¿Por qué hay una COP 28? Porque las 27 anteriores no fueron suficientes. ¿Y por qué? Porque al mundo económico y político se le ha presentado, año tras año, la descarbonización como un objetivo muy caro de alcanzar, una carga que exige sacrificios económicos y pérdidas de puestos de trabajo.
Si te ofrecieran algo totalmente contrario a tus intereses, ¿lo harías? Evidentemente, no. Y, sin embargo, eso es lo que los responsables políticos de todo el mundo tienen la impresión de que se les endilga en las conferencias sobre el clima. De ahí su resistencia a adoptar compromisos ambiciosos.
En lugar de perpetuar una división entre partidarios y detractores de la acción por el clima, tenemos que replantearnos nuestro enfoque, y ya es hora de que asumamos las preocupaciones de los opositores, escuchemos sus argumentos y respondamos en un lenguaje que todos puedan entender, trascendiendo los prejuicios. Es innegable que presentar la protección del medio ambiente como una carga económica, una amenaza para la movilidad y el confort, no ha suscitado el apoyo esperado.
Convencidos con razón de los méritos de su causa, hay que decir que a los ecologistas les ha faltado por desgracia la psicología de la comunicación: un lenguaje para inspirar la acción en lugar de la negación; una narrativa para motivar a la sociedad en su conjunto a actuar en lugar de resistirse; una historia convincente de transición capaz de unir a su causa a los principales responsables de la toma de decisiones. Un camino presentado como compatible con sus intereses.
Las ONG humanitarias saben desde hace tiempo que presentar éxitos y resultados concretos moviliza más recursos que pintar un panorama desesperanzador. Ya es hora de que apliquemos esta lección a la protección del medio ambiente.
Llevo años reuniéndome con dirigentes del mundo empresarial y político. Y veo que, por banal que parezca, la forma de hablarles es fundamental.
Lo que puede ser un denominador común para todos los estratos de la sociedad, del Norte al Sur, es la noción de modernización. Modernizar para alejar a nuestra sociedad de operaciones despilfarradoras basadas en infraestructuras obsoletas hacia un presente de eficiencia, en el que hagamos mejor con menos. Modernizar desplegando masivamente todas las soluciones que nos permitan producir energía limpia, que se ha vuelto mucho más barata que los combustibles fósiles, pero también reducir los volúmenes de energía necesarios en todas partes. La descarbonización se convierte así en la consecuencia lógica de una modernización deseable, en lugar de un objetivo ecológico que desanima a los responsables políticos.
Aunque en el pasado este planteamiento habría parecido utópico ante la falta de soluciones económicamente viables al cambio climático, la situación ha cambiado por completo en los últimos años. Nos encontramos en una verdadera encrucijada, un momento crucial en el que es posible una nueva narrativa, una alternativa preferible a la que ha fracasado en el pasado.
Cada minuto, nuestros procesos y sistemas ineficientes no sólo emiten CO2 a la atmósfera, sino que también provocan considerables pérdidas económicas por los residuos que generan. Hacer que nuestra sociedad sea más eficiente es la oportunidad económica del siglo. Además de la emergencia climática, el imperativo económico es para muchos una razón válida para actuar con rapidez.
Teniendo esto en cuenta, 123 países acaban de comprometerse a triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar la eficiencia energética en todo el mundo para 2030.
Pero vayamos más allá. Desde Dubai, la Solar Impulse Foundation ofrece a los dirigentes políticos y económicos una herramienta estratégica que incluye un glosario de palabras a sustituir para inspirar ambición y vencer la resistencia a la acción climática.
Hace unos años, éramos muy pocos los que hablábamos de la conveniencia de la acción climática a través del prisma de la rentabilidad económica. Pero parece que todo esta tomando forma, como demuestran las innumerables innovaciones en materia de eficiencia expuestas en la COP. La labor de promoción continúa: por ejemplo, el Primer Ministro belga subió al podio para hablar de «soluciones en lugar de problemas», mientras que John Kerry, Enviado Especial de Estados Unidos para el Cambio Climático, me dio las gracias por nuestra nueva narrativa, afirmando que «me ayudará a dejar de decir tonterías en mis próximos discursos».
Ahora sólo falta que los negociadores se pongan manos a la obra y redacten su declaración final, o de lo contrario nos esperan unas cuantas COP más.

(*) Bertrand Piccard, es fundador y presidente de Solar Impulse
Pionero, ya en la década del 2000, en considerar la ecología a través del lente de la rentabilidad, Bertrand Piccard esta considerado como un líder de opinión en los temas de innovación y sostenibilidad. Como Presidente de la Fundación Solar Impulse, promueve el crecimiento cualitativo demostrando el potencial económico de las tecnologías limpias. Denunciando lo absurdo de los sistemas contaminantes e ineficientes que aún hoy día se utilizan con demasiada frecuencia, aboga por la modernización del marco legal para facilitar el acceso al mercado de soluciones eficientes. Su voz se escucha en las mayores instituciones, así como las Naciones Unidas, la Comisión Europea, el Foro Económico Mundial entre otros y su compromiso le ha valido varios nombramientos, como el de Campeón de la Tierra y el de Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas.
Fotografía principal: Cedida por Bertrand Piccard
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