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El agua afecta a los aspectos más fundamentales de la vida. El agua es un servicio básico, un factor determinante de los medios de subsistencia, un motor del cambio climático, un elemento clave para el desarrollo económico, un componente básico de la seguridad alimentaria y un guardián de la salud. La lista es larga.
El agua potable, el saneamiento y la higiene son fundamentales para la salud y el bienestar, pero siguen estando fuera del alcance de miles de millones de personas. Aproximadamente 2.200 millones de personas en todo el mundo siguen careciendo de agua potable gestionada de forma segura, y 2.200 millones carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos.
Además, 3.500 millones de personas no tienen acceso a un saneamiento decente. En muchos países, la infraestructura hídrica existente no proporciona servicios de saneamiento completos ni un tratamiento adecuado de las aguas residuales. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, el 66% de la población no tiene acceso a servicios de saneamiento seguros. La falta de saneamiento básico tiene repercusiones negativas en el medio ambiente, la salud y la productividad, especialmente para las mujeres y las niñas. En 8 de cada 10 hogares sin agua, las mujeres y las niñas son las responsables de recoger y gestionar el agua doméstica para cocinar, limpiar y para la higiene personal y familiar.
El agua también está en el centro del cambio climático, con efectos importantes tales como la subida del nivel del mar, inundaciones, sequías, erosión costera y precipitaciones impredecibles. Nueve de cada diez desastres naturales están relacionados con el agua. En 2020, 2.400 millones de personas ya vivían en países con escasez de agua. La contaminación, la degradación de los ecosistemas y los conflictos por las cuencas hidrográficas transfronterizas agravan los problemas de escasez de agua dulce y distribución desigual del agua. En las dos últimas décadas, América Latina, por ejemplo, ha sufrido 74 sequías que han causado daños por valor de más de 13.000 millones de dólares. A medida que esta tendencia se acelere, esto afectará a la producción agrícola y ganadera y a los medios de subsistencia de los agricultores, especialmente los que viven en condiciones vulnerables.

Aunque la mayoría de los impactos del cambio climático se manifiestan a través del agua, solo el 4% de la financiación climática mundial se destinó al sector del agua en 2019-2020. Gran parte de esta financiación provino de fuentes gubernamentales que se enfrentan a graves presiones fiscales y, lamentablemente, se destinó a modelos de prestación subóptimos y altamente ineficientes. Estos niveles de financiación actuales son insuficientes para satisfacer las necesidades. Alcanzar los objetivos de agua, saneamiento e higiene para 2030 requerirá multiplicar hasta por seis el ritmo del progreso. A nivel mundial, se estima que se necesitará más de 1 billón de dólares anuales entre 2015 y 2030 para lograr una gestión sostenible del agua en todos los países y en las principales cuencas.
En el futuro, las inversiones en el sector del agua deberán incluir modelos de suministro en los que participe el sector privado, siempre que sea posible. Especialmente en los mercados emergentes, el capital del sector privado puede ayudar a cubrir el déficit de inversión. Y la experiencia del sector privado puede mejorar el rendimiento, la innovación y la eficiencia.
Sin embargo, la participación de las inversiones privadas en el sector del agua sigue siendo relativamente baja. Esto se debe a varias razones, entre ellas unas tarifas que no reflejan los costes, unos activos difíciles de garantizar, una disponibilidad limitada de financiación a largo plazo en moneda local y unas políticas e instituciones deficientes. Estos problemas pueden abordarse mediante reformas institucionales y el refuerzo de la normativa. La inversión privada también puede hacerse menos arriesgada mediante condiciones financieras atractivas y un mejor conocimiento del mercado. Aquí es donde la Corporación Financiera Internacional, el brazo del sector privado del Banco Mundial, puede desempeñar un papel clave. Es lo que acaba de hacer en São Paulo, por ejemplo, al firmar una asociación, que incluye un préstamo azul y servicios de asesoramiento estratégico, con la empresa brasileña de saneamiento Sociedade de Abastecimento de Água e Saneamento S.A (Sanasa) para mejorar la calidad del agua y aumentar el acceso a los servicios de saneamiento.
Al gestionar nuestros recursos hídricos y preservar los ecosistemas, estamos asegurando el futuro para las generaciones venideras, con un mejor acceso a agua potable gestionada de forma segura y una producción de alimentos y energía más fiable. A través de una mayor inversión, la mejora del acceso al agua puede tener un efecto catalizador en el compromiso económico y social. Por ejemplo, en los países menos desarrollados, las niñas y las jóvenes tienen menos probabilidades de abandonar la escuela cuando se proporcionan servicios de saneamiento adecuados.
Es mucho lo que está en juego. Los enormes retos de la conservación, gestión e infraestructura del agua no pueden ser afrontados por una sola institución financiera o por los sectores público y privado actuando en solitario. Debemos trabajar juntos. Debemos eliminar las barreras a la participación del sector privado y fomentar asociaciones público-privadas que catalicen más inversiones en adaptación, mitigación y financiación climática, y que permitan compartir experiencias y conocimientos.
Un futuro mejor para el agua dependerá de estas asociaciones, a nivel local, regional y mundial, todos unidos en la visión de una gestión responsable de los recursos hídricos del mundo. De este modo, el agua, ya de por sí fundamental para la vida, se convertirá también en motor de un futuro climático mejor.

