De origen dominicano, Zapata se instaló en la isla de Lanzarote (Canarias) hace diez años y, tras naturalizarse, encontró la vida mejor que venía buscando a través de la gimnasia rítmica, actividad para la que fue descubierto por Gervasio Deferr, único medallista olímpico español hasta el momento en este deporte.
El propio Deferr fue el encargado de entrenarle para el Mundial de Glasgow (Reino Unido), donde logró medalla de bronce en la categoría de suelo y se clasificó para los Juegos de Río.
«Cuando era pequeño me subía a todos los árboles habidos y por haber” pero ahora dispone de poco tiempo debido a su plan de ejercicios en la residencia deportiva madrileña Joaquín Blume.
A pesar de ello afirma disfrutar «mucho» de breves escapadas para «respirar un poco» como la del fin de semana pasado cuando «estuvimos en Segovia, en la casa de mi entrenador y dimos un paseo por el bosque lleno de nieve…, nunca había visto tanta nieve, así que me hizo mucha ilusión».
Zapata ha practicado otros deportes en contacto con el medio natural como la escalada, el surf y varias modalidades de carrera, desde el atletismo hasta el cross o campo a través, y es aficionado al mar pues «si pudiera, viviría en la playa».
Comparando las distintas etapas de su vida, afirma que Europa en general y España en particular protegen mucho más el medio ambiente que la República Dominicana, donde en los últimos años se «ha incrementado el abuso de la naturaleza, por ejemplo construyendo sin control sobre espacios silvestres».
Amante de los animales, «ahora no puedo tenerlos porque en la residencia no nos permiten disponer de mascotas, pero he tenido de todo: perros, gatos, pollos, patos, burros, caballos…, de todo».




