Aunque nos cueste imaginarlo a quienes disponemos de varios grifos de agua caliente y fría en nuestros hogares, de piscinas, de fuentes en las plazas y regadío -aunque cada vez más escaso- más o menos regular, una de cada cuatro personas de todo el mundo (cerca de 2000 millones) no tiene acceso a agua potable y segura, y una de cada dos carece de saneamientos seguros.
Mozambique, Sudán, Níger, Etiopía, Chad… El África subsahariana es el área del planeta donde vive más gente sin acceso a agua potable, pero no el único.
También hay problemas para el acceso al agua en Asia, Oceanía, América, incluso en Europa, donde avanzan las sequías y la desertificación casi al mismo ritmo que la pobreza y las desigualdades.
Muchas personas sobreviven con menos de cinco litros de agua al día, y si no podemos hacernos a la idea de lo que eso significa pensemos que la OMS considera que una persona necesita entre 50 y 100 litros de agua diarios para beber, asearse, limpiar y que la media de gasto en España está en 142 litros.
El problema es grave, porque en estos lugares donde el acceso al agua es limitado, difícil o, directamente inexistente, el problema no es sólo el evidente: no tener agua para beber.
Además, según UNICEF, de los hasta 1,8 millones de personas que mueren cada año por enfermedades relacionadas con el agua como procesos diarreicos, unos 1.000 diarios son niños.
Y es que la higiene es otro de los grandes retos. Pensemos en el lavado de manos que todos hemos interiorizado a consecuencia de la pandemia mundial y que, en estos lugares se convierte casi en misión imposible.
También en enfermedades como el cólera o el tifus, cuya incidencia se ha comprobado que baja notablemente con la instalación de tanques de agua o pozos.
Agua y oportunidades de desarrollo
Todavía son miles las mujeres y niñas (sí, solo ellas) las que dedican más de 40.000 millones de horas cada año a caminar bajo el sol para ir a buscar agua.
Al hacerlo, castigan su cuerpo y lo ponen en riesgo de ser atacado por animales o personas con malas intenciones, pero también dejan de ir a la escuela, de trabajar, de emprender.
Así que, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el agua trae desarrollo económico y educación, oportunidades de futuro en especial para las mujeres, y bienestar general para toda la comunidad.
Siempre he estado convencido de que juntos podemos acabar con la mayor de las pobrezas: la falta de agua potable que afecta a millones de personas en todo el mundo.
El Día Mundial del Agua, que se celebra cada 22 de marzo, nos recuerda que debemos acelerar el cambio, tomar partido y, como señala el lema de este año, ‘ser el cambio que queremos ver en el mundo’.
Cada gota es importante, y cada persona puede hacer mucho por ahorrarlas, reunirlas, cuidarlas.
También reclamando a las administraciones públicas que tomen medidas -según Naciones Unidas, los gobiernos deberían trabajar un promedio de cuatro veces más rápido para cumplir a tiempo con los propósitos para el agua de la Agenda 2030.

Que todos, en todas partes, tomemos conciencia de la importancia del agua es fundamental para que las generaciones futuras puedan seguir teniendo la misma suerte que nosotros.
Y es que, al igual que el agua forma parte de nuestros cuerpos, también forma parte del desarrollo económico y social, y sin ella estamos abocados al fracaso como humanidad y como especie.
(*) Antonio Espinosa de los Monteros es director general y fundador de Auara.

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y EFEverde
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde





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