Ana Etchenique Calvo, vicepresidenta de CECU
El aluminio nos rodea: de forma casi permanente en ventanas y puertas; de forma efímera en las latas de refrescos, de las cuales se desechan en el mundo, frívolamente, varios millones de unidades cada día.
¿Nos hemos parado a pensar de dónde vienen? ¿Cuánto CO2 se emite en este proceso? ¿En qué condiciones laborales están los trabajadores? – los de la mina y, ahora, los que están en la recogida del barro venenoso – ¿Y el impacto y riesgo medioambiental? Y los vecinos de la comarca afectada…
¿Sabían el riesgo que corrían? Los grupos ambientalistas de la zona llevaban años advirtiéndolo. Seguro que fueron desactivados o ridiculizados, pero… ¡nuevamente los ecologistas tenían razón!
Responsabiliad

Por todo esto, saco a colación el Pacto Mundial que presentó Kofi Annan, entonces secretario general de Naciones Unidas (Davos, 1999). En él se invitaba a las empresas a asumir una responsabilidad real (RSC) a lo largo de toda la cadena de valor de sus productos y servicios. En el caso de este accidente, evidentemente, ha habido más de una irresponsabilidad en el proceso.
Pero en el Pacto Mundial también se mencionan los Grupos de Interés y los consumidores somos uno de los principales. Como Grupo de Interés, se nos abrió una vía de diálogo; podemos sentarnos con las empresas y preguntar. Cada vez que compramos un bien o usamos un servicio, sin ser conscientes, participamos (para bien o para mal) en toda la cadena de actuaciones.
Usar y tirar
En el caso de las latas de bebida, desde la extracción del aluminio hasta su gestión como residuo o subproducto. ¿Compensa el esfuerzo e impacto de toda la cadena para usar y tirar? ¿Qué pasa con las latas desechadas?
Varias organizaciones ciudadanas, entre las que se encuentra CECU, creamos el Observatorio de la Responsabildad Social Corporativa (www.observatoriorsc.org) que, con sus informes y estudios, nos ayuda a comprobar el grado de responsabilidad de las empresas. Los consumidores deberíamos tener aún más facilidad para indagar en las memorias de RSC de las empresas y poder así informarnos sobre lo que hay detrás de lo que consumimos.
Si, al menos, se reciclan las latas de bebidas. Si se reutiliza el aluminio para producir nuevos envases. Si se reduce la extracción de aluminio y la cantidad de lodos tóxicos en las balsas se podrán evitar accidentes como el de Ajka. Necesitamos más información. Así podríamos ser más responsables y poner cada uno un grano de arena para evitar toneladas de lodo.
Ana Etchenique Calvo es vicepresidenta de CECU.
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde
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