La implantación de la movilidad eléctrica avanza a paso firme, pero todavía lento. En especial en España donde, frente a algunos otros países europeos, los pasos son escasos y cortos. A día de hoy hay mucho ganado: la oferta automotriz es amplia, las baterías (el principal escollo de hace unos pocos años) han mejorado y la disposición del comprador ha virado hacia la electrificación. Sin embargo, el acceso a infraestructuras de recarga fiables y geográficamente extendidas sigue siendo un gran freno. Si bien la tecnología de recarga ultrarrápida, que permite un salto cualitativo, ya existe y está en proceso de crecimiento, el sector se está encontrando con frenos administrativos y burocráticos que han de desbloquearse si queremos alcanzar los objetivos de electrificación de Europa.
No hace tanto que los vehículos eléctricos han llegado a nuestras vidas y ya se consideran una de las panaceas del futuro. Para 2024 el sector de la movilidad eléctrica va a despegar. Tiene que despegar. Por eficiencia, por sostenibilidad, por imposición de la UE y por la gran demanda de los usuarios. Esta tendencia, que aparece como una de las principales en el desarrollo de la industria de automoción y de las ciudades, se está consolidando ya en España, aunque muy por detrás de lo que lo hace en otros lugares de Europa y, desgraciadamente, muy por debajo de las expectativas para cumplir la Agenda 2030.
Podemos comparar al sector con el de la fibra óptica, los paneles fotovoltaicos o, un poco más lejos en el tiempo, el de las propias gasolineras. Al principio son solo unos pocos visionarios los que apuestan por él y, antes de darnos cuenta, se ha copado el mercado con actores tradicionales y pure players innovadores que buscan su parte del pastel. Todos ellos son necesarios para impulsar el desarrollo y aportar dinamismo, en especial los operadores de recarga, que son, de hecho, el facilitador para desbloquear un despliegue real de la movilidad eléctrica.
Y, si bien la instalación de puntos de recarga está también avanzando, el principal freno para el desarrollo de la movilidad eléctrica en 2024 son precisamente ellos. O más bien la falta de ellos, o más bien su capacidad. Porque la infraestructura actual, donde la hay, es en su mayoría de recarga lenta, y con una autonomía que no permite a los vehículos eléctricos realizar trayectos largos, más allá que los diarios del domicilio al trabajo y viceversa. España es, de hecho, el país con peores indicadores de puntos de recarga de Europa, con solo unos 26.000 puntos en todo el territorio de los cuales un tercio se encuentra fuera de servicio. Y con la red de cargadores ultrarrápidos menos extendida y menos fiable, ya que según los últimos datos de conteo, solo un ínfimo 3% de esos cargadores corresponde actualmente a la recarga ultrarrápida, que ofrecería al usuario la posibilidad de recargar en unos 20 minutos para poder recorrer hasta 400 km. Mientras este modelo no se consolide y se extienda por todo el territorio, la movilidad eléctrica seguirá siendo una utopía porque, ¿quién se ‘anima’ a hacer un viaje de esa distancia sin la garantía de que en su destino encontrará también la forma de recargar su vehículo, ¡y rápido!?
La red eléctrica, fuente fundamental y escollo
El despliegue masivo, por tanto, de estos puntos de recarga ultrarrápida es clave. Pero también aquí hay retos. Si bien existen ya (existimos) distintas compañías con la capacidad comercial, operativa y tecnológica para su puesta en marcha, el camino no está siendo fácil. Pero es la pescadilla que se muerde la cola: sin puntos de recarga accesibles, eficientes y en funcionamiento, no se incrementará el parque de vehículos eléctricos en España, mientras que sin mercado suficiente, las empresas del sector de la recarga no podrán seguir innovando y desarrollando su negocio.
Los distintos actores de movilidad (fabricantes, gestores de flotas, agentes de sostenibilidad, industrias auxiliares, etc.) están ya demandando una solución relativa a la conexión eléctrica, y algunas otras mejoras en la ejecución de la operativa y la fiscalidad al Gobierno, como la creación de una ventanilla única para la instalación de infraestructuras de recarga. Porque uno de los grandes frenos para su instalación y puesta en marcha se encuentra en los trámites administrativos. Otro escollo importante es el acceso a la fuente y los tiempos de conexión a la red que están imponiendo las distribuidoras eléctricas.

Es necesario que se planifique y ejecute, de facto, una inversión en redes y acometidas eléctricas más amplias e intensivas, tanto en ciudades como en zonas no urbanas -de forma que pueda haber puntos de recarga ‘a lo largo del viaje’-, que se anticipe a las necesidades reales y que permita a los operadores instaladores disponer un mapa que abarque todo el territorio, con capacidad suficiente (y real) a nivel de punto de conexión, que dé servicio a estas nuevas y necesarias estaciones de servicio eléctricas. Todo ello con la dificultad añadida de que, en España, las grandes distribuidoras eléctricas son también operadores de recarga, con el riesgo de monopolio y de trato preferente que esto supone (un ‘detalle’ que la propia Unión Europea desaconseja pero que, en España, está aún por resolver).
Está claro que es necesario recuperar el tiempo perdido para cumplir los objetivos de descarbonización, y que la tarea no será fácil, pero esperamos una racionalización y estabilización en este nuevo año donde, a buen seguro, quedarán solo un grupo escogido de jugadores (fabricantes, proveedores y auxiliares) que hayan tenido la mejor estrategia.
Y no olvidemos que hay otras energías alternativas y libres de carbono que también están siendo probadas con éxito, como el hidrógeno y los biocarburantes, que aunque no desbancarán a la eléctrica, también están entrando en el juego y también jugarán un papel importante.
Será, sin duda, un año interesante para nuestras carreteras y para el medio ambiente.

(*) Bastien Verot, codirector general de Electra España
Foto principal: Cargador. Archivo EFE/ Cyril Zingaro
Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog ambiental colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde.com
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde





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