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La industria manufacturera es parte del problema climático. Sin embargo, es un negocio sin el que no podemos vivir. Las industrias del acero, el cemento, los productos químicos y los fertilizantes por sí solas son fundamentales para nuestra alimentación, vivienda, seguridad y desarrollo económico a largo plazo. Generan productos para los que hoy no existen alternativas económicamente viables. En conjunto, emiten más del 20% del carbono que calienta el planeta, y se encuentran entre los sectores con más dificultades para reducir las emisiones.
Si la comunidad mundial tiene alguna posibilidad de alcanzar sus objetivos de cero emisiones netas para 2050 -la ambiciosa fecha fijada para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 ºC por encima de la media preindustrial-, debemos invertir mucho y de forma agresiva en enfoques para frenar las emisiones industriales. El reto es formidable. La población crece. Las economías se expanden. La demanda de bienes que hoy se fabrican quemando carbón y otros combustibles fósiles sucios aumenta exponencialmente y ejerce más presión sobre el entorno natural. Las consecuencias de no actuar con rapidez y responsabilidad son difíciles de imaginar.
A diferencia del sector energético, en el que cada vez se utilizan más combustibles renovables o de combustión más limpia, muchas industrias pesadas -entre las que destacan la siderurgia y el cemento- requieren temperaturas extremadamente altas, cuya generación sin quemar combustibles fósiles tiene un precio prohibitivo.
La buena noticia es que los gobiernos están gastando más que nunca para fomentar la adopción de tecnologías limpias, y las asociaciones públicas y privadas se están uniendo para incentivar a las industrias a invertir e innovar. Los consumidores también están desempeñando un papel crucial, insistiendo en que las empresas y las marcas sean más responsables con el medio ambiente a cambio de continuar siendo sus clientes
Abordar el reto de la descarbonización industrial requiere un enfoque múltiple. La innovación tecnológica es, por supuesto, una de las piedras angulares. La investigación y el desarrollo se centran en tecnologías revolucionarias como la producción de acero con hidrógeno y la captura y el almacenamiento de carbono en la producción de cemento. Su ampliación a niveles industriales será costosa y compleja, y requerirá voluntad política colectiva, marcos políticos uniformes, reparto de la carga financiera y un intercambio más libre de tecnología e información.
Los gobiernos de todo el planeta están estudiando medidas reguladoras, mecanismos de tarificación del carbono e incentivos financieros que insten a la industria a adoptar planteamientos más ecológicos. El impulso hacia una economía circular en la que los materiales y los productos se reutilicen y reciclen -tal como prevé la innovadora labor de la Fundación Ellen MacArthur– es alentador y está ganando adeptos como medio para reducir la huella medioambiental del sector manufacturero y disminuir la dependencia de la minería, la perforación y la explotación forestal.

En medio de estos inmensos retos, la Corporación Financiera Internacional (IFC según su sigla en inglés) -la rama del Grupo del Banco Mundial dedicada al sector privado- está desempeñando un papel fundamental impulsando el desarrollo climáticamente inteligente en las economías emergentes. Concretamente, ofrece a las empresas privadas servicios de asesoramiento y préstamos vinculados a la sostenibilidad que, por ejemplo, las incentivan a ecologizar sus cadenas de suministro, adoptar tecnologías y prácticas más limpias y crear puestos de trabajo y oportunidades en el proceso. Esta labor arroja resultados significativos. Por ejemplo, un préstamo vinculado a la sostenibilidad de 150 millones de dólares concedido a Votorantim Cimentos, uno de los principales productores de cemento de Brasil, ayudará a la empresa a abandonar los combustibles fósiles, duplicar el uso de combustibles alternativos menos contaminantes y reducir las emisiones en una región donde los desastres relacionados con el clima podrían empujar a entre 2,4 y 5,8 millones de personas a la pobreza extrema de aquí a 2030.
El mundo ha despertado a la realidad de que la descarbonización de la industria pesada no es sólo un imperativo medioambiental, sino un requisito previo fundamental para el desarrollo económico mundial. Todos estamos interconectados. Reinventar un futuro industrial más ecológico y sostenible sólo es posible mediante una acción colectiva y coordinada a todos los niveles.

Femi Akinrebiyo es director Mundial de Financiación de Proveedores de Fabricación y Comercio de la Corporación Financiera Internacional (IFC, según la sigla en inglés).

Decarbonizing industry is essential for a sustainable and resilient future.
By Femi Akinrebiyo,
Manufacturing is part of the climate problem. But it’s a business we cannot live without. The steel, cement, and chemical fertilizer industries alone are critical for our food, shelter, security, and continued economic development. They produce products for which there are no economically viable alternatives today. Together, they emit upwards of 20 percent of the carbon that is warming the planet — and they are among the most difficult sectors to abate.
If the global community has any chance of achieving its net zero goals by 2050 – the ambitious date set by COP21 participants for limiting temperature increases to 1.5°C above pre-industrial averages by 2100 – we must invest heavily and aggressively in approaches to curb industrial emissions.
The challenge is formidable. Populations are growing. Economies are expanding. Demand for goods manufactured today by burning coal and other dirty fossil fuels is exponentially increasing and putting greater and greater stress on the natural environment. The consequences of not acting rapidly and responsibly are hard to fathom.
Unlike the energy sector where cleaner burning or renewable fuels are increasingly being swapped in, many heavy manufacturers – steel and cement chief among them — require extremely high temperatures that are currently price-prohibitive to generate without burning fossil fuels.
The good news is that governments are spending more than ever on clean technology subsidies, and public and private partnerships are coalescing to incentivize industries to invest and innovate. Consumers too are playing a crucial role, insisting that companies and brands become more environmentally responsible in exchange for their patronage.
Addressing the challenge of industrial decarbonization requires a multifaceted approach. Technological innovation is, of course, one of the cornerstones. With research and development focusing on breakthrough technologies such as hydrogen-powered steel production and carbon capture and storage in cement production, incremental progress is being made. Scaling them up to industrial levels will be costly and complex requiring collective political will, uniform policy frameworks, financial burden-sharing, and a freer exchange of technology and information.
Governments worldwide are exploring regulatory measures, carbon pricing mechanisms, and financial incentives that urge industry to adopt greener approaches. The push towards a circular economy where materials and products are reused and recycled — as envisioned by the innovative work of the Ellen MacArthur Foundation — is encouraging and is gaining traction as a means to shrink the manufacturing sector’s environmental footprint and reduce dependencies on mining, drilling, and logging.
Amidst these immense challenges, the International Finance Corporation plays a pivotal role driving climate-smart development in emerging economies by offering private companies advisory services and sustainability-linked loans that, for example, incentivize them to green their supply chains, adopt cleaner technologies and practices, and create jobs and opportunities in the process. This work yields meaningful results. A $150 million sustainability-linked loan to Votorantim Cimentos, a leading Brazilian cement producer, will help the company wean away from fossil fuels, double its use of cleaner alternative fuel, and reduce emissions in a region where climate-related disasters could push between 2.4 and 5.8 million people into extreme poverty by 2030.
The world has woken up to the reality that decarbonizing heavy industry is not just an environmental imperative, but a fundamental prerequisite for global economic development. We are all interconnected. Reinventing a greener and sustainable industrial future is attainable only through collective and coordinated action at all levels.

Femi Akinrebiyo is the Global Manager, Manufacturing & Trade Supplier Finance at the International Finance Corporation (IFC).


Creadores de Opinión Verde #CDO es un blog colectivo coordinado por Arturo Larena, director de EFEverde
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.
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