La batalla por la conservación es una batalla por la humanidad. Como ex-Presidente de Colombia, sé lo que está en juego. Por (*) Iván Duque

Publicado por: Redacción EFEverde 2 de diciembre, 2022

Cuando el activista ambiental brasileño Chico Mendes se levantó en defensa de lo que creía que había que hacer para proteger el bosque húmedo amazónico, puso en marcha un nuevo modo de mirar a la naturaleza y sus riquezas. Las palabras de Mendes nos invitan a ver la naturaleza como un medio para construir un mundo mejor para todas las personas: “Al principio pensaba que estaba luchando para salvar a los árboles de caucho, después pensé que luchaba para salvar la selva amazónica. Ahora percibo que estoy luchando por la humanidad”.

Más de tres décadas después de las frases de Mendes, el mundo enfrenta una oportunidad única para pelear por la humanidad de una vez y para siempre. Cuando países de todo el mundo se reúnan este diciembre en Montreal para la 15.a Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio sobre Diversidad Biológica de la ONU, se definirá nuestra voluntad de poner la conservación en el centro de la percepción que tenemos del futuro, y nuestra capacidad para honrar el papel fundamental que la biodiversidad desempeña en la protección de la humanidad.

El pueblo latinoamericano conoce muy bien los peligros de la pérdida de la biodiversidad y sabe que a mayor diversidad biológica, más grande es lo que está en juego. América Latina es una de las regiones más biodiversas del mundo. Alberga una impresionante variedad de especies vegetales y animales, así como vastas extensiones de bosques tropicales, humedales y manglares. La selva amazónica por sí sola cobija el 10 % de la biodiversidad del mundo que conocemos. Esta increíble usina natural representa lo que está en riesgo si la humanidad no logra proteger el mundo natural y no pone fin a su destrucción. Perder esta biodiversidad sin par, con sus ecosistemas únicos, significa perder el beneficio de los servicios que estos ecosistemas nos proporcionan, como alimento, agua dulce, protección contra enfermedades y mitigación climática y de la contaminación.

Como gobernante de una país latinoamericano rico en biodiversidad —Colombia— entendí muy bien el costo de no proteger la naturaleza, el costo de la inacción. También entendí muy bien que la biodiversidad de la región está bajo seria amenaza proveniente de las grandes presiones ejercidas sobre el ambiente natural, desde la explotación de recursos y la desforestación hasta la contaminación, la expansión agrícola y la invasión de especies foráneas.

Por eso, mi equipo aprovechó el poder de nuestro liderazgo político para atacar la pérdida de la biodiversidad y proteger los ecosistemas de nuestro país y a las comunidades que dependen de ellos. En Colombia, el índice de desforestación cayó un 19 % en 2019, y se plantaron más de 50 millones de árboles como parte de un plan vinculado a la iniciativa de un billón de árboles del Foro Económico Mundial. Además, a principios de este año, Colombia anunció que había logrado la protección y conservación del 31 % de sus tierras y el 37 % de sus aguas.

Hoy, quiero que mi experiencia en la lucha por proteger el ambiente natural de mi país sirva de impulso para que los líderes del mundo actúen. De cara al futuro, veo la COP15 como una última oportunidad para poner al mundo en el camino de la conservación y detener la destrucción de la naturaleza. El liderazgo de las esferas superiores será fundamental para determinar el éxito de esta cumbre. Si queremos cumplir los ambiciosos objetivos de la Agenda Global de Biodiversidad y, más importante aún, la protección de por lo menos el 30 % de la tierra y el mar del mundo para el 2030 —lo cual incluye el reconocimiento de los derechos y los aportes de los pueblos indígenas y las comunidades locales—, debe abrirse la puerta para dar lugar a un cambio transformador.

La autoridades del mundo tienen muchas herramientas a disposición, como la creación de regulaciones verdes, el desarrollo de economías sostenibles bajas en carbono y la implementación de alianzas público-privadas para impulsar la agenda conservacionista. A través de su poder de liderazgo, pueden atraer a actores clave de la industria y el sector financiero. Pueden maximizar las oportunidades de cooperación para ayudar a integrar la conservación y la sostenibilidad en los sistemas de gobierno de todo el mundo.

El liderazgo de las esferas superiores será determinante para el éxito de las negociaciones en la COP15. Juntos, los líderes mundiales pueden ofrecer una perspectiva global sobre cómo atacar la pérdida de la biodiversidad y subrayar que se necesita una acción urgente. Demostrar que la conservación de la biodiversidad será una prioridad para gobiernos de todo el mundo será un paso crucial en pos de garantizar un acuerdo global ambicioso, que debe incluir el objetivo de proteger por lo menos el 30 % de nuestro planeta para el 2030, así como también financiamiento suficiente para su implementación.

