Madrid, 2 jul (EFEverde).– Cosechas arrasadas en África, apagones masivos en Zambia, precios récord del aceite de oliva en España y delfines muertos por cientos en la Amazonía son algunos de los impactos de las sequías desde 2023, impulsadas por el cambio climático y la presión creciente sobre los recursos hídricos y terrestres, advierte un informe respaldado por Naciones Unidas y publicado este martes.
El análisis, elaborado por el Centro Nacional de Mitigación de Sequías de Estados Unidos (NDMC) y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), con apoyo de la Alianza Internacional para la Resiliencia a la Sequía (IDRA), documenta impactos en los ámbitos alimentario, energético, sanitario y social en los principales puntos críticos del planeta.
“El informe es una advertencia clara: las sequías están dejando de ser eventos puntuales para convertirse en una constante que amenaza a comunidades, ecosistemas y economías”, afirma Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la CNULD. “Cuando la energía, los alimentos y el agua desaparecen al mismo tiempo, la cohesión social se desmorona”.
Fenómeno de alcance planetario
El informe, titulado Puntos críticos de sequía en todo el mundo 2023-2025, integra datos de más de 250 estudios científicos, organismos públicos y medios de comunicación para describir los efectos en África, el Mediterráneo, América Latina y Asia.
“Esto no es solo una sequía. Es una catástrofe global de lenta evolución, la peor que he visto”, señala el Dr. Mark Svoboda, coautor del estudio y fundador del NDMC. “Las consecuencias humanas y ecológicas son tan profundas que requieren una vigilancia sistemática y respuestas multilaterales”.
Los países mediterráneos como España, Marruecos y Turquía han sido descritos como “espejos del futuro hídrico bajo un calentamiento descontrolado”, según Svoboda. “Ninguna nación puede permitirse la inacción, por rica o tecnológicamente avanzada que sea”.
Mediterráneo: cosechas perdidas y crisis estructurales
En España, la sequía prolongada provocó en 2023 una caída del 50 % en la cosecha de aceitunas, duplicando el precio del aceite de oliva. El turismo, la agricultura y el abastecimiento urbano se vieron comprometidos.
En Marruecos, la reducción del 38 % en la población de ovejas llevó a cancelar los tradicionales sacrificios del Eid. Turquía, por su parte, experimentó un colapso del almacenamiento subterráneo por la sobreexplotación de acuíferos, generando sumideros que ponen en riesgo infraestructuras y comunidades.
La CNULD advierte que estos casos no son excepciones, sino ejemplos tempranos de las tensiones sistémicas que se intensificarán en todo el planeta.
América Latina y Asia: ecosistemas y economías colapsadas
En la cuenca amazónica, los niveles mínimos históricos de ríos causaron la muerte de más de 200 delfines de río en peligro de extinción y afectaron el acceso al agua potable de comunidades enteras. La sequía interrumpió el transporte fluvial, fundamental en regiones remotas de Brasil, Perú y Colombia.
El Canal de Panamá también sufrió una fuerte reducción en el tránsito de embarcaciones —de 38 a 24 diarios— generando cuellos de botella en el comercio internacional. Los efectos se reflejaron en supermercados europeos, que reportaron escasez y aumento de precios en frutas y verduras.
En Asia, cultivos clave como el arroz, el café y el azúcar sufrieron escasez debido a las sequías en India y Tailandia. En Estados Unidos, el precio del azúcar aumentó un 8,9 % entre 2023 y 2024 por estos efectos globales.
“Una tormenta perfecta” amplificada por El Niño
“El Niño y el cambio climático crearon una tormenta perfecta”, afirma la Dra. Kelly Helm Smith, subdirectora del NDMC. “Muchos sistemas sociales y ecológicos simplemente no resistieron la presión combinada”.
La OCDE estima que el coste económico medio de una sequía se ha duplicado desde el año 2000 y que podría crecer entre un 35 % y un 110 % adicional para 2035. “Las sequías regionales ya pueden generar crisis económicas globales”, advierte el Dr. Cody Knutson, experto del NDMC.
África: hambre y muerte
El continente africano concentra algunos de los impactos más devastadores. Más de 90 millones de personas en África Oriental y Meridional enfrentan hambre aguda. En Zimbabue, la cosecha de maíz cayó un 70 % en 2024 y cerca de 9.000 cabezas de ganado murieron por falta de agua y alimento.
En Zambia, el nivel del río Zambeze cayó al 20 % de su promedio histórico, forzando la reducción de capacidad en la presa Kariba al 7 %. Las consecuencias incluyeron apagones de hasta 21 horas diarias, afectando a hospitales, panaderías y fábricas.
En Somalia, solo en 2022 se estima que 43.000 personas murieron por hambre relacionada con la sequía. En 2025, 4,4 millones enfrentan inseguridad alimentaria extrema, incluyendo 784.000 personas en niveles de emergencia.Mujeres y niñas, entre las más afectadas
El informe alerta sobre el impacto desproporcionado de la sequía en mujeres, niñas y comunidades vulnerables. En África Oriental, los matrimonios infantiles forzados se duplicaron con respecto a años anteriores. En Zimbabwe, la desnutrición y la falta de agua provocaron deserciones escolares masivas.
En la Amazonía, el descenso récord del río impidió el acceso de mujeres embarazadas a centros de salud y dejó sin agua a cientos de comunidades indígenas. “Los mecanismos de supervivencia se volvieron cada vez más desesperados”, afirma Paula Guastello, investigadora del NDMC.
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Crisis ecológica: fauna salvaje al límite
La fauna silvestre también sufrió efectos dramáticos. Más de 100 elefantes murieron por la sequía en el Parque Nacional Hwange de Zimbabue. En 2024, hipopótamos quedaron varados en ríos secos de Botswana. En varios países se optó por sacrificar animales salvajes para alimentar a poblaciones humanas y evitar el colapso ecológico.
“Estos eventos no son aislados. Representan un patrón que amenaza la biodiversidad global”, advierte el informe.
Prepararse para lo inevitable
El informe concluye con un llamado urgente a reforzar la resiliencia mediante:
- Sistemas de alerta temprana y monitoreo en tiempo real.
- Soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de cuencas.
- Infraestructuras resilientes al clima.
- Enfoques con perspectiva de género.
- Cooperación internacional para proteger cuencas y cadenas de suministro.
“La sequía no es solo un fenómeno meteorológico; es una emergencia social, económica y ambiental”, concluye el Dr. Smith. “La pregunta no es si volverá, sino si estaremos preparados la próxima vez”.






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