El fenómeno de los barcos fantasma (aquéllos que navegan supuestamente de acuerdo con la ley pero en la práctica amparados por una turbia maraña de pantallas legales y empresariales y demasiado a menudo bajo bandera de países muy diferentes a los intereses de quien los ha fletado) viene de muy antiguo. Sin embargo, la carga que llevaban siglos atrás (desde esclavos hasta contrabando de todo tipo) ha sido sustituida hoy en muchos casos por otra especialmente peligrosa: petróleo y gas, en su mayoría, procedentes de países bajo sanciones económicas o legales de algún tipo y con unas condiciones de seguridad manifiestamente mejorables. El temor ahora no pasa por encontrarse con el barco del holandés errante sino con uno de estos buques que pueden generar siniestros ambientales en caso de hundimiento y, además, no pagar un solo euro de compensación en caso de desastre.
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Pedro Pablo G. May es periodista y escritor. También dibuja: MundoMay es su universo gráfico, del cual forman parte las ecoviñetas de esta serie.