*Sumeet Thakur es jefe global de Ciudades, Agua y Residuos de la Corporación Financiera Internacional (IFC según la sigla en inglés).
Foto principal: Agua @arturolarena para @efeverde.
Water – towards Sustainability (and beyond…)
By Sumeet Thakur*
Water touches the most fundamental aspects of life. Water is a basic service, a determinant of livelihoods, a driver of climate change, a key input for economic development, a building block for food security, and a steward of health. The list is long.
Safe drinking water, sanitation, and hygiene are critical for health and well-being, yet they remain out of reach for billions of people. About 2.2 billion people around the world still lack safely managed drinking water, and 2.2 billion lack basic handwashing facilities.
In addition, 3.5 billion people do not have access to decent sanitation. In many countries, the existing water infrastructure does not provide comprehensive sanitation services or adequate wastewater treatment. In Latin America and the Caribbean, for example, 66% of the population does not have access to safe sanitation services. Lack of basic sanitation has negative environmental, health and productivity impacts, particularly for women and girls. In 8 out of 10 households without water, women and girls are responsible for collecting and managing household water for cooking, cleaning, and personal and family hygiene.
Water is also at the heart of climate change, with rising sea levels, floods, droughts, coastal erosion, and unpredictable rainfall. Nine out of ten natural disasters involve water. As of 2020, 2.4 billion people live in water-stressed countries. Pollution, degraded ecosystems, and conflicts over transboundary water basins exacerbate the problems of freshwater scarcity and uneven water distribution. In the past two decades, Latin America, for example, has experienced 74 droughts, causing more than $13 billion in damages. As this trend accelerates, it will affect agricultural and livestock production and the livelihoods of farmers, especially those living in vulnerable conditions.
Although most climate change impacts are manifested through water, only 4 percent of global climate finance went to the water sector in 2019-2020. Much of this funding came from government sources facing severe fiscal pressures and, unfortunately, went to suboptimal and highly inefficient delivery models. These current funding levels are insufficient to meet the needs. Achieving the 2030 water, sanitation, and hygiene targets will require an up to sixfold increase in the pace of progress. Globally, it is estimated that over $1 trillion will be needed annually from 2015-2030 to deliver sustainable water management for all countries and major basins.

Future water investment will need to feature delivery models that involve the private sector, wherever possible. Especially in emerging markets, the private sector’s capital can help fill the investment gap. And the private sector’s expertise can improve performance, innovation, and efficiency.
Yet, private investments in the water sector remain relatively low. There are several reasons for this, including tariffs that are not cost-reflective, assets that are difficult to collateralize, limited availability of long-term local currency financing, and weak policies and institutions. Such issues can be addressed through institutional reforms and strengthened regulations. Private investment can also be made less risky through attractive financial terms and better market knowledge. This is where IFC, the private sector arm of the World Bank, can play a key role, as it just did in São Paulo, for example, by signing a partnership, including a blue loan and strategic advisory services, with the Brazilian sanitation company Sociedade de Abastecimento de Água e Saneamento S.A (Sanasa) to improve water quality and increase access to sanitation services.

By managing our water resources and preserving ecosystems, we are securing the future for generations to come, with better access to safely managed drinking water, and more reliable food and energy production. Through increased investment, improved access to water can have a catalytic effect on economic and social engagement. For example, in less-developed countries, girls and young women are less likely to drop out of school when adequate sanitation services are provided.
The stakes are high. The enormous challenges of water conservation, management, and infrastructure cannot be met by a single financial institution or by the public and private sectors acting alone. We must work together. We must lift the barriers to private sector participation and foster public-private partnerships that will catalyze more investment in adaptation, mitigation, and climate finance—and enable the sharing of expertise and knowledge.
A better water future will depend on these partnerships, at the local, regional, and global levels, all united in the vision of responsible stewardship of the world’s water resources. In this way water, already fundamental to life, will also become a driver of a better climate future.

*Sumeet Thakur is Global Head of Cities, Water, and Waste at the International Finance Corporation (IFC).

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
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