En la imagen de archivo, un lobo ibérico de Castilla y León. EFE/Mariam A. Montesinos
LOBO IBÉRICO

Trasladar lobos de norte a sur, ¿la solución para la gestión de lobo? La ciencia dice que no

Ana Tuñas Matilla

Madrid.- La presencia del lobo en España se limita desde hace casi tres décadas al norte peninsular y si no se está extendiendo al sur es por su elevada mortalidad por causas humanas, como la caza (legal e ilegal), según expertos, que advierten de que traslocar ejemplares de norte a sur no tiene sentido actualmente desde el punto de vista científico, salvo que sea para su conservación, y máxime si no se actúa sobre las causas que impiden su expansión natural.

La Unión de Pequeños Agricultores (UPA) ha pedido al Ministerio de Transición Ecológica que estudie la viabilidad de traslocar ejemplares de lobo jóvenes desde la, a su juicio, «densa y creciente» población del norte hacia las poblaciones «aisladas» del sur de España para mejorar la conectividad genética de la especie y, además, «aliviar» la presión que ejerce sobre la ganadería extensiva.

Sin embargo, para los expertos consultados por EFE Verde, esta medida no se justifica científicamente y la prioridad debería ser favorecer la expansión natural de los lobos, para lo que es imprescindible reducir su mortalidad no natural y, al mismo tiempo, trabajar con la población local antes de su llegada, fomentando la coexistencia con formación e información sobre manejo ganadero, medidas preventivas y otras herramientas disponibles.

¿Sobran lobos en el norte? No

Desde una perspectiva científica «no sobran lobos en el norte», según el presidente de la Sociedad Científica para el Estudio y Conservación de los Grandes Depredadores y sus Hábitats Naturales (DIRUS) e investigador independiente de la Universidad e Alcalá de Henares, Ángel Sánchez.

Los lobos, como otros grandes carnívoros territoriales, presentan mecanismos naturales de regulación poblacional que impiden que sus poblaciones crezcan indefinidamente (territorialidad, reproducción limitada a pocos individuos, dispersión juvenil, disponibilidad de presas, la alta mortalidad a edades tempranas o la competencia intraespecífica, etc).

«No puede hablarse de superpoblación simplemente por la presencia de lobos en una zona», ha aseverado Sánchez, que ha apuntado que lo importante es analizar si existen grupos familiares estables/maduros asentados en el territorio, disponibilidad de presas, conectividad entre los diferentes territorios donde habita y una gestión adecuada para favorecer la coexistencia con la ganadería».

En el caso de depredadores apicales (aquellos que están en la cúspide de la cadena trófica porque ninguna otra especie depreda sobre él) como el lobo, nunca «sobran» ejemplares, ha apuntado Ana Morales, responsable de la evaluación del lobo ibérico para la Lista Roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).

«El tamaño de la población de lobos se limita de forma natural por la disponibilidad de recursos y la territorialidad», ha corroborado la experta de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de Mamíferos (SECEM).

¿Hay poblaciones en el sur? No

Además, actualmente, no hay poblaciones de lobo en el sur de España (la última que existía, en Sierra Morena, se extinguió entre 2003 y 2014) y el límite de distribución está en el norte de Extremadura, donde se detectó la presencia de un grupo reproductor en 2023 por primera vez desde 1993, ha añadido Morales.

En España, los grupos de lobos rara vez superan los cinco individuos en invierno y defienden áreas muy extensas, lo que significa que se trata de una especie que vive a densidades muy bajas.

Lo realmente llamativo, ha subrayado, es que la población de lobos de la Península lleva prácticamente tres décadas estancada, a pesar de que existen amplias zonas de hábitat adecuado disponibles y a diferencia de lo que está ocurriendo en muchas otras regiones europeas.

Según la evidencia disponible, la elevada mortalidad de origen humano (caza, atropellos, envenenamientos, etc) podría estar limitando la expansión de la población, ha explicado Morales.

¿Cuándo traslocar animales?

La reintroducción de una especie puede hacerse mediante la traslocación de ejemplares de una región a otra o con individuos criados en cautividad, pero para que tenga éxito, antes deben haber desaparecido las causas que provocaron su extinción en la zona elegida para su reintroducción.

