Para ser más claro, los salarios del turismo y la hostelería están por debajo de los demás sectores productivos y eso es evidente que genera una mala reputación social y un desinterés por parte de los empleados y futuros trabajadores en formarse para tener un futuro mejor.
¿Por qué invertir en formación y educación turística, si no va a existir un retorno tangible? Este paradigma ha logrado minusvalorar la importancia de formarse para acceder a una mejor posición profesional, laboral y social. Pero quizás es hora también de observar a la formación y educación, como un autentico viaje transformador, tanto del profesional, como de la propia persona, que tendrá un retorno asegurado de esa inversión.
Y es relevante, puntualizar que hablo de educación, formación, capacitación, tanto para la educación formal, como no formal, en lo público, y en lo privado.
El viaje transformador debe obedecer a un objetivo y por tanto la formación es una herramienta para conseguirlo y no el objetivo, como muchas veces se confunde.
Es lo mismo en el desarrollo turístico sostenible y competitivo. Es necesario serlo para llegar a un estatus de calidad, de bienestar y satisfacción que permanezca en el tiempo y no un objetivo y menos a corto plazo.
El viaje transformador debe obedecer a un objetivo y por tanto la formación es una herramienta para conseguirlo y no el objetivo.
El turismo es y debe ser un instrumento para lograr una calidad de vida para las personas, la sociedad o comunidad anfitriona, pero preservando a ultranza el patrimonio natural, rural, cultural y social, que son la base de la cadena de producción de experiencias turísticas.
Basta con analizar diferentes territorios o destinos turísticos, para percibir fácilmente cuando el capital humano está comprometido y capacitado, porque se traduce en lo que la demanda quiere y espera: una calidad en el destino que garantice esa satisfacción que el consumidor busca y que por tanto provoca una mejor actitud en la compra turística con su consecuente gasto e ingreso turístico.
Todavía existe en gran parte de este sector un divorcio, o quizás mejor dicho, una separación, que espero sea solo temporal, entre el valor de la formación – educación- capacitación y los beneficios empresariales, sociales y del destino, que obtendrán.
Es un win-win garantizado para todos e insisto es el viaje transformador del profesional y de la persona, del cual se benefician todos los actores involucrados.
Y recuerden viajando se aprende mucho, si se sabe viajar.
Que tengan un feliz viaje.
Arturo Crosby
Editor Natour




