Murcia.- Abandonar de forma abrupta los suelos agrícolas del Campo de Cartagena supondrá un gran riesgo ambiental para el mar Menor, según un trabajo de investigación presentado este jueves en Murcia por agroingenieros del Mar Menor.
El informe, titulado «Influencia de las políticas públicas basadas en el abandono de tierras de cultivo en la dinámica de los nutrientes en el Campo de Cartagena», demuestra que aumentan las concentraciones de nitratos en el acuífero si se abandonan los terrenos de cultivo.
Tras analizar suelos cultivados y suelos abandonados en distintas zonas de la cuenca, los autores comprobaron que las parcelas sin cultivo mantienen concentraciones elevadas de nitrato.
Además, la ausencia de vegetación reduce la capacidad de absorción de este nutriente, permitiendo que el nitrato generado por la mineralización de la materia orgánica permanezca libre en el suelo y quede expuesto a ser arrastrado por las lluvias.
El informe destaca que convertir suelos fértiles de regadío en superficies desnudas o barbechos permanentes no ha contribuido a reducir las concentraciones de nitrato en las aguas subterráneas.
Por el contrario, los datos obtenidos muestran que, tras episodios de lluvia intensa, se producen importantes pérdidas de nitrato desde las capas superficiales del suelo hacia horizontes más profundos, evidenciando procesos de lixiviación.
Los autores concluyen que el abandono agrícola no elimina el riesgo de contaminación, sino que desacopla en el tiempo la producción y absorción de nitrógeno, aumentando la fracción potencialmente lixiviable.
En consecuencia, la falta de cobertura vegetal y de cultivos capaces de captar nutrientes puede favorecer el transporte de nitratos hacia las masas de agua conectadas con el Mar Menor.
En concreto, los análisis realizados en las zonas agrícolas abandonadas del Campo de Cartagena muestran concentraciones elevadas de nitrato en el suelo pese a llevar más de cinco años sin fertilización.
En la franja situada a menos de 500 metros del Mar Menor se registraron 145,6 microgramos de nitrato por kilogramo en los primeros 20 centímetros de suelo antes de las lluvias, reduciéndose posteriormente a 23,2 microgramos, lo que supone una pérdida del 84 por ciento por lixiviación.
Simultáneamente, el nitrato aumentó en profundidad, evidenciando el desplazamiento de nutrientes hacia capas inferiores y reforzando el riesgo de transferencia de nitratos a las aguas subterráneas conectadas con el Mar Menor. EFE Verde
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