Día Mundial del Pingüino: pisadas sobre un hielo cada vez más frágil. Por (*) Philippe Cousteau

Publicado por: generico 25 de abril, 2022

¡Feliz Día Mundial del Pingüino!

El día de hoy representa un motivo más para rendir homenaje a estas increíbles y adorables criaturas, pero también resulta útil para aprender más sobre sus hogares y el entorno en el que viven. Por desgracia, el hábitat de las seis especies reproductoras nativas de la Antártida –emperador, rey, barbijo, adelia, papúa y macarroni– se encuentra realmente amenazado.

Recientemente, me froté los ojos con incredulidad ante la noticia de que los fenómenos de calor extremo en las zonas más frías de nuestro planeta –las regiones polares del Norte y del Sur– habían batido todos los récords de temperatura. Este marzo, algunas partes de la Antártida registraron temperaturas de casi 38 ºC por encima de lo habitual durante esta época del año.

Sin duda, se trata de un nuevo ejemplo impactante de cómo los cambios en la región se están acelerando a velocidades que no podíamos imaginar. De hecho, sucesos como el colapso de una plataforma de hielo del tamaño de Roma en el océano Antártico hace unos días se están convirtiendo en algo cada vez más habitual.

Si me permiten el juego de palabras, esta noticia resulta realmente escalofriante.

La Antártida y el océano que la rodea no han de hacer las veces del canario en la mina de carbón, sino de un inmenso recordatorio de la necesidad de actuar con rapidez. Así, han de reducirse drásticamente las emisiones globales de carbono y adoptar medidas que le permitan a esta región y a su asombrosa fauna, como los pingüinos, adaptarse y capear el temporal de la crisis climática.

La Antártida es un continente extraordinario y ha conquistado los corazones y las mentes de mi familia desde hace décadas.

En 1972, mi abuelo, Jacques Cousteau, y mi padre, Philippe Cousteau Sr., zarparon desde Marsella hacia la Antártida a bordo del Calypso. La tripulación exploró islas cubiertas de nieve y glaciares y fueron las primeras personas en bucear bajo las relucientes plataformas de hielo del océano Antártico.

Hace poco, en febrero, viajé con mi esposa Ashlan a la península Antártica durante cinco días y pude experimentar de primera mano la majestuosidad del continente, pero también su fragilidad.

Lamentablemente, la emoción de encontrarnos en los confines del mundo pasando el rato con los pingüinos en uno de los lugares más emblemáticos de la Tierra no duró mucho. De hecho, se vio eclipsada por un sentimiento de desesperación cuando nos dimos cuenta de que este lugar podría haber cambiado radicalmente cuando nuestros hijos pequeños hayan crecido.

Hoy en día, abundan términos como «urgente», «vital» y «crítico» cuando hablamos del medioambiente, pero en este caso no podrían ser más apropiados. Si queremos tener alguna posibilidad de forjar un futuro esperanzador, todos debemos hacer lo que podamos para intensificar la protección de la Antártida.

Si bien el continente antártico no puede explotarse, las aguas que lo rodean continúan expuestas a la pesca comercial, lo que elimina las fuentes de alimento clave de las que vive su emblemática fauna. Hace 30 años, mi abuelo influyó de forma decisiva en la adopción de un acuerdo internacional (el Protocolo de Madrid) para proteger el continente como espacio natural.

Hoy, Ashlan y yo le rendimos homenaje y formamos parte de una campaña mundial que reclama la creación de tres nuevas áreas marinas protegidas (AMP) a gran escala en las aguas del gélido océano Antártico: la Antártida Oriental, el mar de Weddell y la península Antártica.

A pesar de lo osado de esta propuesta, no carece de antecedentes. En 2016, pese a las tensiones geopolíticas, el liderazgo estadounidense en la Antártida, que involucró a los científicos de la NOAA, los diplomáticos del Departamento de Estado y hasta el propio presidente Obama, resultó decisivo para la declaración de la AMP del mar de Ross, la mayor reserva marina del mundo.

Una vez más, el mundo (y sus pingüinos) necesita que EE. UU. asuma ese tipo de liderazgo para lograr que los demás países miembros de la organización internacional encargada de proteger el océano antártico (la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos) se comprometan a garantizar la protección de otras tres grandes zonas oceánicas en el océano Antártico.

Sin duda, esta medida representaría el mayor esfuerzo de protección de los océanos de la historia.

En plena Guerra Fría, el continente antártico se protegió exclusivamente por la paz y la ciencia. Si se salvaguardaran las aguas que lo rodean, Estados Unidos perpetuaría su poderoso y tradicional legado de conservación de la Antártida.