«De nada sirve liberar ejemplares si van a seguir muriendo por los mismos motivos, como podría ocurrir con la caza furtiva o el uso de veneno en el caso del lobo», ha explicado Morales, que ha subrayado que por eso, es muy importante contar también con un grado suficiente de aceptación social, pues, de lo contrario, «el riesgo de fracaso es elevado».

Además, todas las comunidades autónomas deberían trabajar de forma coordinada, según la representante de SECEM, que ha recordado que la especie ha sido clasificada como «vulnerable» en España según criterios UICN porque no hay individuos suficientes para asegurar su continuidad futura.

La recuperación de la especie, ha insistido, no debería basarse únicamente en la gestión de las poblaciones actuales, sino también en crear las condiciones necesarias para que la especie pueda expandirse de forma natural hacia áreas donde históricamente estuvo presente, como ha ocurrido en Alemania o Italia, donde la expansión se ha producido de manera natural protegiendo a la especie y no mediante traslocaciones, como sostiene UPA.

No puede hacerse «a la carta»

El presidente de DIRUS ha apuntado que una traslocación no puede plantearse como una herramienta de descompresión para cierto sector ganadero del norte ni como una simple redistribución de lobos «a la carta».

Desde el punto de vista científico, el traslado de lobos desde el norte al sur peninsular, solo sería defendible si está enfocada a la conservación de una especie en riesgo, como es el lobo, dentro de un programa público, evaluado, financiado y sometido a seguimiento a largo plazo, ha aseverado Sánchez.

Según las directrices de la UICN, no bastaría con capturar lobos jóvenes y soltarlos en otro territorio por interés de un determinado sector privado. Hay que demostrar que la especie estuvo allí, que las causas de su desaparición han sido corregidas o reducidas, que existe un hábitat natural adecuado, que hay viabilidad social y ecológica, que el proyecto cuente con seguimiento adecuado, etc.

Además, hay que tener en cuenta que, a diferencia de otras especies, traslocar lobos no es algo sencillo al tratarse de animales sociales, territoriales y de gran movilidad.

«Mover individuos jóvenes de forma aislada puede fracasar por dispersión errática, mortalidad, conflictos intra e interespecíficos, falta de asentamiento, rechazo social o problemas sanitarios», según Sánchez, que ha apuntado que los proyectos internacionales exitosos suelen trabajar con grupos cohesionados, liberaciones blandas, radiomarcaje, seguimiento intensivo y una estrategia social previa.

Entre los ejemplos de reintroducción exitosa, ha destacado los de Yellowstone y Idaho, en Estados Unidos. En ambos casos, no se trató de una suelta improvisada, sino de un programa federal, planificado durante años, con selección de ejemplares, aclimatación y/o cohesión de los grupos, seguimiento y objetivos ecológicos claros.

Apenas ocupa el 25 % de la Península

Históricamente, el lobo ocupó prácticamente todo el territorio de la península ibérica, incluida la España meridional, mientras que, a mediados del siglo XIX, su presencia se redujo a menos del 65 % de la superficie peninsular, y se calcula que hoy apenas llega al 25 %.

Actualmente, el núcleo principal de la población ibérica continúa concentrado en el noroeste peninsular: Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria albergan la mayor parte de la población.

Los límites de expansión aparecen hacia el este y sureste, con presencia reducida en territorios como Madrid, Castilla-La Mancha (Guadalajara) y La Rioja y con presencia aún más ocasional en el País Vasco y Extremadura.

Las comunidades autónomas en cuyo territorio el lobo estuvo históricamente presente deberían asumir un papel activo en la recuperación de la especie, especialmente cuando su desaparición se debió a causas antrópicas directas o indirectas, ha apuntado Sánchez, tras recordar que actualmente hay unas 333 manadas, frente a las 500 que la ciencia indica para para garantizar su viabilidad futura. EFE Verde

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Ana Tuñas Matilla

Somos Naturaleza, ese es mi lema. Mi objetivo, que no se nos olvide. Somos parte del ecosistema en el que vivimos, no sus dueños. Cuidarlo es cuidar de nosotros mismos. Es nuestra responsabilidad. Mis orígenes están en una aldea de Ourense. Mi contacto con lo rural, unido a mi experiencia en la cobertura de temas de economía o salud, me han permitido enteder que todo está conectado.