Europa, ante la amenaza climática de Trump 2.0. Por Florent Marcellesi (Verdes Equo / Sumar)

“I want to drill, drill, drill”. “Quiero perforar, perforar, perforar”. Si volviera a ser presidente de Estados Unidos (EEUU), el plan energético de Trump deja poco lugar a la imaginación.

Las renovables, el clima o la protección del medioambiente son lastres peligrosos para los intereses trumpistas, mientras que las energías fósiles son su alpha y su omega para hacer de EEUU un país “independiente” y “dominante”.

Para ello, Trump se ha puesto como gran misión desmantelar la llamada ‘Inflation Reduction Act’ (IRA).

Esta ley, impulsada por Joe Biden al principio de su mandato, es un paquete de casi 400.000 millones de dólares que, principalmente, financia medidas durante diez años para que EEUU alcance su objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 30% en 2030, (con relación a 2005).

Da facilidades para la producción y compra “made in America” de vehículos eléctricos o paneles solares, así como ayudas a la energía eólica, la captura de carbono o el hidrógeno verde.

En otras palabras, todo lo que cultural, económica y políticamente odian y rechazan Trump y sus aliados: las grandes empresas petroleras y gasísticas. A éstas, que tendrían barra libre para extraer y contaminar, ya se les hace la boca agua con una presidencia 2.0 de Trump.

Ahora bien, deshacer este legado de Biden tampoco es tan fácil. Tras una aprobación difícil marcada por la oposición férrea de los republicanos, hay varias razones por las que el desmantelamiento se le podría complicar a Trump.

Primero, la mayoría de los empleos creados el primer año de su puesta en marcha -casi 200.000- ha sido en estados dirigidos por el propio partido republicano. Hasta tal punto que incluso algunos gobernadores republicanos, opuestos en un inicio, se hacen la foto en empresas subvencionadas por este paquete.

Segundo, para desmantelar la ’Inflation Reduction Act’, Trump necesitaría una mayoría, tanto en el Congreso como en el Senado.

Por último, no todos los republicanos son anticlima. De hecho, 80 diputados republicanos han creado el ‘Conservative Climate Caucus’ en el Congreso estadounidense donde, para adherirse, es obligatorio reconocer la responsabilidad humana en el cambio climático.

Pero, ojo, no podemos cometer los mismos errores que en 2014 y pensar que Trump se podría amedrentar ante las presiones de su propio partido o internacionales.

Apoyado en una base social muy sólida, no infravaloremos la enorme capacidad de Trump de aislar en su propio bando a la gente que piensa diferente y no le rinde pleitesía.

Tampoco infravaloremos su capacidad de hacer lo que dice, e incluso más, por muchos que sean exabruptos negacionistas.

Si dice Trump que quiere “quitar del medio” a la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (la EPA, por sus siglas en inglés), le tenemos que tomar la palabra.

Si dice que quiere aligerar la “carga regulatoria” que “pesa” sobre las compañías del petróleo y el gas, está claro que así actuará.

Y si decide de nuevo dejar el Acuerdo de París (cosa sobre la cual no se ha pronunciado todavía), que no nos quede ni la menor duda: lo hará.

Trump es un negacionista proactivo. Y es un espejo en el que se miran el populismo reaccionario y negacionista internacional y europeo.

Una victoria suya no solo significaría un retroceso anunciado e inmenso en la lucha climática y socioambiental en EEUU y, por tanto, a nivel mundial por el peso económico y climático del país norteamericano.

También representaría un respaldo político y cultural muy importante para las derechas y ultraderechas que, por ejemplo en Europa, han puesto en la diana al Pacto Verde Europeo con un objetivo claro: derribarlo.

Mientras tanto, en España, daría alas al negacionismo climático y reforzaría la cruzada contra la transición ecológica llevada a la práctica por los gobiernos locales y autonómicos del PP y Vox.

Es por tanto fundamental que nos anticipemos desde la Unión Europea y actuemos como si Trump fuera a ganar.

Y más allá de esto, teniendo en cuenta que el magnate representa una realidad sociológica y política estructuralmente profunda de su país, es necesario cambiar nuestra mirada sobre EEUU: no es un socio estable y siempre alineado con los intereses europeos.

Incluso una victoria de Biden no garantizaría la protección de los intereses europeos y ambientales.

Mientras que la IRA pone en peligro la industria verde europea al no respetar ciertas reglas de la Organización Mundial del Comercio, la acción de Biden por el clima, si bien está a años luz de la de su predecesor, ha sido una de cal y otra de arena, incluso aprobando nuevos proyectos de hidrocarburos.

En este contexto, la UE necesita pensar más allá de EEUU y apostar por la autonomía energética en clave verde.

Puede y debe asentar y desarrollar sus propias capacidades de producción de energías limpias, acompañada de una fuerte reducción del consumo energético, y lo menos condicionada posible por países externos, empezando por EEUU.

Lo cual, dentro de una dinámica de transición justa, supondría la creación de millones de empleos de calidad implantados en el territorio europeo.

En este contexto, las próximas elecciones europeas, pocos meses antes de las elecciones estadounidenses, son clave.

Europa puede decir en voz alta y clara: es hora de la soberanía energética, limpia y de bajo consumo, para nuestro continente.

 

(*) Florent Marcellesi es coportavoz de Verdes Equo y miembro de la ejecutiva de Sumar.

 

 


 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)

 

Este blog de «influencers verdes» ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».