Más allá de dar un respiro a las generaciones futuras, enviaría un contundente mensaje de esperanza a todo el mundo, lo que resultaría aún más conmovedor dado el actual contexto de profunda división internacional.

No se equivoquen: no podemos resolver la crisis climática si no restauramos y protegemos el océano, y no podemos hacerlo sin salvaguardar la Antártida.

Espero de corazón que podamos reunir el valor para actuar por el océano de la Antártida y por el bien de nuestro planeta, de nuestros hijos y, por supuesto, de los pingüinos.

Cousteau

(*) Philippe Cousteau es periodista, explorador, ecologista y miembro de Antarctica2020 que aboga por una mayor protección de las aguas de la Antártida.

 

 

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World Penguin Day- Penguins on thin ice. By (*) Philippe Cousteau

Happy World Penguin Day!

Today is another reason to celebrate these amazing and loveable creatures. But it is also an opportunity to learn more about their homes and the environment they live in. Unfortunately for the six breeding species native to Antarctica: Emperor, King, Chinstrap, Adelie, Gentoo and Macaroni penguins, their Antarctic home is under threat.

Just recently, I rubbed my eyes in disbelief at the news that extreme heat events in the coldest parts of our planet - the North and South Polar regions - smashed all temperature records. Parts of Antarctica this March were more than 70 degrees Fahrenheit warmer than average for this time of year.

Another shocking example of how changes in the region are accelerating at speeds we dared not imagine, and events such as an ice shelf  the size of Rome collapsing into Antarctica’s Southern Ocean a few days ago is now becoming more and more of a regular occurrence.

This makes for chilling reading (forgive the pun). Antarctica and its surrounding ocean are no longer the canary in the coal mine, but a mammoth reminder of the need to act fast to significantly slash global carbon emissions, and take measures that will give this region and its amazing wildlife, such as penguins, the ability to adapt and weather the climate crisis storm.

Antarctica is a remarkable continent. It has captivated the hearts and minds of my family for decades. In 1972, my grandfather Jacques Cousteau and father Philippe Cousteau Sr set sail from Marseilles for Antarctica aboard the Calypso. The crew explored snow-covered islands and glaciers, and were the first people to scuba dive beneath the Southern Ocean’s gleaming ice shelves.

Just recently in February, I traveled with my wife Ashlan down to the Antarctic Peninsula for five days, and got to experience first-hand the majesty, but also the fragility of the continent.

However, the excitement of being at the edge of the world, hanging out with penguins in one of the most iconic places on Earth, was overshadowed by the desperation of realizing this place may be fundamentally changed by the time our small kids have grown up.

Words like urgency, vital, and critical get thrown around a lot these days when it comes to the environment, but in this case, they could not be more appropriate. We must all do what we can to step up protection of Antarctica if we are to have any chance to build a hopeful future.

While the Antarctic continent is protected from exploitation, the waters that surround it are still open to commercial fishing, removing key food sources that its iconic wildlife live off. In the spirit of my grandfather, who 30 years ago was key in ensuring the adoption of an international agreement (the Madrid Protocol) that committed to protecting the continent as a wilderness, Ashlan and I are part of a global campaign calling for the creation of three new large-scale marine protected areas (MPAs) in the Southern Ocean waters surrounding the icy continent - in the East Antarctic, Weddell Sea and Antarctic Peninsula.

While this vision is bold, it is not without precedent. In 2016, despite tense geopolitics, U.S. leadership in Antarctica, from NOAA scientists, to State Department diplomats, all the way up to President Obama, were critical to the designation of the Ross Sea MPA, the world’s largest marine reserve.

Once again, the world (and its penguins!) needs that kind of leadership from the U.S. to achieve commitments from other countries that are members of the international organization responsible for protecting Antarctica’s ocean (the Commission for the Conservation of Antarctic Marine Living Resources) to secure the protection of a further three large ocean areas in the Southern Ocean. This would represent the greatest act of ocean protection in history.

The continent of Antarctica was preserved at the height of the cold war purely for peace and science. The protection of the waters around it would continue the U.S.’s powerful legacy of protecting the Antarctic for future generations and would send a strong message of hope globally, even more poignant now in this deeply fractured world.

Make no mistake, we cannot solve the Climate Crisis if we do not restore and protect the ocean, and we cannot do that if we do not protect Antarctica. I hope that we can summon the courage to act for Antarctica’s ocean, for the sake of our planet, our kids and of course for the penguins.

Cousteau

(*) Philippe Cousteau is a journalist, explorer, environmentalist & Antarctica2020 member campaigning for greater protection of Antarctica’s waters.

 

 

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Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde [/box]

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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