Aún no ha finalizado la devastadora DANA que ha azotado España, principalmente, la provincia de Valencia, causando cientos de muertes y desaparecidos, dejando un rastro de destrucción sin precedentes. Veíamos estos sucesos en países lejanos, muchos con el pensamiento de que esas cosas pasan “en los países pobres”. Esta catástrofe se considera el peor desastre natural en España desde que tenemos registros.
Las labores de rescate y limpieza continúan, con la participación de hasta 7.000 soldados y cientos de medios de emergencia. Pero existe una tensión social evidente por la lentitud en la reacción y la ayuda en todos los municipios afectados. También la hubo sobre la falta de valentía en declarar la emergencia y enviar los correspondientes avisos por SMS. Cuando los medios de emergencias llegan a la zona cero, la gente aplaude, siendo un orgullo que representa a cualquier color político.
Para aprender de una catástrofe, es fundamental superar prejuicios cognitivos y gestionar correctamente la búsqueda de culpables a lo largo de las distintas etapas. Se deben desarrollar mecanismos institucionales y de participación social, que permitan el aprendizaje continuo y realizar análisis rigurosos e independientes de las causas. Al final, es crucial institucionalizar este aprendizaje y buscar el refuerzo financiero, técnico y humano de las institución que saldrán reforzadas. Con mucho respeto y admiración, cabe destacar la labor de los Bomberos, que coordinan las operaciones de rescate. De la Protección Civil, que también está activa en la respuesta, junto con la Guardia Civil y la Policía Nacional.
Pero en mi artículo, como parece lógico, me centraré en la Unidad Militar de Emergencias (UME). Por distintas razones que luego expondré, creo que debería salir reforzada y preparada para enfrentarse a catástrofes como la ocurrida. Porque si algo es seguro, es que de manera ineludible, habrán más. El mediterráneo es zona cero de la emergencia climática junto con el caribe y las islas que se sumergen ante la crecida del nivel de mares y océanos.
La Unidad Militar de Emergencia (UME), un orgullo que une
La UME es una unidad militar creada para intervenir rápidamente en cualquier lugar del territorio nacional o internacional, cuando se produzcan situaciones de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas. Sus principales misiones incluyen la intervención en incendios forestales, las inundaciones, grandes nevadas, terremotos y por ejemplo, la gestión de la pandemia en su punto más delicado.
Su enfoque en la protección y ayuda a ciudadanos en emergencias refuerza su imagen favorable. Al ser una unidad neutral políticamente, recibe el apoyo tanto de partidos de derecha como de izquierda. Esto la convierte en un referente de unidad nacional y cooperación en momentos críticos. Aunque no está diseñada ni entrenada principalmente para la guerra convencional, sino para responder a emergencias y desastres, sus miembros mantienen ciertas capacidades militares básicas con entrenamiento en tácticas y uso de armas. Operan bajo una estructura militar, con una cadena de mando que les permite integrarse en operaciones más amplias si es necesario.
Es importante destacar que, aunque existen unidades similares en otros países, la UME española se ha convertido en un referente internacional debido a su organización, capacidades y experiencia acumulada desde su creación en 2005. La UME desarrolló el Plan de Formación de Unidades Militares de Emergencias (FORUME), incluyendo todos los aspectos necesarios para la creación de unidades de tipo regimiento o batallón de Intervención en Emergencias. Este plan demuestra el interés internacional en replicar el modelo español.
El Servicio Militar de Emergencias, la mili voluntaria para luchar contra la crisis climática.
En España, el servicio militar obligatorio existió en diversas formas desde su instauración en el siglo XIX hasta su desaparición en 2001, abarcando más de 200 años. Durante este tiempo, su duración y las condiciones variaron significativamente según el contexto político y social.
Durante el servicio, se transmitían valores como el patriotismo y el amor a la patria, fomentando un sentido de deber hacia el país. Se inculcó el espíritu de sacrificio, priorizando el deber sobre las comodidades personales. La importancia del honor y la conducta íntegra también era fundamental, así como la disciplina, que enseñaba a respetar la jerarquía militar. Además, se promovía el compañerismo y el trabajo en equipo entre los reclutas. Estos valores buscaban formar el carácter de los jóvenes para servir a su país en diversas circunstancias de carácter militar.
Mi visión es que el Servicio Militar de Emergencias sea una versión que únicamente se centre, en el entrenamiento y los valores de la UME. Estos nuevos valores se adaptarían para enfatizar el espíritu de servicio a la humanidad, priorizando la ayuda a la población civil, con emergencia o sin ella. Se destacaría el profesionalismo, con un enfoque en la excelencia técnica y la especialización en rescates y primeros auxilios. El trabajo en equipo sería algo fundamental que volverían a aprender nuestros jóvenes, fomentando la colaboración entre sus miembros y con otros cuerpos de emergencia. La resiliencia se convertiría en una prioridad ante una emergencia climática impredecible, desarrollando la capacidad de adaptación ante distintos tipos de crisis. Además, se cultivaría un fuerte compromiso, conciencia social, para el cuidado del medio ambiente y natural.
