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Recurso de archivo. EFE/Eliseo Trigo

INCENDIOS FORESTALES

Voluntarios: una pieza clave para minimizar los daños de un incendio forestal

Publicado por: generico 17 de diciembre, 2021 Madrid

Elena Camacho.- EFEverde.- En octubre de 2017, una ola de 146 fuegos provocados desató la tormenta perfecta en Galicia: Esos incendios, sumados a las altas temperaturas, la sequía y a las fuertes rachas de viento del huracán Ofelia, arrasaron decenas de miles de hectáreas de bosque y acabaron con la vida de cuatro personas.

Y eso solo en Galicia. En Portugal hubo más de 40 muertos.

Como en otros desastres, como el del Prestige, la sociedad gallega se volcó para intentar minimizar los daños ocasionados por el fuego. Y surgió la asociación 'A Rente do Chan', formada por ciudadanos, científicos y ambientalistas del concello de Ponte Caldelas (Pontevedra) con el objetivo de recuperar el entorno cuanto antes.

Erosión del suelo

Y es que cuando se produce un incendio, la cobertura vegetal y el mantillo se pierden, lo que deja al suelo completamente desprotegido y expuesto a la erosión de las gotas de lluvia y la escorrentía de las precipitaciones, especialmente en lugares como Galicia.

Recuperar los suelos después de un incendio lleva años pero es una labor urgente, no solo para recuperar el ecosistema, sino también para prevenir futuros incendios.

Con ese objetivo, el especialista en erosión del suelo de la Universidad de Évora (Portugal) Sergio Prats y el concello de Ponte Caldelas pusieron en marcha una iniciativa para cubrir la superficie quemada con material orgánico, una técnica conocida como 'mulching' que consiste en distribuir paja o cualquier otro residuo orgánico fibroso sobre el suelo quemado.

La asociación A Rente do Chan no solo coordinó la acción con cientos de voluntarios que repartieron la cobertura en las zonas más sensibles, sino que decidió hacer un seguimiento científico de la estrategia para evaluar hasta qué punto la iniciativa era efectiva para proteger el suelo del bosque.

Ahora, cuatro año después del desastre, Sergio Prats, junto al ingeniero forestal del CSIC Rafael Zas y varios miembros de la asociación A Rente do Chan han publicado los resultados de aquella iniciativa en la revista Science of the Total Environment.

Los resultados no dan lugar a duda: el mulching aplicado por los voluntarios en las zonas sensibles redujo la erosión del suelo hasta en un 90% respecto a las no tratadas.

En los lugares en los que no se hizo nada, los autores midieron pérdidas de suelo de hasta 27 toneladas por hectárea. "Si multiplicamos esta cifra por la superficie sensible en el Concello de Ponte Caldelas, la cantidad que sale es para echarse a temblar" explica Sergio Prats, autor principal del estudio.

"Sólo hay que pensar que un tráiler de los grandes normalmente carga sobre 20 o 25 toneladas. Esto quiere decir que, si no se aplican medidas de protección de forma urgente, las pérdidas de suelo equivaldrían a miles de tráilers cargando suelo en el Concello y llevándoselo aguas abajo. Da vértigo", añade Zas.

Ayuda de los voluntarios

Pero para los autores, el resultado más relevante del estudio es que ha demostrado que la ayuda de los voluntarios pueden ser crucial para mitigar el devastador impacto de fuego forestal, y eso es importante porque, por lo general, la Administración suele ser "reacia" a fomentar la colaboración de la ciudadanía en aspectos técnicos como éste.

"Bien sea por recelo técnico, o bien por dudas sobre el balance entre el beneficio y los daños de actuaciones masivas de voluntariado en zonas sensibles, en general se percibe cierta reticencia por parte de la Administración a las acciones de voluntariado", comenta Prats.

Sin embargo, los resultados de este estudio demuestran el gran potencial que tienen las actividades de voluntariado para mitigar la degradación ambiental después de un incendio, y "para nosotros esa es la mejor forma de agradecer tanta ayuda altruista", destacan los autores del trabajo.

Los investigadores también analizaron la siembra de bellotas de caraballos, un método para acelerar la recuperación de cubierta vegetal nativa que no suele emplearse por su baja tasa de éxito y porque, al menos de forma inmediata, no ayuda a regenerar el suelo.

El estudio concluye que la tasa de supervivencia de las bellotas sembradas al final del período de estudio (dos años tras el incendio) fue muy baja, tan sólo del 2% y que las pérdidas se debieron mayoritariamente a la predación de bellotas por parte de pequeños roedores.

En cualquier caso, el éxito de la siembra fue mejor en las zonas tratadas con 'mulching' y " aunque la tasa de éxito sea baja, la siembra de bellotas no debería desaconsejarse de forma tan tajante, al menos en zonas donde se prevean dificultades para la regeneración natural de la vegetación autóctona", concluye Zas. EFEverde