El residuo como pieza clave en los procesos de economía circular. Por (*) Miguel Varela

Publicado por: generico 15 de junio, 2022

Que lo que importa es el viaje es algo que sabemos desde que Homero relató las peripecias de Ulises de regreso a Ítaca. El viaje tiene un componente de revelación de lo oculto y autoconocimiento, lo que provoca un cambio en la personalidad del viajante. La cultura popular está llena de ejemplos del poder transformador del viaje, desde El Quijote hasta el Hobbit.

Algo así le pasó a la navegante inglesa Ellen MacArthur, recién galardonada con el Premio Princesa de Asturias, en su travesía en solitario alrededor del globo terrestre con la que estableció un récord mundial.

Toda una proeza, está claro, pero lo más interesante de ese viaje es la revelación de “lo finito”: para sobrevivir debía gestionar eficientemente los recursos limitados de los que disponía en su nave.

El barco, dice MacArthur, como metáfora del planeta, es un entorno con recursos contados que se consumen y desaparecen.

Del barco a crear la Fundación que lleva su nombre con el objetivo de acelerar la transición de un modelo de consumo lineal, basado en usar y tirar, a uno circular que imita el comportamiento de la naturaleza, donde los residuos son recursos.

Economía circular

La economía circular no es solo un término de moda. Hablamos de la aplicación de la sensatez, inteligencia y visión de futuro en la forma de producir y desarrollar nuestra economía y sociedad sin afectar al planeta ni a las futuras generaciones.

Dejar las cosas a nuestros hijos mejor que las encontramos.

No será por falta de información: hoy en día los efectos del calentamiento global son claramente visibles y los problemas geopolíticos - mundo pos-COVID, guerra de Ucrania, escasez de chips para la industria o el incremento de los precios de los combustibles- nos hacen tomar consciencia de lo limitado de los recursos de los que disponemos.

Hoy ya sabemos que el modelo económico actual es cortoplacista, insensato y sin futuro.

La economía circular surge como alternativa a este modelo. Se trata de pensar desde el inicio en el diseño del producto, la forma de reducir materiales, reutilizar otros ya usados y minimizar su impacto ambiental.

Fabricar con el ciclo de vida del producto en mente y consumir de forma ordenada, reducir los residuos generados y volver a integrarlos al ciclo productivo.

El término economía antes de circular, esto es, apelar al bolsillo, no es casual. Una entidad tan poco sospechosa de "ecologista" como el Foro Económico Mundial afirma que la economía circular es la gran oportunidad de negocio de nuestro tiempo.

Difícil estar en contra de un modelo que, además del beneficio ambiental, hace que la economía sea más competitiva.

Residuos

En este cambio de paradigma cobra protagonismo el residuo, tradicionalmente el "patito feo" de la sostenibilidad. Por supuesto que la economía circular no habla solo de residuos, pero es innegable que tienen un papel clave en este nuevo modelo económico.

Una gestión eficiente de los residuos pasa en primer lugar por no producirlos y posteriormente por cumplir las normas ambientales oportunas, clasificarlos correctamente, reutilizarlos, repararlos y garantizar el correcto tratamiento por parte de empresas autorizadas.

La nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular (LERSEC) aprobada el pasado mes de mayo es un buen avance en esta línea.

Establece una serie de obligaciones como cuantificar los residuos-recursos, conocer su trazabilidad hasta el tratamiento final, desglosar los residuos por categorías y asegurar su correcta reutilización, por ejemplo.

Pero para hacer las cosas bien debemos ir más allá. Es el momento de pasar de las palabras a los hechos, de las intenciones a los compromisos, de “parecer verde” a “ser verde”. Mercados y consumidores lo demandan.

Y en ese compromiso el papel de la tecnología es fundamental.

El propio Pacto Verde europeo se basa en 2 pilares, la descarbonización y la digitalización. Y para cumplir esos mandatos, la cadena de valor del residuo que abarca desde las empresas que lo producen hasta las que los gestionan, debe avanzar en la digitalización.

El excel ya no lo aguanta todo: necesitamos control pero, sobre todo, necesitamos información correcta.

Es el momento de poner la inteligencia, las capacidades del software al servicio de una gestión más eficiente a través de cuadros de mando donde visualizar los indicadores de negocio, mejorar el flujo de información y la trazabilidad total de los residuos, garantizar el cumplimiento normativo y, en definitiva, impulsar modelos productivos sostenibles.

Hablamos de pasar de gestionar el “problema de los residuos” a la "oportunidad de los recursos", de “gestores de residuos” a “proveedores de recursos”.

Para ello necesitamos tener visión, aplicar un modelo basado en la economía circular y digitalizar el proceso. Datos, inteligencia y voluntad.

(*) Miguel Varela es director ejecutivo y cofundador de Teimas.

 


Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y  EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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