Si analizamos la evolución de la flota pesquera en número de embarcaciones en Cataluña (datos de la Generalitat de Catalunya), podemos ver que, de un total de 1.382 embarcaciones de pesca en 2002, sólo 702 seguían operando en 2022. Si, para el mismo período de tiempo, el análisis lo hacemos por tipología de artes de pesca, podemos ver que las flotas de artes menores y palangre de fondo se han reducido más del 50% y otras flotas como el arrastre se han reducido alrededor de un 40%. Del mismo modo, entre el año 2000 y el 2022, las capturas totales de la flota catalana pasaron de casi 45.000 a 21.500 toneladas y en valor bruto de aproximadamente 160 a 91 millones de euros. Estos indicadores muestran que nos encontramos ante un sector en crisis que, ni con los importantes subsidios públicos puede mantener unos niveles de rentabilidad aceptable.
Esto no es un problema aislado, sino que se extiende por muchas flotas del Mediterráneo. Sin duda, la contaminación, la destrucción de hábitats y el cambio climático tienen un factor importante en toda esta problemática y tampoco ayuda que el Mediterráneo sea un mar poco productivo, pero existe un amplio consenso de que la principal causa es la sobrepesca. Así, nos encontramos con el 73% de las poblaciones comerciales en el Mediterráneo en situación de sobrepesca. Un ejemplo claro es la problemática de la merluza, con el estado de sus poblaciones al borde del colapso y que, según un estudio de ICATMAR de 20221, ya ha sobrepasado su biomasa límite y puede acabar provocando que la pesca de esta especie ya no sea rentable si no se toman medidas de recuperación.
A nivel de gestión, la Unión Europea ha apostado habitualmente por medidas restrictivas (disminución del esfuerzo pesquero) en el Mediterráneo occidental. Aunque en general estas medidas se aplicaron más tímidamente al principio, ahora nos encontramos cada año con recortes importantes para poder cumplir los objetivos para alcanzar la sostenibilidad en las pesquerías de fondo donde para 2025 todas las poblaciones deben cumplir con el Rendimiento Máximo Sostenible (la captura máxima que se puede extraer de una población sin agotar el recurso a lo largo del tiempo), lo que implicará más recortes y la introducción de áreas protegidas cerradas a la pesca.
Estas áreas protegidas, ya testadas en otras partes del Mediterráneo, han demostrado su efectividad en la recuperación de poblaciones de peces y hábitats de fondo, suponiendo un beneficio para el medio marino y los pescadores. Es el caso de una herramienta promovida por la Comisión General de Pesca del Mediterráneo, conocida como Áreas de Restricción de Pesca (FRA, por sus siglas en inglés). El caso más claro es el de la FRA de la Fosa de Pomo-Jabuka, en el Adriático, que era el mayor caladero de pesca de las flotas de arrastre de Italia y Croacia, y una importante área de reproducción de merluza y gamba. Al principio, hubo una gran resistencia del sector pesquero y se propuso como prueba un cierre temporal a tres años. Sin embargo, en dos años se había conseguido doblar la biomasa de merluza en la zona por lo que el propio sector apoyo el cierre permanente y, nuevas FRAs han sido propuestos, signo de que las medidas funcionan para la recuperación de poblaciones de peces y sus hábitats y los pescadores están recuperando la rentabilidad de su actividad.
Desgraciadamente, las FRAs siguen siendo una herramienta infrautilizada por los Estados. Desde la creación de la FRA de Pomo-Jabuka, en 2017, sólo una FRA más fue aprobada en el sur del Adriático y varias propuestas se enfrentan a la obstrucción de las administraciones nacionales, como la propuesta de creación de una FRA en el Margen del Delta del Ebro que tras ser refrendada en su totalidad por el Comité Científico de la CGPM fue bloqueada por España.
Los criterios que se siguen para diseñar y proponer estas FRAs implican zonas donde coexisten Hábitats Esenciales para Peces y Ecosistemas Marinos Vulnerables, de esta forma se busca la recuperación de las poblaciones de peces mediante la protección de sus áreas de reproducción y los ecosistemas de profundidad que garanticen la estructura para que las especies puedan vivir y desarrollarse. Bajo esos criterios se han propuesto dos FRAs en el Mediterráneo occidental.
Por supuesto, todas estas medidas deben ser discutidas con el sector pesquero afectado, los respectivos gobiernos y otros agentes implicados, pero la difícil situación actual de un sector en crisis está creando una situación de tensión que hace difícil el diálogo entre el sector, los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil que intentan encontrar medidas efectivas para ayudar a revertir la difícil situación de los recursos y consecuentemente de los pescadores.
Esperemos que la situación evolucione, y establezcamos un diálogo que promueva una sostenibilidad duradera para los recursos del Mediterráneo y futuro para las pesquerías responsables. Es una situación compleja que va a requerir diversas herramientas para poder llegar a buen puerto, pero si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados. Abramos la puerta al diálogo para buscar soluciones.
(*) Àlex Bartolí es biólogo marino y experto en pesquerías, consultor en MedReAct
1- https://www.ccma.cat/catradio/catalunya-migdia/la-pesca-del-lluc-a- la-costa-catalana-en-situacio-critica/noticia/3200851/
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