Imagen del documental 'The Last Tourist' cedida por la organización del Another Way Film Festival.

CRISIS CLIMÁTICA

Tyson Sadler (director de 'The Last Tourist'): para reducir su impacto climático y social hay que viajar menos y quedarse más tiempo en el destino

Publicado por: efeverde 24 de octubre, 2022 Madrid

Marta Montojo.- EFEverde.- Viajar tiene un impacto climático y socioambiental inevitable, y así, para detener el calentamiento y evitar también el "neocolonialismo" que supone el turismo sería necesario “viajar menos y quedarse más tiempo en cada sitio”, defiende a EFE el cineasta Tyson Sadler.

El director de ‘The Last Tourist’, documental proyectado en el Another Way Film Festival de Madrid, expone en esta cinta la "verdad incómoda" de los viajes, una actividad que, denuncia Sadler, es un lujo reservado para las poblaciones ricas a costa de los países con las tasas más altas de pobreza, que son los principales destinos turísticos. 

Así, "el turismo es una forma de neocolonialismo", sentencia el director en videollamada desde Vancouver (Canadá), quien además de reconocer la huella ambiental que acarrea desplazarse y aprovechar los recursos de otros países -por ejemplo, en hoteles que son agujeros de consumo-, plasma en su película las consecuencias sociales de recorrer el mundo.

En un momento en que viajar se vuelve más accesible que nunca gracias a los vuelos 'low cost', y en que las redes sociales alimentan el ansia por pisar otros lugares “por la foto”, ‘The Last Tourist’ aspira a generar conciencia para enterrar al “turista” y dar lugar al “viajero”, cuya visita esté sujeta a las normas de los residentes, y no al revés.

Según establece la película, viajar debería funcionar como un intercambio en el que ambas partes reciben algo positivo: cada una se nutre de la experiencia y visión de la otra.

Sin embargo, el turista estándar no favorece esa aportación, ni cultural -pues "se ha perdido" la interacción con la población local de los sitios que se visitan- ni tampoco en términos económicos: sólo un 14 % de cada dólar que se gasta en el destino se queda allí.

Voces como la de la etóloga británica Jane Goodall y otros especialistas ambientales y del sector turístico nutren el largometraje de reflexiones y datos que invitan a rechazar la idea mercantilizada del viaje, y a cuestionarse si los turistas aceptarían en sus lugares de origen lo que ven hacer en los destinos, donde a menudo se va para “desconectar”.

El problema, incide el filme, es que con esas “vacaciones de la realidad” convive una realidad en el destino, que estaba antes de que llegara el turista y que continuará tras su partida, en muchos casos, afectada negativamente por la degradación ambiental.

El documental refleja la explotación y el tráfico animal que fomentan atracciones turísticas pensadas para personas que, paradójicamente, “aman la naturaleza”, y que buscan vivir experiencias demasiado cerca de animales salvajes, lo que suele implicar domesticar a esas especies y deriva en casos de maltrato, como revela el ejemplo de los elefantes asiáticos.

También saca los colores al “volunturismo”, pues aunque la mayoría de voluntarios se desplacen con la mejor de las intenciones, en la práctica esta actividad que mueve cerca de 2.000 millones de dólares anuales ha propiciado la proliferación de orfanatos, que se han llenado de niños con padres -separados de sus familias- en países como Kenia. 

En esos centros que reciben constantes visitas de voluntarios que enseñan -a veces sin preparación ninguna- o acompañan a los huérfanos, ‘The Last Tourist’ arguye que éstos se convierten en un producto no muy distinto al de los animales de zoológicos.

Pese a mostrar en su documental varios ejemplos de turismo más responsable, Sadler dice rechazar las etiquetas de "sostenible" que se publicitan con determinados tipos de viajes, pues reconoce que de cualquier manera viajar tiene un coste socioambiental y climático inevitable.

 

Poner freno a la industria turística

Sin embargo, asumiendo que, según las proyecciones de la Organización Mundial del Turismo, "los viajes no tenderán a reducirse sino a dispararse en las próximas décadas", el cineasta aboga por fijar un máximo de visitantes anuales para cada lugar y sortear los permisos entre quienes los solicitan, como ya hacen algunos parques nacionales en Estados Unidos.

De esta manera, argumenta, se aliviaría la presión turística sin que el criterio para elegir quién viaja sea necesariamente la clase social.

El documental deja no obstante muchas cuestiones fuera que a Sadler le gustaría abordar en una serie documental: la gentrificación en las ciudades -el conocido "efecto Venecia" que encarece la vivienda y nivel de vida a causa del fenómeno Airbnb–, la explotación laboral ligada al turismo sexual de algunos países asiáticos o el impacto climático de viajar. EFEverde

 

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