Por Carol Portabella, presidenta de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco en España (FPA2E).- Si queremos seguir habitando este planeta, debemos cambiar nuestra relación con el Océano y convertirnos en su aliado.
Capaz de suministrarnos el 50% del oxígeno que respiramos, lo mismo que las masas vegetales terrestres, gracias al fitoplancton y con la irremplazable colaboración de las ballenas, y capaz de absorber el 30% del dióxido de carbono que producimos, el Océano juega un papel determinante en el equilibrio medioambiental y en la regulación del clima pero también, como fuente de proteína de tres mil millones de personas.
Con sus 360 millones de km2 ocupa el 71% de la superficie de nuestro planeta, un espacio mayor que todos los continentes juntos. Con menos del 10% explorado y menos del 20% cartografiado, sabemos que alberga más de 230.000 especies conocidas, de las cuales el 10% está en peligro de extinción y se calcula que otros 2 millones de especies por descubrir, mayormente en sus profundidades, que alcanzan los 4.000 metros.
Se trata pues, de cambiar la corriente y aliarnos con este gigante, para dejar de expoliarlo y contaminarlo, y pasar a protegerlo y conservarlo, y empezar a convivir de forma sostenible. Éste podría ser el mensaje que nos traslada el reciente acuerdo para el Tratado de Alta Mar, o «Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar sobre la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional».
Es en 2004 cuando se crea el grupo Biodiversity Beyond National Jurisdiction (BBNJ) para abordar los problemas de conservación marina, emprendiendo así un recorrido transformador que irá generando a lo largo de 17 años nuevas iniciativas y acuerdos bajo el seno de Naciones Unidas, para culminar este mes de marzo de 2023 con la presentación del borrador del Tratado de Alta Mar, acordado formalmente por más de un centenar de miembros de Naciones Unidas.
Y es que el 60% de la inmensidad del Océano, y el 45% de la superficie de la Tierra, casi la mitad, no pertenece a ningún país, ni está protegido por ninguna ley. Es el territorio marítimo que empieza más allá de las zonas económicas exclusivas (ZEE) donde el país costero tiene jurisdicción y se extiende a lo largo de 200 millas náuticas (370 km). A partir de ahí empiezan las aguas internacionales, que cubren más de 230 millones de kilómetros, una superficie superior a la de todos los continentes juntos.
Se trata de una inmensidad inexplorada, donde hasta ahora solo el 1,2% está protegido y donde entre las 5 islas de basura flotante, habitan ballenas, cachalotes, tiburones, tortugas, atunes, albatros y corales, entre muchas otras especies conocidas y desconocidas. La montaña más alta del planeta, la Mauna Kea, de 10.230 metros de altura y con solo 4.170 por encima del nivel del mar, comparte el fondo marino con cordilleras, fosas, respiradores hidrotermales, el organismo vivo más antiguo del mundo, un coral de 8.500 años de antigüedad, y con criaturas abismales.
Tras 5 rondas de negociaciones que han durado 5 años, el Tratado ha considerado los principales retos para la correcta conservación y uso de los recursos de la Alta Mar, priorizando la protección del medio ambiente y la biodiversidad marina, estableciendo herramientas de gestión para las nuevas áreas marinas protegidas, así como el reparto justo de los beneficios científicos o comerciales, compartiendo los beneficios de los recursos genéticos marinos, apoyo a la formación y transferencia de tecnología, realización de informes de impacto ambiental para las actividades que puedan generarlos, junto con la creación de un organismo de control. Este marco legal impedirá también la práctica de actividades ilegales como la piratería, la pesca descontrolada, el vertido de contaminantes y otras actividades que ponen en peligro el futuro de la Alta Mar y por lo tanto del Océano, y de nuestra especie.
Parece que por fin, las corrientes están cambiando y que nos dirigimos hacia un modelo de desarrollo y convivencia más justo y más sostenible, en el que cohabitaremos en equilibrio con las demás especies del planeta Tierra, sin agotar los recursos que ésta nos ofrece.
Ahora solo falta que al menos 60 países ratifiquen y adopten el tratado, durante la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, que tendrá lugar en junio de 2025 en Niza, Francia.
(*) Carol Portabella es Presidenta de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco en España
Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y de EFEverde
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