Madrid.- Aunque a primera vista un río sin agua parezca un ecosistema sin vida, bajo las piedras, entre los sedimentos o en las pozas que conservan agua, hay una intensa actividad biológica. Comprender esa biodiversidad oculta es el objetivo de DRY-Guadalmed.
El proyecto, liderado por la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Barcelona y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA-La Ràpita), busca transformar la forma en que se evalúa el estado ecológico de los ríos mediterráneos durante su fase seca.
Durante décadas, la evaluación ambiental de los ríos se ha realizado cuando tienen agua pero para los ríos temporales mediterráneos que alternan periodos de agua con fases secas, esto es insuficiente.
«Un río seco no es un río muerto», destaca la investigadora de la UB, Núria Bonada, es un ecosistema que sigue funcionando y que «deja de ser un ecosistema acuático para convertirse en un ecosistema terrestre también muy dinámico».
Cuando desaparece el agua corriente, muchas especies encuentran estrategias para sobrevivir. Algunas acuáticas permanecen enterradas en sedimentos húmedos, otras se refugian en las pozas agua, y numerosas especies terrestres colonizan el cauce seco desde los hábitats terrestres adyacentes como riberas y laderas.
«El resultado es un ecosistema que, lejos de detenerse, cambia de funcionamiento y continúa desempeñando un papel fundamental para la biodiversidad”, explica María Mar Sánchez Montoya, investigadora de la UCM.
Y es que esta alternancia entre fases húmedas y secas convierte a los ríos temporales en sistemas extraordinariamente dinámicos que además de albergar una biodiversidad especializada, funcionan como corredores ecológicos tanto para especies acuáticas como terrestres y proporcionan refugio a numerosas especies de fauna a través de las pozas desconectadas que actúan como entornos esenciales para la conservación de la diversidad biológica en paisajes mediterráneos.
Nuevas herramientas
Uno de los principales retos que afronta el proyecto es que las metodologías actuales fueron diseñadas para cursos de agua permanentes, por lo que estas herramientas ofrecen resultados poco fiables cuando se aplican a ríos cuyo funcionamiento natural incluye largos periodos sin agua.
Para responder a ese desafío, DRY-Guadalmed estudia distintos bioindicadores tanto en las pozas aisladas como en los cauces secos y analiza comunidades de macroinvertebrados, diatomeas, vegetación e invertebrados terrestres para obtener una visión más precisa del estado ecológico de estos ecosistemas.
El trabajo se aborda desde el concepto de metacomunidad, una perspectiva que permite comprender mejor la dinámica natural de estos sistemas y mejorar las herramientas de seguimiento ambiental.
«En lugar de estudiar cada punto del río de manera aislada, se analiza cómo las especies se desplazan, desaparecen y recolonizan distintas zonas conforme el río pasa de la fase húmeda a la seca y vuelve a recuperar el caudal”, explica Nuria Cid, investigadora del IRTA-La Rápita.
Un laboratorio natural
Los ríos temporales son especialmente abundantes en las regiones mediterráneas pero el cambio climático está modificando su dinámica, aumentando los periodos sin agua y elevando la frecuencia de episodios extremos como las inundaciones.
En este contexto, los ríos temporales mediterráneos se convierten en un laboratorio natural para comprender cómo podrían evolucionar otros ecosistemas fluviales europeos y de otras áreas geográficas que presentan una importante proporción de ríos temporales.
Mientras que la fauna y la flora mediterráneas llevan millones de años adaptándose a estos ciclos de sequía, en otras regiones de Europa esos cambios podrían tener consecuencias mucho más profundas para la biodiversidad.
Por ello, conocer cómo funcionan estos ecosistemas permitirá diseñar mejores estrategias de conservación y adaptar la gestión del agua a un escenario marcado por fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
Resultados que apuntan nuevas soluciones
Uno de los hallazgos que más ha sorprendido al equipo ha sido la enorme diversidad existente entre las pozas distribuidas por toda España.
Algunas funcionan prácticamente como pequeñas lagunas y alojan especies que no aparecen en otras zonas, lo que demuestra la extraordinaria complejidad de estos ecosistemas.
En el caso de las diatomeas, el equipo ha comprobado que los métodos actuales se pueden adaptar para evaluar con mayor precisión las pozas aisladas. EFE Verde
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