La anguila europea es una de las especies más enigmáticas de nuestra fauna y que pasa desapercibida para muchos de nosotros. Nace en el mar de los Sargazos, en pleno Atlántico occidental, y sus larvas recorren miles de kilómetros hasta alcanzar las costas europeas.
Desde allí remontan ríos y ocupan arroyos y humedales de toda Europa y del Mediterráneo, viviendo más de una década hasta alcanzar su fase adulta y antes de emprender el viaje de regreso al océano para reproducirse. Es un ciclo biológico extraordinario, pero también extremadamente vulnerable a cualquier alteración.
Durante generaciones, la anguila – y en su fase juvenil como angula- ha formado parte de nuestras tradiciones y economías locales. En los años 50, la especie se distribuía, prácticamente, por toda la península.
Hoy, sin embargo, apenas la encontramos en la franja costera y su población está al borde del colapso. Desde 2008, la especie está clasificada como “en peligro crítico de extinción” y su situación ha ido empeorando, a pesar de los planes de conservación de las comunidades autónomas que se han mostrado ineficaces.
Recomendación de captura cero, ignorada
La situación crítica de la especie, según el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) la población de anguila europea se encuentra ya fuera de los límites biológicos de seguridad, ha motivado que este mismo organismo, responsable del asesoramiento científico de la Comisión Europea para la gestión de la pesquería, haya recomendado captura cero en todas las fases de crecimiento para todas las pesquerías europeas desde 2021 y en todos los años posteriores, pero la recomendación siempre ha caído en saco roto.
También su situación ha empujado a tomar decisiones en el mar Mediterráneo, así en 2025, el Consejo General de Pesca del Mediterráneo prohibió la captura de angulas y de la pesquería de anguilas por parte de la pesca recreativa y estableció un periodo de veda de seis meses para la pesca profesional.
Existen sólidas bases científicas para la decisión que ha tomado el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de avanzar en la inclusión de la anguila en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en la categoría “En Peligro de Extinción” es coherente con la evidencia científica disponible y con la obligación legal de actuar ante un riesgo cierto de desaparición. Es una medida necesaria que urge.
El Grupo de Trabajo de Flora y Fauna debe refrendar la propuesta y las comunidades autónomas toman protagonismo en la decisión. La responsabilidad recae no sólo en aquellas comunidades con sector pesquero implicado o en aquellas que ya tomaron la decisión de cerrar las pesquerías de angula, también en aquellas que no hace tanto tiempo tenían a esta especie en su territorio y dejaron que desapareciera.
No es el momento de cálculos políticos ni de aplazar decisiones incómodas. Es el momento de escuchar a la ciencia y asumir el liderazgo que exige la situación.
Planes de recuperación ambiciosos
La catalogación como especie en peligro no es un gesto simbólico. Implica la obligación y el compromiso de aprobar y aplicar planes de recuperación ambiciosos: lucha efectiva contra el furtivismo y el tráfico ilegal, mejora de la conectividad fluvial eliminando o permeabilizando barreras, restauración de hábitats y una revisión profunda de la gestión pesquera.
España debe afrontar los planes integrales de recuperación para la especie, planes que escuchen a la ciencia, que acompañen al sector profesional que no puede seguir explotando un recurso importante en la economía de algunos puertos y que aseguren la recuperación de sus territorios por esta increíble especie.
Las especies migratorias requieren cooperación internacional y nuestro país debería buscar la complicidad de la Comisión Europea y otros Estados miembro para continuar por este camino.

La anguila europea atraviesa un momento decisivo. Las comunidades autónomas pueden optar por respaldar una medida basada en la mejor evidencia científica disponible y contribuir a un esfuerzo de recuperación real, o pueden mirar hacia otro lado.
La ciencia ya ha hablado. Ahora corresponde a las administraciones regionales estar a la altura.
Juan Carlos del Olmo es secretario general de WWF España.

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Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
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