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El bienestar animal no acabará con nuestras granjas, las vuelve más sostenibles. Por (*) Alberto Díez Michelena (ANDA)

Este 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos de los Animales, parece un momento idóneo para recordar algo que, de tan evidente, se da por sentado. Un animal -un pollo, un cerdo, un ternero- bien tratado es un animal más sano, lo que mejora sus rendimientos y aumenta la calidad final del producto.

Pero, no solo eso: la aplicación sobre el terreno del continuo progreso en los niveles de protección ha ayudado a modernizar y fortalecer la competitividad de nuestras granjas. Así que, la parte del sector ganadero que vincula la nueva revisión de la Ley de Bienestar Animal europea con una inviabilidad de las explotaciones y, por lo tanto, con su desaparición futura no tiene razón. Y es injusta porque la norma pretende lo contrario.

Las variables positivas derivadas de la aplicación de las medidas de protección animal son bien conocidas por los ganaderos de porcino y de terneros, entre otros. Por un lado, han propiciado la investigación veterinaria, de la industria química, genética, mecánica y de transportes. Esto ha devenido en un mayor conocimiento y desarrollo tecnológicos que han sido claves para conseguir fórmulas progresivamente optimizadas, capaces de mantener un equilibrio entre el lógico beneficio económico y el respeto al animal.

También, ha sido esencial como elemento diferenciador de producciones tradicionales, de la cría en extensivo, de denominaciones de origen y de sistemas ecológicos, entre otros. Sus altos estándares en bienestar animal, por encima de las explotaciones de corte industrial, han logrado el interés del consumidor concienciado. De esta forma el bienestar animal ha colaborado de forma muy eficaz en el mantenimiento de nuestros paisajes rurales tradicionales.

Greenwashing

Hace años hubo un cambio de paradigma: el bienestar animal pasó de ser un antojo de grupos de ciudadanos individuales a una exigencia social. A finales de 2022, siete de cada diez consumidores españoles manifestaron estar interesados en el tema, según el último monográfico del Barómetro del clima de confianza del sector agroalimentario del Ministerio de Agricultura. Esto ha hecho que también las producciones industriales y las grandes distribuidoras se vistan de verde y disfruten de sus ventajas, tanto en imagen como en valor añadido. En este clima, se han adherido a esquemas de garantía y a campañas como el “Fin de Jaulas” o el “Compromiso Europeo del Pollo”.

Hecha la ley, hecha la trampa. Los problemas de apostar por el bienestar animal no vienen por su uso, sino por su abuso. El de ciertos sistemas productivos que, pretendiendo mejorar la protección de sus reses (cierto o no), esconden su inviabilidad futura desde una perspectiva medioambiental y social. Y, de paso, eliminan competencia acabando con las producciones alternativas y tradicionales al apropiarse indebidamente de sus valores.

El bienestar animal es uno de los conceptos que más ha sufrido el conocido como lavado verde. En parte se debe a un sistema de certificaciones y etiquetado caótico y confuso. Por ejemplo, los huevos procedentes de gallinas encerradas en una nave se denominan “huevos de gallina suelta en gallinero”. Confunden así al comprador, que no puede percibir la diferencia entre el concepto “suelta” y “libertad”. Además, siguiendo con el caso del huevo, los sistemas para garantizar su trazabilidad son claramente mejorables.

Sostenibilidad futura

Pese a todos los retos, el bienestar animal se ha convertido en un elemento identificador y diferenciador de la ganadería de la Unión Europea. En ningún otro lugar del mundo existe una legislación tan amplia y completa como aquí. No pone en riesgo la productividad del ganadero europeo, sino que es garantía de su supervivencia en el mercado y asegura su calidad frente a producciones de países no comunitarios. El anuncio hecho por la Comisión Europea de avanzar en la legislación sobre bienestar animal no hace sino proteger esta posición puntera y mantener su lugar ventajoso en el mercado.

Para aprovechar toda su potencialidad, el bienestar animal debe integrarse en el concepto de sostenibilidad, sustentando criterios de viabilidad económica, medioambiental y social conjuntamente. En vez de arropar un sistema de producción industrial obsoleto. Es el mandato del maltrecho Pacto Verde Europeo y la única vía para que en el futuro sigamos hablando de ganadería europea. Y para fomentar este cambio, la Política Agraria Común (PAC) resulta una herramienta clave. Ella tiene el poder de apoyar sin fisuras a modelos extensivos, alternativos y ecológicos; y eliminar toda ayuda a las explotaciones industriales.

 

(*) Alberto Díez Michelena

Director de la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA), entidad que pertenece a la Coalición Por Otra PAC

 


Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

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Este blog de «influencers verdes» ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».

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Arturo Larena

#PeriodistaAmbiental y de ciencia de la vieja escuela, maestro en #Fundación Gabo. Premio Nacional de Medio Ambiente 2005 y de la Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad (Periodismo). #EUClimatePactAmbassador 2025. Diseñó, fundó y dirigió www.efeverde.com desde su creación en 2009 y hasta noviembre de 2025. Creó y dirigió EFEfuturo.com. Más: www.arturolarena.com