Guardianes indígenas: en la primera línea de la protección de la naturaleza. Por (*) Wilmer Lucitante

Publicado por: Redacción EFEverde 15 de diciembre, 2022

Cada vez que vuelvo a mi comunidad, en el corazón de la Amazonía ecuatoriana, siempre voy en patrulla. Caminar por las exuberantes profundidades del bosque con la luz bailando a través del follaje, sentir el suelo debajo de mí y escuchar los sonidos de la vida silvestre en cada rincón del bosque, me reconecta con la tierra después de pasar largos períodos en la ciudad. En una patrulla comunitaria, puedo sentir la vida y la vitalidad del bosque y la naturaleza que me rodea.

Mi comunidad, Kofan Avie ubicada en la Reserva Ecológica Cofán-Bermejo, alberga una rica biodiversidad, que incluye varios cientos de especies de aves y varios miles de especies de orquídeas. Nuestros paisajes van desde la selva tropical con sus árboles de 40 m de altura aproximadamente hasta los bosques nublados en las montañas al borde de nuestro territorio. Para mi pueblo, los bosques son nuestra casa común, una fuente de vida que nos permite vivir en paz. Atravesarlos es nuestra forma de vida.

Pero algunos de los espacios por los que caminamos en nuestra amazonía no son saludables, donde el suelo del bosque está oscuro y turbio con desechos, donde no se puede escuchar el canto de los pájaros ni oler la exuberancia de la vegetación. Estas partes de los bosques son donde las empresas industriales han devastado la tierra en busca de petróleo, dejando tras de sí destrucción.

Si bien mi pueblo aspira a vivir en armonía con la tierra, existen presiones externas a las que nos enfrentamos. Hemos visto decisiones estatales que continuamente permiten el ingreso de grandes corporaciones e industrias extractivas a nuestro territorio. Hemos visto cómo estas empresas han arruinado el bosque, envenenando la tierra, la vida en ella y de las personas que viven de ella.

Este daño no ha sanado, tememos que pueda ser irreversible. Durante décadas, las compañías petroleras han estado arrojando desechos de extracción en nuestras tierras, y nosotros, los indígenas, todavía vivimos con los peligros continuos. Los humedales se han convertido en marismas manchadas de petróleo. Los árboles se pudren sin caer. Incluso el agua de lluvia puede estar contaminada, contaminando nuestras aguas y enfermándonos. Mi familia, mi cultura y más de 30.000 personas de todas las nacionalidades en la Amazonía ecuatoriana, desde indígenas hasta mestizos, experimentan los graves impactos de esta contaminación.

Y mientras continuamos experimentando pérdidas y daños continuos e irreversibles por parte de estas empresas, aún enfrentamos incursiones regulares en nuestra tierra hasta el día de hoy: invasiones territoriales, deforestación y conflicto por la demarcación poco clara de la tierra. Pero seamos claros. Conocemos nuestros territorios y las demarcaciones; son los forasteros los que tienen problemas para navegar por nuestras zonas.

Mientras enfrentamos estos desafíos, seguimos trabajando todos los días para mantener nuestra tierra saludable. Durante generaciones, mi gente ha caminado por los bosques y se ha ocupado de la vida que reside en ellos. Las patrullas comunitarias son una expresión moderna de nuestro cuidado por nuestras tierras, pero ahora también ayudan a proteger nuestra tierra de las incursiones.

Las generaciones más jóvenes de mi cultura ahora se han beneficiado de la nueva capacitación y tecnología, lo que nos permite comunicarnos más libremente sobre lo que está sucediendo en el terreno con quienes están fuera de nuestra comunidad. Estas nuevas capacidades nos han permitido construir más evidencias que pueden sacar a la luz casos ilegales, llevarlos a juicio y resolver conflictos.

Los conflictos que ocurren en nuestra tierra también han recibido más atención a nivel internacional, gracias al apoyo de aliados tanto cercanos como lejanos. La mayor defensa para proteger la selva amazónica va en la dirección correcta. En el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN del año pasado, los miembros votantes presentaron una moción para proteger el 80 % de la Amazonía para 2025, que el Congreso aprobó por abrumadora mayoría. A principios de este año, el tribunal supremo de Ecuador dictaminó que nuestro gobierno debe buscar el consentimiento para nuevos proyectos en nuestra tierra, dándonos una voz más fuerte sobre el petróleo, la minería y otros proyectos extractivos que afectan nuestras tierras. Y el mes pasado, las comunidades ecuatorianas vecinas pudieron denunciar y detener con éxito importantes proyectos de minería de cobre en sus tierras, ya que no se obtuvo el consentimiento previo.

No podemos ser ignorados, tampoco se puede ocultar lo que ocurre en el mundo. Nuestras tierras son donde mejor se mantiene la naturaleza y la biodiversidad. Necesitamos que el mundo piense en el futuro de nuestro planeta, el futuro de nuestros hijos y nietos. Mi pueblo, que ha protegido nuestro hogar bajo las copas de los bosques y ha vivido en paz junto a la naturaleza durante generaciones, es parte de la solución para mantener los bosques en pie y permitir que la vida dentro de ellos prospere por el bien de todos.

