Madrid.- «El factor humano ha provocado gran parte de la erosión de la playa y el cambio climático lo acelera», advierte el catedrático Vicente Negro Valdecantos, un investigador capaz de reproducir a escala en un tanque artificial el oleaje de cualquier lugar del mundo para estudiar sus efectos sobre la costa.
«El primer paso es analizar el terreno» para estudiar «las curvas de nivel» del fondo del mar, explica a EFE este profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, que combina esos datos con la altura, frecuencia y dirección de las olas para crear un «espectro de oleaje».
Cuando esa información se introduce en el tanque, el agua «se empieza a mover siguiendo ese espectro» concreto y genera «las mismas olas a escala» que las que aparecen en el lugar de estudio: desde las islas Comoras, en el Océano Índico, hasta Gibraltar.
Cambios en el Mediterráneo
Un oleaje que ha cambiado en los últimos decenios, especialmente en las costas españolas porque «llevo estudiando el mar más de 30 años y lo que he visto en el Mediterráneo en los últimos 10 años no me lo imaginaba hace 20».
Además de la altura de las olas actuales y su dirección, que «provocan una erosión bestial», Negro Valdecantos dice que los temporales «son más frecuentes» y «más energéticos».
Cuando hay una borrasca «asciende el nivel del mar», por lo que «las olas cabalgan sobre un nivel más alto y penetran más en tierra» aumentando «su poder de inundación».
«Vamos a tener cada vez más problemas en el litoral, nos guste o no», advierte, y los «organismos correspondientes» tendrán que valorar «dónde hacer las inversiones, si dejamos escenarios sin recuperar y que el mar reaccione, o si recuperamos, en vez de cada 10 años, cada 3».
Estos problemas no sólo se deben al cambio climático, sino también a la acción directa del ser humano, por ejemplo en urbanización: «todo el mundo quiere estar a 50 metros de la playa y lo que tiene que estar es a 500 metros» para «preservar la zona de playa seca, la zona de dunas y el bosque mediterráneo antes de empezar a edificar», explica el catedrático.
Otras construcciones como las presas evitan el «aporte másico de materiales» a las playas desde los ríos, mientras que los puertos causan «la interrupción del transporte sólido de arenas» entre playas.
«España tiene 8.000 kilómetros de costa y tiene más de 300 puertos» lo que supone «un dique cada 25 kilómetros. ¿Necesitamos un dique cada 25 kilómetros?», se pregunta antes de plantear como solución «desmantelar puertos para intentar restablecer la corriente sólida (el transporte de arena)» y «reubicar viviendas que están en primera línea de playa».
«Ahí está el gravísimo problema de los propietarios» cuyas casas, por el retroceso de la línea de costa, acaban en «dominio público»: la playa.
Recuperar el paisaje perdido
Negro Valdecantos también apuesta por «reproducir el paisaje» con obras que introduzcan «arena dragada» de desiertos marinos entre dos elementos, «generalmente espigones o diques».
Esta técnica permite crear playas artificiales, como la de Las Teresitas (Tenerife), y realimentar playas ya existentes, como la de San Juan (Alicante) aunque avisa de que «si el terreno es del mar, el mar lo recuperará».
El catedrático subraya la importancia de las dunas, esenciales porque la vegetación que crece en ellas retiene la arena, mientras en el fondo del mar, las fanerógamas marinas, unas plantas acuáticas de hojas alargadas, son también capaces de reducir la fuerza del mar.
«Si yo le pongo bigotillos a la zona sumergida de la playa, cuando venga un temporal, romperán la energía de las olas pero, si no tengo bigotillos, las olas romperán sobre la arena y la arrastrarán».
Pero el crecimiento de estas plantas «es lentísimo», lo que alarga los tiempos de recuperación de estos ecosistemas marinos.
Y pese a reconocer que «es muy difícil resolver el problema» insiste en que la clave está en «educar a la población» y «readaptarse a una situación diferente». EFE Verde
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Diseñan un método matemático que permite regenerar playas tras temporales con menos arena




