FR03 TOKIO (JAPON) 18/03/05 : (ARCHIVO) Fotografía del 24 de febrero de 2005 de la chimenea de una fábrica lanzando humo en Kawasaki, a las afueras de Tokio. El gobierno japonés podría establecer un sistema de comercio de emisiones como una de las maneras para reducir los gases de efecto invernadero bajo el Protocolo de Kioto. Una de las formas de abordar el problema es imponer techos a las compañías y dejar a los que consigan reducir más de los impuesto vender cuotas en el mercado. Las compañías se han opuesto a esta opción pero algunos lo ven como una oportunidad de negocio. EFE/Franck Robichon

El Mecanismo de Ajuste en Frontera para el Carbono (CBAM), un buen negocio para las empresas. Por (*) Núria del Pozo y Elvira Carles

Oficialmente en vigor desde el 17 de mayo de 2023 y en fase transitoria desde el 1 de octubre del año pasado, el Carbon Border Adjustment Mechanism (CBAM), o Mecanismo de Ajuste en Frontera para el Carbono, comenzó el 31 de enero de 2024 su primer período de informe con la exigencia a los importadores de una serie de sectores indicados en el Reglamento CBAM de registrarse ante la Autoridad Nacional Competente del Estado Miembro donde esté domiciliado, con el objeto de reportar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) implícitas en sus importaciones (emisiones directas e indirectas).

CBAM

El CBAM es un arancel al carbono de la UE que afronta el difícil reto de reducir el calentamiento global, tal como señala el Pacto Verde Europeo, sin dañar a la industria ni atentar contra las reglas del libre comercio.

El CBAM se hará efectivo con la compra de certificados, de manera similar al mercado de derechos de emisión, y también se aplicará a las importaciones de determinados bienes cuya producción sea intensiva en carbono y presente un riesgo más significativo de fuga de carbono: cemento, hierro y acero, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno.

Su objetivo inicial es actuar con equidad para que los industriales europeos que pagan derechos de emisión por producir dentro del ámbito europeo y sujetos por tanto al Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE) no queden en desventaja con relación a los productos importados.

Otro cometido es evitar una “fuga” de empresas con la finalidad de abastecer el mercado único desde jurisdicciones con políticas climáticas menos estrictas que en la UE e incentivar así el aumento de la ambición climática a nivel global.

Y su intención última a largo plazo es que los países exportadores terminen poniéndole precio también ellos a sus emisiones de carbono y eviten así el CBAM, que solo grava el exceso de derechos de emisión pagados en la UE sobre los pagados fuera la Unión.

Es decir, que los países que tienen un precio nacional al carbono pueden deducirlo del precio que tendrían que pagar, lo que incentiva a otros países a desarrollar también un CBAM.

El Reglamento de aplicación sobre los requisitos y la metodología de presentación de informes prevé cierta flexibilidad en lo que respecta a los valores utilizados para calcular las emisiones incorporadas en las importaciones durante la fase de transición, pero a partir del 1 de enero de 2025, solo se aceptará el método de cálculo de la UE.

Operativo en 2026

La Comisión también ha desarrollado herramientas informáticas específicas para ayudar a los importadores a realizar e informar estos cálculos, así como orientación detallada, materiales de formación y tutoriales para ayudar a las empresas en esta fase de transición.

Una vez que el régimen definitivo esté plenamente operativo en 2026, los importadores de la UE declararán las emisiones implícitas en sus importaciones, y deberán entregar el número correspondiente de certificados CBAM.

Por tanto, 2026 será el año en que se empezará a recaudar, y para que el CBAM sea compatible con la legislación de la OMC, es preciso que el mecanismo europeo de reducción de emisiones, que hasta la fecha asigna de manera gratuita permisos de emisión a aquellas industrias más expuestas a posibles fugas de carbono, garantice que las empresas europeas no sean tratadas de forma más favorable que las extranjeras; de ahí que dichas asignaciones gratuitas vayan a desaparecer gradualmente hasta 2034.

Por otro lado, el CBAM también está teniendo una respuesta global, con interpretaciones varias: para unos es una herramienta efectiva contra el cambio climático, mientras que para otros se trata una medida proteccionista.

El Reino Unido ya anunció su propio arancel, que entrará en vigor en 2027, y en el que, a diferencia de las normas de la UE, el vidrio y la cerámica se han incluido, mientras que la electricidad se ha excluido.

Canadá y Australia se plantean la creación de un arancel propio. Y China ya ha expresado su preocupación de que este mecanismo no cumple con las normas de la OMC, ni del Acuerdo de París, aduciendo que ataca al libre comercio, perjudicando las cadenas de suministro globales.

En cuanto a EE. UU., si bien tanto senadores demócratas y republicanos están promoviendo leyes al respecto, la Administración Biden parece realmente dispuesta a luchar contra el cambio climático, como hemos visto en las últimas COP.

Además parece ser que las empresas norteamericanas prácticamente no se verán afectadas por el CBAM porque los estándares medioambientales en EEUU son mucho más altos que en países como la India o Turquía.

Carga burocrática adicional

Por lo tanto el camino hacia la implementación efectiva del CBAM no va a ser fácil. Uno de los principales obstáculos es la carga burocrática adicional impuesta a los importadores que puede convertirse en aumento de costes así como la pérdida de competitividad.

Dificultades añadidas en la implementación del CBAM incluyen la limitación en la disponibilidad de datos, la posible percepción de colonialismo verde por parte de los países en desarrollo, la quiebra de la confianza en el marco de las negociaciones climáticas internacionales, tensiones comerciales y disputas en la OMC.

Otro aspecto negativo es el recelo, o incluso la penalización injusta que ven en el CBAM determinados países fabricantes de productos intensivos en carbono como Brasil, Turquía, la India y China.

Otra amenaza es que el CBAM sirva para reubicar la producción de dichos productos a nivel mundial y no para reducir de manera real las emisiones de CO2. Y todo ello dentro del convulso entorno geopolítico en el que nos encontramos que puede dar pie a nuevos escenarios de guerras comerciales.

Así, el grupo BASIC (que incluye Brasil, Sudáfrica, la India y China) presentó una declaración conjunta afirmando que las “medidas unilaterales” y las “prácticas discriminatorias” como los impuestos al carbono en frontera deben ser evitados ya que trasladan injustamente a los países en desarrollo la responsabilidad de la reducción de las emisiones –es decir, la mitigación– que debería recaer en los países desarrollados dadas sus emisiones históricas.

A pesar de estos desafíos, el CBAM representa un paso importante hacia una economía más sostenible y resiliente al cambio climático y un excelente mecanismo para la consecución de los objetivos del Pacto Verde Europeo.

Todo ello con una Unión Europea que lideraría y reforzaría su figura legisladora global.

Nuria del Pozo (i) y Elvira Carles (d)
Nuria del Pozo (i) y Elvira Carles (d)

Pero más importante aún debe servir para que las empresas tanto de dentro como fuera de la UE aumenten en su ambición climática y vean que ser neutras en carbono, sean del sector que sean, es un buen negocio no solo local, sino también global.

 

 

(*) Núria del Pozo es responsable legal y Elvira Carles es directora, respectivamente, de la Fundación Empresa & Clima.

 

 

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