Cada vez escuchamos más casos de personas que, ante la situación ambiental, se obsesionan con la culpa, el pesimismo, la ecoansiedad, el estrés, la angustia por el futuro e incluso la depresión… Sin embargo, la defensa de la Naturaleza no puede ni debe estar condicionada desde la negatividad y los malos sentimientos, sino desde la vitalidad, el entusiasmo, la templanza, el buen humor y la alegría.




