PRI01 PRITZERBE (ALEMANIA) 08.05.09.- Un pescador arroja alrededor de 390 kilos de anguilas a las aguas del lago Havel, cerca de Pritzerbe, en Brandemburgo (Alemania) hoy viernes 08 de mayo. Unos ocho millones de ejemplares de esta especie se han lanzado en las aguas de Brandemburgo como parte de una experiencia piloto de la Unión Europea, organizaciones y pescadores para salvar a la población de anguilas en Europa. Estos peces tendrán entonces una oportunidad de volver a poner sus huevas en el Golfo de México. Las anguilas fueron capturadas a los tres años de edad en las costas del oeste de Europa y se han criado en una piscifactoría hasta que han alcanzado una longitud de entre diez y quince centímetros. EFE/Bernd Settnik

Cuando llegamos tarde: el precio real de la extinción. Por Arturo Larena (embajador del Pacto Climático de la UE)

Hay una diferencia abismal entre estudiar la extinción en los libros y vivirla en tiempo real. Yo tuve esa experiencia en España como periodista ambiental, y cambia para siempre la forma en que entiendes el debate ambiental.

Mientras hoy discutimos si debemos reforzar la protección de la anguila europea, no puedo evitar recordar otro nombre que ya no existe en nuestros ecosistemas: el bucardo (Capra pyrenaica pirenaica).

Desapareció porque los esfuerzos para salvarlo llegaron demasiado tarde. No porque no supiéramos que estaba en peligro. No porque faltaran científicos alertando. Simplemente, porque la decisión política y social no llegó a tiempo.

Y la extinción, cuando ocurre, es definitiva.

La extinción rara vez tiene un momento dramático. No hay sirenas ni titulares diarios. Es un proceso lento, casi invisible, hasta que un día la especie deja de existir.

Organismos como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) llevan años advirtiendo de que la pérdida de biodiversidad avanza a un ritmo sin precedentes en la historia humana.

No se trata solo de naturaleza. Hablamos de seguridad alimentaria, estabilidad económica y resiliencia territorial. Cada especie cumple una función dentro de sistemas ecológicos complejos; cuando desaparece, el sistema entero se debilita, aunque muchas veces tardemos años en notar las consecuencias. Basta con recordar la pandemia de la Covid.

Compromiso ambiental en juego

Ese debate global aterriza estos días en una decisión muy concreta: qué hacer con la anguila europea (Anguilla anguilla) en España. La discusión se produce en el marco de los compromisos ambientales de la Unión Europea y de las propuestas regulatorias impulsadas desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).

Nadie discute que hay tradición cultural, actividad económica y empleo vinculados a su pesca. Pero tampoco se puede discutir que la especie lleva décadas en declive y que los indicadores científicos son cada vez más preocupantes.

El caso de la angula -el alevín de la anguila- condensa el dilema ético de nuestro tiempo. Su precio puede superar los 3.000 o incluso 5.000 euros por kilo en campañas de escasez. Es, probablemente, uno de los productos pesqueros más caros del mundo. Y ese precio no refleja abundancia ni calidad extraordinaria: refleja escasez biológica. Cuanto más cerca está la especie del colapso, mayor es su valor en el mercado.

Ahí aparece la pregunta incómoda que como sociedad debemos hacernos: ¿tiene sentido acercar a una especie a su desaparición para mantener un producto gastronómico de élite?

Pero hay una pregunta aún más profunda. ¿Cuánto vale una especie cuando ya no existe? En términos de mercado, su valor es cero. En términos ecológicos, su valor es incalculable.

Cuando una especie desaparece, perdemos funciones ecológicas que sostienen otros organismos, perdemos patrimonio natural y cultural, perdemos oportunidades económicas futuras ligadas a ecosistemas sanos y perdemos conocimiento biológico que nunca volverá a existir.

El bucardo es el recordatorio permanente de que la extinción no es un concepto teórico. Es una línea que, una vez cruzada, no permite regresar.

Conservación del lince ibérico como ejemplo 

Sin embargo, la historia también demuestra que no todo está perdido cuando se actúa a tiempo. España ha demostrado –por ejemplo con el lince ibérico (Lynx pardinus)- que la conservación funciona cuando existe voluntad política, financiación sostenida y coordinación científica.

El mensaje es claro: el fatalismo ambiental no es ciencia, es resignación. La evidencia de los programas de conservación y las moratorias pesqueras en distintas partes del mundo muestra que, aunque las decisiones son difíciles a corto plazo, el coste de no actuar suele ser mucho mayor y, sobre todo, irreversible.

La cultura gastronómica forma parte de nuestra identidad, pero nunca ha sido estática. Ha evolucionado con la sociedad, con la economía y con el conocimiento científico. Lo que no evoluciona es la biología de la extinción.

Cuando una especie desaparece, no hay adaptación posible, ni sustitución cultural que recupere lo perdido. El verdadero patrimonio no es un producto gastronómico concreto, sino el ecosistema que permite que exista.

Durante décadas, el lujo ha sido consumir lo raro. En el siglo XXI, el verdadero lujo es conservar lo vivo. La decisión sobre la anguila no es solo una decisión pesquera. Es una decisión sobre qué tipo de sociedad queremos ser y sobre qué legado dejamos.

Los de mi generación hemos visto desaparecer especies en España, como el bucardo, porque los intentos de conservarla llegaron tarde. Y sé que lo más duro no es solo la pérdida ecológica. Es saber que podríamos haberlo evitado.

Si algo deberíamos haber aprendido de ello es que el problema nunca es actuar demasiado pronto.

Arturo Larena es periodista ambiental y exdirector de EFEverde

El problema, casi siempre, es actuar demasiado tarde.

Esperemos que no ocurra con la anguila y que quienes han votado contra su protección reflexionen, pero claro, lo de pezqueñines no, parece que no va con algunas comunidades cuando se trata de cocinar las caras angulas.

 

Arturo Larena es periodista ambiental, premio nacional de medio ambiente y embajador del Pacto Climático de la UE.

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».