Sinceramente, yo aprendí mucho en mi servicio. Y aunque acabé lesionado, la dura instrucción del Galicia 64, Regimiento de Cazadores de Montaña en Jaca, me abrió los ojos para comenzar mi carrera profesional. Estudié FP Superior en un módulo para la conservación y gestión de los recursos naturales. Luego Geología y distintos masters, ya todos sin lograr finalizarlos, porque mis contratos como consultor me obligaban a trabajar de forma incansable, comprometida y lucrativa.
¿Y por qué creo que es mejor un enfoque militar que civil?
En mi opinión la vuelta de la mili sería estratégico y resiliente a largo plazo. Aunque respeto mucho la vía de seguir formando a jóvenes bajo la Formación Profesional en su vertical de Emergencias. Y en ningún caso debería verse afectado su presupuesto o prioridad. La visión es multiplicar los recursos para emergencias y no redirigirlos. Por eso, creo firmemente que adelantarse a la realidad geopolítica y regresar a un Servicio Militar de Emergencias, tendría muchas ventajas.
Ante la guerra en Ucrania y la amenaza rusa, varios países europeos están considerando reintroducir o ampliar el servicio militar obligatorio. Estos movimientos reflejan una nueva realidad geopolítica en Europa, con una creciente percepción de amenaza. El gasto en defensa de la Unión Europea fue significativamente mayor que el destinado a la prevención de riesgos y catástrofes naturales. En 2023, el gasto militar total de la UE alcanzó los 280.000 millones de euros, con proyecciones de aumento hasta 350.000 millones para 2024. Además, la Comisión Europea propone destinar 13.000 millones de euros al Fondo Europeo de Defensa para el período 2021-2027.
En contraste, no existen o no se proporcionan cifras específicas sobre el presupuesto para prevención de riesgos y catástrofes naturales. A nivel global, la comparación y desequilibrio aún duele más. El gasto militar anual de los 10 países con mayor gasto militar del mundo sería suficiente para cubrir la financiación internacional para el clima prometida durante 15 años (a razón de 100.000 millones de euros al año). Solo el 4% del gasto militar de los 10 principales países bastaría para financiar 70.000 millones de euros para la adaptación al cambio climático.
Y seamos claros, la gran derrota llegará si no entendemos que la DANA de Valencia es causa de la crisis climática, todas las pérdidas humanas serán en balde. Que lo primero que falló fue la estrategia de adaptación. Volverá a pasar, si no una inundación, un incendio, o los medicanes, ciclones tropicales del mediterráneo, que cada vez aparecen con más fuerza. Es una cuestión de defensa nacional.
Bajar el paro mientras capacitamos para los problemas de su era
España lidera el desempleo juvenil en la Unión Europea, con una tasa del 28,36% al cierre de 2023, lo que representa aproximadamente 481.500 jóvenes desempleados entre 16 y 24 años. Esta cifra es significativamente más alta que la media de la UE y más del doble de la media mundial del 13%. Eso con los jóvenes, pero a marzo de 2024, había 1.555.171 personas mayores de 45 años en paro en España, representando el 57,02% del total de desempleados. Este grupo enfrenta dificultades significativas para la reinserción laboral y tendría sentido que el Servicio Militar de Emergencias los incluyera.
No sería de extrañar, que los parados que realizaran el Servicio Militar de Emergencias, participando en un programa de capacitación y conociendo nuevas necesidades o empleos verdes. Busquen iniciar tras el servicio, una actividad empresarial de las muchas vertientes que tiene la adaptación, prevención y gestión de emergencias y catástrofes naturales. Pueden trabajar en servicios de inspección y prevención de riesgos para establecimientos y eventos privados. Algo que de existir actualmente, hubiera salvado muchas vidas en los polígonos industriales afectados por la DANA.
Trabajemos por una sociedad sensible a la prevención de desastres naturales, crearemos conciencia sobre sus riesgos y sus impactos a través del Servicio Militar de Emergencias o cualquier iniciativa similar. Proporcionando las habilidades prácticas para actuar adecuadamente antes, durante y después de un desastre o accidente, un ejército de “voluntarios pero con jerarquía” para salvar vidas. Sumida la sociedad, como mínimo en la apatía, ese servicio a la sociedad, puede ser el mejor antidepresivo para los participantes. Dejemos cómo pagarlo para otro artículo o probemos de forma voluntaria, igual nos llevamos una sorpresa.
Jose Lindo es Consejero de Emergencia Climática
Cooperación Estratégica para la Seguridad Nacional (CESN)
Fotografía principal_ Un miembro de la Unidad Militar de Emergencias. EFE/ Biel Aliño
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Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
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