Liderados por el biólogo José Antonio Godoy, estos investigadores han obtenido ADN de las almohadillas de las patas, de cartílagos de la nariz, de tejidos de cráneos e incluso han extraído dientes de ejemplares disecados.
Objetivo, salvar la especie
Lo que se persigue es, según ha explicado Godoy, cuantificar la pérdida de diversidad genética para detectar debilidades y conocer los factores que influyeron en el declive de la especie, al objeto de tenerlos en cuenta y poder mejorar los programas de conservación y salvar a la especie de la extinción.
Para el desarrollo de esta investigación han resultado claves los ejemplares disecados que se encuentran en colecciones privadas y en museos de Europa y Estados Unidos.
Después de varios años de búsqueda, este grupo ha logrado registrar 466 especímenes, 157 de ellos en manos privadas.
Se trata de animales enteros disecados, o pieles y huesos procedentes de una época en la que el lince era perseguido y tiroteado por ser considerado un depredador.
La negociación con algunos de los propietarios de estos especímenes ha permitido a los investigadores obtener ese ADN, que es básico para contribuir a la conservación de la especie y les lleva a reivindicar la importancia de que se regulen las colecciones privadas de animales disecados como fuente de material científico.
El equipo, que incluye a Miguel Delibes de Castro, exdirector de la Estación Biológica de Doñana, considera que España debería de emular a Portugal, donde se ha desarrollado un programa piloto para legalizar la situación de varios especímenes de lince en manos de coleccionistas portugueses. EFE
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