Ensayar lo inesperado frente a la desinformación climática. Por Arturo Larena, Fotografía: © Nico Rodríguez

Ensayar lo inesperado frente a la desinformación climática. Por Arturo Larena

Vivimos un momento en el que el ruido informativo, la desinformación y el auge de discursos populistas anticlimáticos erosionan el debate público.

En este contexto surge la I Bienal Climática que se celebrará en Avilés entre el 12 de junio y el 20 de septiembre de este 2026, una iniciativa que no es solo oportuna sino necesaria.

Bajo el lema “Ensayar lo inesperado”, esta primera edición nace con una vocación clara: abrir espacios de diálogo frente a la polarización, el simplismo y, con demasiada frecuencia, la desinformación (según el CIS la gran mayoría de los españoles la considera una «amenaza para la democracia»  y el 84%  estima «necesario que existan verificadores»).

Por eso esta bienal no se plantea únicamente como un evento exclusivamente cultural. Se trata de una propuesta cívica que entiende el “clima” en un sentido amplio, atmosférico y social.

La bienal se desplegará en una red de espacios que convertirán Avilés (Asturias) en un laboratorio vivo: desde el Centro Niemeyer hasta el Parque Ferrera, pasando por equipamientos industriales como La Curtidora o enclaves históricos como los palacios de Valdecarzana y Camposagrado. Este tejido urbano no es un mero escenario –como señalan sus promotores-, sino una declaración de intenciones: la transición ecológica no ocurre en abstracto, sino en territorios concretos, con memoria industrial, identidad social y desafíos reales.

En ese contexto, el programa de esta primera Bienal Climática -con más de cuarenta artistas y colectivos- se articula en torno a tres ejes significativos: Estación Meteo, que explora nuevas formas de percibir lo atmosférico; Industrias presentes, que interpela el pasado y el futuro de la producción; y Duelos y júbilos, que aborda la dimensión emocional de la crisis climática, entre la pérdida y la esperanza.

No es casual, pues frente a la frialdad de los discursos negacionistas o climaexcépticos, el arte introduce complejidad, sensibilidad, reflexión y pensamiento crítico ante unos fenómenos meteorológicos extremos que cada vez nos golpean con más frecuencia e intensidad.

Arte y ciencia

Y ahí radica una de las claves de esta bienal: reivindicar el papel del arte como herramienta para comprender lo que los datos científicos, por sí solos, no consiguen transmitir. Porque la crisis climática no es solo una cuestión de cifras o modelos científicos; es también emoción y una experiencia humana, social y cultural que nos afecta en nuestro día a día más próximo.

Pero si el arte es fundamental, no lo es menos la información rigurosa. En un ecosistema mediático saturado de bulos y rumores malintencionados -desde la negación directa del cambio climático hasta la distorsión interesada de sus causas o soluciones- el mejor periodismo ambiental se convierte en una línea de defensa democrática.

Sin información veraz, el ciudadano no puede decidir; sin pensamiento crítico, es vulnerable a la manipulación.

Conversación frente a polarización

La Bienal Climática parece entender bien este desafío. Su programa público apuesta por formatos que huyen de la confrontación estéril y propone conversaciones mientras se camina, debates al aire libre en espacios públicos y teatro participativo. Algunos lo considerarán candidez, pero no es ingenuidad, sino estrategia.

La Bienal Climática de Avilés busca reconstruir la conversación pública desde la escucha y el reconocimiento del otro, en un tiempo en que el desacuerdo se ha convertido en trinchera y en el que muy pocos están dispuestos a ceder para alcanzar un punto de encuentro en beneficio de todos.

Frente al populismo anticlimático -que simplifica, polariza y niega la evidencia científica-, la respuesta no puede limitarse solo a más datos. Hace falta contexto, pedagogía, cultura y más y mejor información. Hace falta generar espacios donde la complejidad no sea vista como una debilidad, sino como una riqueza.

En este sentido, la Bienal Climática, entre cuyos impulsores destaca Carlos Mataix, representa algo más que un evento puntual. Es un ensayo -nunca mejor dicho- de cómo podrían ser los espacios públicos del futuro… espacios más abiertos, más híbridos, más conectados entre ciencia, arte, naturaleza y sociedad.

Arturo Larena es periodista ambiental y exdirector de EFEverde

Porque combatir la desinformación no es solo desmentir bulos. Es ofrecer relatos alternativos, construir imaginarios colectivos y fortalecer la capacidad crítica de la ciudadanía.

Y en esa tarea, el arte, el diálogo y el buen periodismo no son complementos, sino pilares esenciales.

Quizá por eso lo verdaderamente transformador no sea repetir lo conocido, sino atreverse -como proponen los promotores de esta bienal- a ensayar, con esperanza, lo inesperado.

 

Arturo Larena Larena es periodista ambiental, embajador del Pacto Climático de la Unión Europea y miembro del Consejo Asesor de Fundación Moeve.

 

Fotografía cedida. Bienal Climática © Nico Rodríguez.


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.

 

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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».