Portada del libro ‘Menos es más’, editado en español por Capitán Swing.
LECTURA DEL MES

EFEverde recomienda: ‘Menos es más. Cómo el decrecimiento salvará al mundo’ 

La recomendación de lectura ambiental para febrero de EFEverde, por Marta Montojo.

El antropólogo económico Jason Hickel, natural de Esuatini pero residente en Barcelona, ofrece en ‘Menos es más’ una propuesta decrecentista ante la crisis ecológica y social que atraviesa el planeta.

El término “decrecer” puede generar rechazo, pues, al menos en las sociedades capitalistas, se tiende a asociar el crecimiento con la mejora de las condiciones materiales de la población y, por tanto, el decrecimiento podría sugerir el empobrecimiento de esas condiciones. Sin embargo, los impulsores del decrecimiento sostienen que se ha de decrecer, precisamente, para ganar calidad de vida.

Hickel es una de las voces más conocidas de este movimiento que aboga por rebajar o eliminar aquellas formas de producción que considera “perversas” y redirigir esos esfuerzos económicos y políticos, y esa mano de obra, hacia los sectores “social y ecológicamente necesarios”.

“El capital dirige las finanzas hacia productos altamente rentables, como los automóviles privados, la carne industrial, la moda rápida, las armas, los combustibles fósiles y la especulación inmobiliaria, al tiempo que reproduce la escasez crónica de bienes y servicios necesarios como el transporte público, la sanidad pública, los alimentos nutritivos, las energías renovables y la vivienda asequible”, arguye Hickel.

Un modelo de producción imperialista 

Este especialista, catedrático en el Instituto de Ciencia y Tecnología Medioambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) y profesor en el Instituto Internacional de Desigualdades de la London School of Economics, profundiza en las desigualdades de corte imperialista del sistema económico global.

“La tierra y la mano de obra en todo el Sur Global se movilizan en torno al suministro de cadenas mundiales de productos básicos dominadas por empresas del Norte -azúcar para Coca Cola, algodón para Zara, café para Nestlé, teléfonos inteligentes para Apple, coltán para Tesla, todo ello a precios artificialmente comprimidos- en lugar de producir alimentos, vivienda, atención sanitaria, educación y bienes industriales para satisfacer las necesidades nacionales”, escribe el experto.

Así, “la acumulación de capital en el centro depende de la extracción de mano de obra y recursos de la periferia”, recuerda.

‘Menos es más’, editado en español por Capitán Swing, es una lectura para entender que sí, el planeta tiene unos límites que ya se están sobrepasando -con unas consecuencias humanas y ambientales en ocasiones irreparables-, pero también para comprender que asumir esos límites y reestablecer un equilibrio no implica empobrecerse sino todo lo contrario.

El ensayo no es una defensa de la austeridad, sino del ensanchamiento de la economía real -frente a la financiarización- y a la planificación desde un modelo ecosocialista.

“Podemos desviar la mano de obra de la industria de cruceros hacia otras cosas importantes como la construcción de viviendas asequibles, la rehabilitación energética o la regeneración de los ecosistemas”, dijo Hickel en una entrevista a EFEverde, en la que defendió además políticas como “acortar la semana laboral y asegurar salarios dignos”.

Asegurar una base social primero

El decrecimiento es a menudo tachado de movimiento “naif”, por plantear una carta de deseos sin una fórmula para lograr mayorías sociales que lo hagan políticamente viable. Por eso Hickel incide en que hace falta primero asegurar una base social, de manera que se pueda siquiera plantear la reducción de aquellas industrias contaminantes o que en última instancia pueden ser dañinas -al favorecer el consumo desmesurado-, como la publicidad, por ejemplo.

Aboga, por tanto, por impulsar políticas para favorecer los servicios públicos universales, como garantías de empleo público para eliminar el desempleo, “trabajo organizado en torno a proyectos esenciales, socialmente necesarios, una semana laboral más corta, una desigualdad drásticamente reducida, salarios dignos…”.

“La gente suele pensar en la economía en términos de dinero, pero en realidad es en términos de los bienes y servicios reales que estamos produciendo.  Cuando tienes una economía organizada en torno al turismo, estás produciendo bienes y servicios para los turistas, entonces tus tierras y tu energía y tu trabajo y tus recursos materiales están siendo utilizados para atender a los turistas, y no para atender a las necesidades de la población local”, explica a EFE.

“Así que esto no tiene sentido. Para mí, es un desperdicio. Es un despilfarro de mano de obra, de energía y de recursos. Y en su lugar deberíamos redirigir esas capacidades a producir cosas que la gente realmente necesita”, sentencia. EFEverde

 


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