El mirlo no tiene brazos
sólo el pico con el que levanta las hojas en invierno
para buscar insectos dormidos.
Se celebra mucho su canción completa, llena de silbidos y melodías,
y muy poco este sonido del pico moviendo las hojas,
haciendo que parezcan de nuevo vivas,
cuando ya han caído.
Más maravilloso que el canto,
es este ruido de la hojarasca en el robledal,
contando de lejos que hay un mirlo
bajo los robles deshojados.
Cedente: Fundación AQUAE
TEXTO Y LOCUCIÓN: Mónica Fernández-Aceytuno
IMÁGENES: NaturaHD Films






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