Es innegable que millones de personas en todo el mundo sufren una grave escasez de agua, convirtiendo con demasiada frecuencia una necesidad básica en un lujo.
Si bien puede ser tentador considerar este problema como algo lejano que afecta a otros, aquí en el Mediterráneo haríamos bien en prestar atención a nuestra propia situación.
Que el Mediterráneo sea un punto crítico del cambio climático, con un ritmo de calentamiento un 20% superior a la media mundial, es un hecho indiscutible. Si a esto se suma la presión económica y demográfica y la escasez de recursos hídricos y servicios, podemos coincidir en que la región en su totalidad se encuentra bajo una presión considerable.
Es significativo que todos los países del Mediterráneo meridional y oriental dispongan de entre 500 m³ y 1000 m³ de agua por habitante al año, lo que cumple con la definición oficial de «escasez de agua». El panorama no es mucho más alentador en el norte: el 30 % de la población del sur de Europa vive en zonas con estrés hídrico permanente, mientras que un alarmante 70% lo sufre durante el verano.
En toda la cuenca, unos 180 millones de personas padecen escasez de agua y otros 60 millones experimentan un estrés hídrico grave. El agua, o su falta, es sin duda una crisis mediterránea.
Ahora que hemos subrayado los hechos fundamentales —que el agua es un recurso cada vez más escaso en los países que bordean nuestro mar compartido— es hora de decidir qué hacemos. ¿Son los enfoques nacionales aislados la solución, o deberíamos afrontar este problema regional de frente, reconociéndolo por lo que es? Cuando seguir haciendo las cosas como siempre equivale, en el mejor de los casos, a una resignación pasiva y, en el peor, a un cinismo obstinado, les pido que se unan a nuestro llamamiento para afrontar este problema juntos.
Hoy en Roma, representantes de los 43 Estados miembros de la UpM ratificarán la Segunda Declaración Ministerial sobre el Agua en el Mediterráneo. En ella se subraya la necesidad de una mayor cooperación transfronteriza en materia de gestión sostenible del agua, y se reconocen las múltiples consecuencias de la coyuntura actual: efectos perjudiciales para la salud humana y los ecosistemas, retraso en el desarrollo socioeconómico y un aumento en la frecuencia e intensidad de los desastres naturales.
Lejos de ser un mero gesto político, este texto pone en marcha la Iniciativa de Roma sobre el Agua para movilizar las inversiones y la capacidad técnica que los sistemas hídricos sostenibles de nuestro Mediterráneo necesitan con urgencia. Si bien se han logrado algunos avances en los últimos años, la inestabilidad financiera ha demostrado ser con demasiada frecuencia una barrera para la sostenibilidad ambiental.
Al crear un marco que conecta, coordina y mejora los esfuerzos existentes, la Iniciativa de Roma sobre el Agua cierra las brechas de financiación que obstaculizan la modernización y la mejor gestión de las infraestructuras hídricas públicas. Una gota en el mar, quizás, pero también un modelo replicable para otras iniciativas de sostenibilidad, en la construcción de un Mediterráneo más integrado y resiliente.
Si algo debería ser evidente a estas alturas es que los problemas hídricos de nuestro Mediterráneo no pueden abordarse de forma aislada. Nuestros sistemas hídricos están íntimamente interconectados: ningún país puede garantizar su seguridad por completo cuando sus vecinos inmediatos sufren escasez.

El agua tiene el potencial de influir no solo en la integridad de nuestros ecosistemas y la salud de nuestra población, sino también en la esencia misma de la prosperidad socioeconómica y política de nuestra región.
Contamos con el conocimiento y las herramientas necesarias para afrontar este problema.
¿Elegimos, por lo tanto, convertirnos en una región de cooperación y resiliencia, o en una zona de vulnerabilidad creciente?
Fadi Hajali es secretario general interino de la Unión por el Mediterráneo (UpM).
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.
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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».





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