En su vuelo de flor en flor en busca de alimento, las abejas transportan el polen y se convierten en un aliado esencial para la reproducción de muchas plantas.
La inmensa mayoría de las plantas silvestres con flor y la tercera parte de los cultivos que nos alimentan son polinizados por animales, la mayoría insectos. Y las abejas (hay miles de especies) son el principal polinizador.
Revuelo con las abejas
Flora en la isla de La Palma. EFE Arturo Larena
Manzanas, peras, melocotones, almendras, aguacates, ciruelas, cerezas, fresas, tomates… una interminable lista de frutas y verduras son polinizadas por las abejas.
Y también lo son otros cultivos, como la alfalfa, tan importante para la alimentación del ganado. Sólo en Europa, más de 4.000 cultivos dependen de la polinización.
Estos pequeños insectos nos dan una lección de ecología impresionante:
Las consecuencias del declive de las abejas nos ponen delante de los ojos que la vida es una red compleja, dinámica –¡y fascinante!, a mi me lo parece– de relaciones entre plantas y animales (y microorganismos, y suelo, agua, aire, clima…). Lo que está ocurriendo también nos debería hacer pensar en nuestros alimentos más allá de la estantería del supermercado.
Este declive de las abejas tiene varias causas, pero las más importantes apuntan al modelo de producción agrícola:
1.- La agricultura intensiva provoca la pérdida de biodiversidad en los campos
2.- Los monocultivos han hecho que se pierda la diversidad en los campos y las abejas no pueden encontrar la variedad de alimentos que necesitan para mantenerse en buenas condiciones.
3.- El empleo de plaguicidas tóxicos las está envenenando. Hay un tipo especialmente dañino, los neonicotinoides, que afectan al sistema nervioso de las abejas y de otros insectos polinizadores.
Ahora la buena noticia
Se ha conseguido que la Unión Europea prohíba cuatro de estos insecticidas tóxicos para las abejas, aunque son prohibiciones temporales y parciales. Es sólo un primer paso. Tenemos que lograr que se prohíban todos los plaguicidas tóxicos (que también afectan a los ecosistemas y a nuestra propia salud).
Y hay que apoyar decididamente la agricultura ecológica que respeta la naturaleza, produce alimentos de calidad y saludables (sin sustancias tóxicas) y ¡sorpresa! genera mucho más empleo que la agricultura industrial.
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