Lourdes Uquillas
Madrid.- «Los científicos están asustados» porque los modelos meteorológicos que habían previsto eran «demasiado optimistas», ha asegurado a EFE el biólogo y botánico italiano Stefano Mancuso, quien ha pasado por Madrid para hablar de «La tribu de los árboles», una fábula con la que pretende que los ciudadanos «entiendan» la crisis climática y la importancia de estos «seres vivos».
Mancuso es profesor titular en la Universidad de Florencia, dirige el Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal y es miembro fundador de la International Society for Plant Signaling and Behavior, ha publicado artículos científicos en publicaciones internacionales y es autor de varios libros centrados en las plantas y el mundo vegetal.
Un libro para entender la crisis climática por los árboles
Según el biólogo italiano, las «optimistas previsiones» de los científicos en relación a la crisis climática es lo que «se volvió peligroso» y lo que le empujó a «hacer algo y a escribir esta novela, para popularizar el problema», porque hay «una gran diferencia entre lo que los científicos reclaman y lo que los no científicos piensan o sienten sobre el cambio climático».
Asegura que, a pesar de todo lo que se habla del cambio climático, «el 90 por ciento de la gente no está interesada» en el problema, aunque «los científicos llevan años advirtiendo de que el calentamiento global es un problema exponencial» y el «problema más grave que existe en el curso de la historia de la humanidad».
Explica que cuando se habla de calentamiento global normalmente se habla del incremento de las emisiones de CO2, «que es cierto, pero se olvida que en las últimas dos centurias, casi en el mismo periodo de tiempo que se ve el fuerte incremento de la temperatura, se cortaron dos billones (con be) de árboles».
«Todos esos árboles que se cortaron en los pasados doscientos años ya no absorben las emisiones de CO2, y esta podría ser una de las causas que fortalecieron la crisis del CO2 en la atmósfera y que provocó el calentamiento global», asegura el autor de «La tribu de los árboles» (Editorial Galaxia Gutemberg).
Por ello, y porque la mayor parte de su trabajo se desarrolla en laboratorios y escribiendo artículos científicos, quiere con este último libro «hacer algo no menos importante, primero tratar de explicar que los árboles son extremadamente importantes en la lucha contra el calentamiento global, y, segundo que olvidamos que el incremento del CO2 en la atmósfera es consecuencia de la tala de los árboles».

Sequía y viñedos
En relación a la sequía que afecta al sur de Europa, señala que se quedó sorprendido de ver fincas en los alrededores de Alicante y Albacete, donde viajó durante su estancia en España, y donde «los cultivos de uva están muriendo», a pesar de ser plantas que «necesitan realmente muy poca agua».
Cuando se ve que un viñedo está desapareciendo por la falta de agua «eso quiere decir que realmente estamos en un período muy seco», subraya, e incide, «es un problema doble, porque todo está conectado».
Por un lado, dice, «la sequía es consecuencia del calentamiento global, y a consecuencia del calentamiento global y de la sequía, en el reciente crecimiento, las plantas no son más capaces de sobrevivir, por lo que se incrementa el problema del calentamiento».
A pesar de que «año tras año veremos efectos cada vez más graves del calentamiento global», Mancuso, el científico que oye «hablar a las plantas», se siente «optimista», y espera que «podamos revertir la situación del calentamiento global, para no tener que buscar una nueva Edrevia», el lugar donde migran los árboles en su libro.
Comunicación de las plantas
Y, si, las plantas pueden comunicarse, con «diferentes vocabularios y diferentes niveles de comunicación», pero «dentro de su misma tribu se intercambian toda la información con una lengua específica-, sostiene, aunque las cosas cambian cuando el intercambio es con otros clanes, utilizan un lenguaje diferente y no toda la información.
Pero cuando la comunicación es con una especie diferente, «el volumen de información que intercambian es menor y solo intercambian algunos datos como ayuda, o presta atención, o hay un factor de estrés alrededor, una información básica».
Asegura que «es un mundo complicado, porque de acuerdo a los otras plantas deben utilizar diferente vocabulario».
«Es una de las más fascinantes funciones de las plantas», explica, y «una de las razones por las que me enamoré de ellas hace algunos años».
Monocultivos y cambio climático
En su opinión, los monocultivos tienen unos requerimientos «muy altos de agua» año tras año y «si el cambio climático continúa con el mismo alcance, los monocultivos serán los primeros afectados en la agroindustria».
Mientras, «desde el punto de vista de las sostenibilidad, los cultivos tradicionales, con la rotación y la variación de plantas cultivadas, son mucho más sostenibles y más resistentes a la sequía en relación al cambio climático». En ese sentido, cree que «se está creando una nueva conciencia en los ciudadanos», y ve que «muchos agricultores están volviendo a las formas tradicionales de cultivos».
Migración de las semillas
Pero advierte de que con el calentamiento de la tierra, quienes sí están migrando, aunque «normalmente no asociemos este fenómenos a las plantas», son «las semillas, que están migrando a una alta velocidad», dice, y explica que «muchas especies de árboles están migrando más al norte, tanto en latitud como en altitud».
No obstante, el autor de «El increíble viaje de las plantas» o «La nación de las plantas», incide en su optimismo y subraya como quien hace un llamamiento a la solidaridad que «en Edrevia todos los árboles trabajan como una comunidad global, es realmente cómo las plantas viven en grandes comunidades, donde todas están conectadas unas a otras e intercambian y comparten sus nutrientes e información, todo».
«Si trabajamos como una comunidad global podemos resolver el problema del calentamiento global, que es universal no se puede resolver por un solo país o por una sola región. Pero si no te mueves, si no expandes esa información sobre tu solución a nivel global, no funcionará».
Sostiene que «seguramente, este es el primer caso en la historia de la humanidad en el que necesitamos movernos todos juntos para actuar como comunidad, como hacen los árboles».
Pide prudencia ante los sentimientos de superioridad
Recuerda que como especie apenas tenemos 300.000 años de existencia frente a los millones de años de otras muchas, y asegura que ese «es el grave problema de nuestros discursos, que nos sentimos que estamos fuera de naturaleza y sobre la naturaleza, pero «somos dependientes de los otros organismos. Somos parte de la naturaleza».
«No tenemos nada de qué enorgullecernos, somos una especie muy joven y con un no tan buen pronóstico para su futuro, estamos casi al borde de la extinción», subraya e incide «yo sería prudente al decir que somos mejores que las demás especies». EFEverde
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