Durante mucho tiempo la sostenibilidad se ha explicado desde un lenguaje técnico, institucional o empresarial. Se habla de emisiones, eficiencia energética, economía circular, biodiversidad o transición ecológica.
Son conceptos imprescindibles, pero muchas veces se perciben como lejanos para una parte de la ciudadanía. El gran desafío no es solo encontrar soluciones, sino conseguir que esas soluciones formen parte de la vida diaria de las personas.
Ahí el deporte puede desempeñar un papel diferencial. Pocas realidades tienen tanta capacidad para reunir, emocionar y generar comunidad como el fútbol. Un club no es únicamente una entidad deportiva: es un espacio de pertenencia, una conversación compartida y, en muchos casos, una parte importante de la identidad de miles de personas.
El fútbol tiene la capacidad de llevar los grandes retos ambientales a espacios donde normalmente no llegan
Esa dimensión social convierte al fútbol en una plataforma privilegiada para acercar mensajes que, en otros contextos, quizá pasarían desapercibidos. Cuando una causa ambiental entra en el lenguaje del deporte, deja de estar limitada a informes, congresos o despachos.
Puede llegar a una familia que acude al estadio, a una persona joven que sigue a su equipo en redes sociales o a una afición que se reconoce en unos colores.
Con esa idea nació Forever Green en 2020. La iniciativa impulsada por el Real Betis parte de una convicción clara: la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad o el consumo responsable necesitan alianzas amplias, pero también necesitan emoción, cercanía y capacidad de movilización.
La sostenibilidad no avanzará únicamente porque existan mejores tecnologías o nuevas normativas, aunque ambas sean necesarias. Avanzará cuando más personas entiendan que sus decisiones también cuentan y que pueden formar parte de una transformación colectiva.
Para conseguirlo, es fundamental traducir los grandes retos ambientales a mensajes comprensibles, visibles y conectados con la realidad cotidiana.
En estos años, Forever Green ha tratado de hacer precisamente eso: utilizar la fuerza del deporte para abrir conversaciones, promover hábitos más responsables y generar alianzas entre instituciones, empresas, organizaciones, deportistas y ciudadanía.
La experiencia demuestra que cuando el mensaje se comparte desde un territorio emocional, como el fútbol, su capacidad de impacto se multiplica.
Por eso también es importante abrir espacios de participación. No basta con comunicar compromisos; hay que invitar a la sociedad a formar parte de ellos.
La ciudadanía no debe ser solo receptora de mensajes ambientales, sino protagonista de nuevas formas de imaginar, proponer y actuar.
Desde esa visión se enmarca el nuevo concurso de ideas impulsado por Forever Green para la creación conceptual de la próxima camiseta especial que vestirá el Real Betis en un partido oficial de Liga en 2027.
La convocatoria estará abierta del 3 al 16 de agosto de 2026 y permitirá que aficionados y ciudadanos presenten propuestas originales capaces de transformar una equipación en un mensaje.
La iniciativa no busca únicamente elegir un diseño atractivo. Aspira a que cada propuesta dialogue con alguno de los grandes retos ambientales de nuestro tiempo: el cambio climático, la reducción de residuos, la protección de la biodiversidad, la movilidad sostenible, las energías limpias o el consumo responsable.
En ese sentido, la camiseta se convierte en un soporte simbólico, pero también en una herramienta de conversación.
Forever Green busca convertir la fuerza social del deporte en una herramienta para implicar, concienciar y movilizar a la ciudadanía
El proceso está pensado para unir creatividad y conciencia ambiental. Las propuestas deberán incluir una idea conceptual y una interpretación visual completa de la prenda. Después, una selección de diseños finalistas permitirá abrir de nuevo la conversación con la comunidad, reforzando una idea fundamental: cuando la ciudadanía participa, el compromiso se vuelve más cercano y reconocible.
Una camiseta no va a resolver por sí sola los desafíos ambientales. Pero los símbolos importan. Importa lo que despiertan, lo que recuerdan y lo que son capaces de poner en circulación.
Si un elemento tan cotidiano para un club como su equipación puede servir para hablar de cambio climático, biodiversidad, residuos o consumo responsable, entonces también puede contribuir a que esos temas lleguen más lejos.
Nos encontramos en un momento decisivo. La Agenda 2030 nos recuerda que los grandes objetivos globales requieren compromisos concretos y una implicación social mucho más amplia.
No hay transformación posible sin cooperación, y no hay cooperación real sin participación.
El fútbol no tiene todas las respuestas, pero sí tiene algo muy valioso: la capacidad de convocar. Y cuando esa capacidad se pone al servicio de una causa común, el deporte deja de ser solo espectáculo para convertirse también en motor de conciencia.

Porque la sostenibilidad no se construye únicamente en los despachos o en los laboratorios.
También se construye en la grada, en el vestuario, en la calle y en cada espacio donde una comunidad decide jugar en equipo por el futuro.
Rafael Muela es gerente de la Fundación Real Betis Balompié.

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.
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Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».





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