fallecida el martes a los 79 años en Los Ángeles (California).
Galdikas formaba parte del trío de primatólogas conocido como «Los Ángeles de Leakey» o «Trimates», junto a Joan Goodall y Dian Fossey, fallecidas en 2025 y 1985, respectivamente.
Las tres mujeres recibieron el apodo de «Los Ángeles de Leakey» porque el paleantropólogo británico Louis Leakey las envió a estudiar primates en sus hábitats naturales: Goodall se centró en chimpancés, Fossey en gorilas y Galdikas en orangutanes.

Los humanos somos uno con la naturaleza
Considerada una de la mayores expertas del mundo en orangutanes, Galdikas, fundadora de la Fundación Internacional Orangután, dedicó casi 55 años de su vida a investigar y proteger a estos primates y su hábitat en la selva tropical.
Desde la fundación, han recordado que inspiró a millones de personas con su mensaje de que «los seres humanos somos uno con la naturaleza y debemos proteger el mundo natural para nuestra propia supervivencia».
Galdikas inició su estudio longitudinal de los orangutanes de Borneo en 1971 en el Campamento Leakey, al que dio nombre en honor a su mentor, en lo que hoy es el Parque Nacional Tanjung Puting, en Kalimantan Central (Borneo indonesio). Su investigación sobre el comportamiento y la ecología constituyó el estudio individual más largo realizado hasta la fecha sobre una sola especie.
Sus descubrimientos iniciales, que incluyen la documentación de la gran variedad de frutas y vegetación que consumen los orangutanes salvajes, la observación de su excepcional intervalo entre partos y la elucidación de su comportamiento social y sus patrones de actividad diaria, constituyen la base del conocimiento mundial sobre los orangutanes y su lugar único en el árbol de la vida, han apuntado desde la fundación.

Hermanos naranjas
Desde Proyecto Gran Simio, del que Galdikas era presidenta de Honor, han señalado que deja vacío inmenso y que con su muerte se apaga una vida entregada sin descanso a la selva, a sus habitantes y, especialmente, a esos seres extraordinarios a los que ella llamaba con amor sus “hermanos naranjas”.
«No fue solo una científica. Fue una mujer valiente, comprometida hasta el último día, que decidió alejarse del reconocimiento mediático para permanecer donde más la necesitaban: en el corazón de la selva de Borneo, defendiendo a los orangutanes de la destrucción de su hogar, de la expansión implacable de las plantaciones de aceite de palma y del olvido del mundo», ha dicho el presidente de Proyecto Gran Simio, Pedro Pozas.
«Galdikas ha sido una de las almas más puras y comprometidas que he conocido. Mientras muchos hablaban, ella actuaba. Mientras el mundo miraba hacia otro lado, ella permanecía en la selva, defendiendo la vida. No buscó reconocimiento, buscó justicia para los orangutanes», ha afirmado.
Al pésame por la muete de Galdikas, se han sumado también organizaciones como la Fundación Animals Guardians y el Corredor Biológico Mundial. EFEverde
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