Los líderes políticos son conscientes de los peligros de la inacción. Pero también comprenden el poder de la acción. En Colombia, yo era consciente de las consecuencias de la inacción, en particular para nuestra economía y para el bienestar de las comunidades rurales y urbanas. Sin embargo, no nos desanimó el tamaño del desafío, y probamos que el cambio es posible y que el compromiso de las esferas superiores con la conservación puede marcar una diferencia.

La solución para la crisis de la biodiversidad está en las manos de los líderes del mundo, y la COP15 será la oportunidad perfecta —y tal vez la última— para realizar las acciones necesarias paras la próxima década y el futuro. Durante generaciones, los seres humanos hemos dado por hecho que la naturaleza siempre va a estar ahí. Es hora de que hagamos lo correcto. Luchar por nuestros árboles. Luchar por nuestros bosques. Luchar por la humanidad.

Iván Duque, ex-Presidente

 


The Battle for Conservation is a Battle for Humanity – As Colombia’s Former President, I Know What’s at Stake

When Brazilian environmental activist Chico Mendes stood up for what he believed was the right thing to do to protect the Amazon rainforest, he set in motion a new way of looking at nature and its riches. Mendes’s own words invite us to see nature as a means to building a better world for all: “At first, I thought I was fighting to save rubber trees, then I thought I was fighting to save the Amazon rainforest. Now I realize I am fighting for humanity.”

More than three decades after these words were uttered, the world faces a unique opportunity to fight for humanity once and for all.  When countries around the world come together this December in Montreal for the 15th Conference of the Parties (COP15) to the UN Convention on Biological Diversity, it will define our willingness to put conservation at the center of our perception of the future, and our ability to honor biodiversity’s critical role in protecting humanity.

The people of Latin America know all too well the perils of biodiversity loss, and they know that the richer the biodiversity, the higher the stakes. Latin America is one of the most biodiverse regions in the world. It is home to a remarkable array of plant and animal species, as well as vast expanses of tropical forests, wetlands, and mangroves;  the Amazon rainforest alone houses more than 10% of the world’s known biodiversity. This remarkable natural powerhouse represents what is at stake if humanity fails to protect the natural world and put an end to its destruction. Losing this unparalleled biodiversity, with its unique ecosystems, means losing the benefits of the services that these ecosystems provide, including food supplies, fresh water, disease protection, and pollution and climate mitigation.

As the leader of a biodiversity-rich Latin American country – Colombia – I understood all too well the cost of not protecting the natural world – the cost of inaction. I understood all too well that the region’s biodiversity is under serious threat from all major pressures on the natural environment, from resource exploitation and deforestation to pollution, agricultural expansion, and the invasion of alien species.

This is why my team leveraged the power of our political leadership to tackle biodiversity loss and protect our country’s ecosystems and the communities that depend on them. In Colombia, the deforestation rate fell by 19% in 2019, and more than 50 million trees were planted as part of a plan linked to the World Economic Forum’s One Trillion Trees initiative. Furthermore, earlier this year, Colombia announced that it had achieved the protection and conservation of 31% of its lands and 37% of its waters.

Today, I want my experience fighting to protect my country's natural environment to be an impetus for the leaders of the world to take action. Looking toward the future, I see COP15 as a last chance to put the world on a conservation trajectory and halt the destruction of nature. High-level leadership will be crucial in determining the success of this summit. If we want to fulfil the Global Biodiversity Agenda’s ambitious targets, and most importantly, the protection of at least 30% of the world’s land and sea by 2030 – including the recognition of the rights and contribution of indigenous peoples and local communities – the doors must be opened for global leaders to create transformative change. 

Global leaders have many tools at their disposal, including the creation of green regulations, the development of sustainable low-carbon economies, and the implementation of public-private partnerships to drive conservation agendas. Through their leadership power, they can attract key industry and financial players to the table. They can maximize the cooperation opportunities that help to integrate conservation and sustainability into governance systems around the world. 

High-level leadership will be the determining factor in the success of the negotiations at COP15. Together, world leaders can offer a global perspective on how to tackle biodiversity loss and underscore that the issue requires urgent action. Demonstrating that biodiversity conservation will be a priority for governments around the world will provide a crucial step toward securing an ambitious global agreement, which must include a goal of protecting at least 30% of our planet by 2030, as well as sufficient funding for implementation.

Political leaders are aware of the perils of inaction. But they also understand the power of action. In Colombia, I was aware of the consequences of inaction, not least on our economy and the well-being of rural and urban communities. However, we were not daunted by the size of the challenge, and we proved that change is possible and that a high-level commitment to conservation can make a difference.

The solution to the biodiversity crisis is in the hands of global leaders, and COP15 will be the perfect – and probably last – opportunity to take the required action for the next decade and beyond. For generations, we humans have taken nature for granted. It is high time we do the right thing and fight for our trees, fight for our forests – fight for humanity.

Former President Iván Duque

 


 

Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de Medio Ambiente y Ciencia en EFEnoticias y  EFEverde

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde

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