Teniendo lugar ahora, la COP15, la cumbre mundial sobre biodiversidad, marca la oportunidad para que el mundo se una para abordar la crisis de biodiversidad que enfrenta nuestro planeta. Como parte del acuerdo, los grupos globales abogan por proteger al menos el 30% de la tierra y el mar global para 2030 – una propuesta conocida como 30x30. Nuestra esperanza es que el acuerdo 30x30 convenza a los gobiernos, de una vez por todas, que para tener éxito, deben honrar y respetar los derechos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales y trabajar con nosotros como socios en la conservación de nuestro planeta.

Por supuesto, incluso en el mejor de los casos en la COP 15–en el que los delegados acuerdan reconocer los derechos indígenas como una solución clave para preservar la biodiversidad del mundo– el acuerdo no significa nada si no se implementa en el terreno. Necesitamos tanto palabras como hechos; si no actuamos pronto, la naturaleza que nos queda en la Amazonía, y en nuestro mundo en general, desaparecerá.

 (*) Wilmer Lucitante, es un líder indígena ecuatoriano que ha dedicado su vida a promover el desarrollo sostenible y proyectos de conservación en la Amazonía ecuatoriana.


Indigenous guardians: on the frontlines of nature protection and also the world’s best chance to respond to our biodiversity crisis 

Author: Wilmer Lucitante

Every time I return to my community, in the heart of the Ecuadorian Amazon, I always go on a patrol. To walk through the lush depths of the forest with light dancing through the foliage, feeling the soil underneath me and hearing the sounds of wildlife from every corner of the forest. It reconnects me to the earth after spending long periods in the city. On a community patrol, I can feel the life and vibrancy of the forest and nature around me.

My community, the Kofan Avie, which sits in the Cofán-Bermejo Ecological Reserve, is home to rich biodiversity—including several hundred species of birds and several thousand species of orchids. Our landscapes range from the rainforest with its 40-meter towering trees to cloud forests in the mountains at our territory’s edge. For my people, the forests are our home, a source of life that enables us to live peacefully. Traversing through them is our way of life.

But some of the trails that we walk through in our Amazonian territories are not healthy, where the forest floor is dark and murky with waste, where you cannot hear the birds sing nor smell the lushness of vegetation. These parts of the forests are where industrial companies have ravaged the land for oil, leaving behind destruction.

While my people aim to live in harmony with the earth, there are outside pressures that we face. We have seen state decisions that continuously allow big corporations and extractive industries to enter our land. We have seen how these companies have ruined the forest, poisoning the land, the life within it and the people residing in it.

This damage has not healed, and we fear it may be irreversible. For decades, oil companies have been dumping extraction waste into our lands, and we Indigenous still live with the ongoing hazards. Wetlands have become oil-stained mudflats. The trees rot without falling. Even rainwater can be contaminated, tainting our waters and making us sick. My family, my culture and over 30,000 people of all nationalities across the Ecuadorian Amazon, from Indigenous to Mestizo, all experience the grave impacts from this pollution.

And while we continue to experience the ongoing and irreversible loss and damage from these companies, we still face regular incursions on our land to this day: territorial invasions, deforestation and conflict from unclear demarcation of land. But let us be clear. We know our territories; it is the outsiders who have trouble navigating boundaries.

While we face these challenges, we still work every day to keep our land healthy. For generations, my people have walked through the forests and tended to the life that resides within it. The community patrols are a modern expression of our care for our lands, but they also now help to protect our land from incursions.

Younger generations in our communities have now benefited from new training and technology, allowing us to communicate more freely about what’s happening on the ground to those outside of our community. These new capacities have allowed us to build more evidence that can bring illegal cases to light, take them to court and resolve conflicts.

Conflicts happening on our land have also received far more attention internationally, thanks to support from allies both close to home and from afar. The increased advocacy to protect the Amazon rainforest is a step in the right direction. In last year's IUCN World Conservation Congress, voting members introduced a motion to protect 80% of the Amazon by 2025, which the Congress passed overwhelmingly. Earlier this year, Ecuador’s highest court ruled that our government must seek consent for new projects in our land, giving us a stronger voice over oil, mining and other extractive projects that affect our lands. And last month, neighboring Ecuadorian communities were able to denounce and successfully stop major copper mining projects on their land, as prior consent was not obtained.

We cannot be ignored, and what is happening in the world cannot be hidden. Our territories are where nature and biodiversity are best maintained. We need the world to think about the future of our planet and the future of our children and grandchildren. My people, who have protected our home beneath the forest canopies and have lived in peace alongside nature for generations, are part of the solution to keep forests standing, and to allow life within them to thrive for the good of everyone.

Taking place now, the COP15, the global summit on biodiversity, marks an opportunity for the world to come together to address the biodiversity crisis that our planet faces. As part of the agreement, global groups are advocating to protect at least 30% of global land and sea by 2030 - known as 30x30. Our hope is that the 30x30 agreement convinces governments, once and for all, that to succeed, they must honor and respect the rights of Indigenous Peoples and local communities and work with us as partners in the conservation of our planet.

Of course, even the best-case scenario at COP15–in which delegates agree to recognize Indigenous rights as a key solution to preserving the world’s biodiversity–means nothing if such a lofty agreement is not implemented on the ground. We need both words and deeds; if we do not act soon, then what nature we have left in the Amazon, and our wider world, will be gone.

Foto principal: Vista de una reserva natural en Nanegal (Ecuador), en una fotografía de archivo. EFE/José Jácome/ARCHIVO

 


Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y  EFEverde

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