Medir las emisiones, clave para avanzar hacia la neutralidad de carbono. Por (*) Johanna Gallo

Publicado por: generico 2 de mayo, 2022

Cada vez que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) da a conocer un nuevo informe, queda aún más patente la situación de emergencia en que nos encontramos. 

En su última entrega, recientemente publicada, se subrayan las consecuencias nefastas e irreversibles que ya han empezado a provocar los fenómenos extremos relacionados con el calentamiento global, y se afirma que los gobiernos no han tomado las medidas suficientes para reducir los gases de efecto invernadero.

En este sentido, los estados deben actuar como promotores e impulsores de iniciativas que movilicen a toda la sociedad civil. Es necesario que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad para hacer realidad la transformación necesaria que garantice la sostenibilidad del planeta.

Huella de carbono

Y las empresas, sin duda, representan un papel protagonista, pues su actividad tiene un enorme impacto ambiental que debe reducirse mediante la progresiva eliminación de su huella de carbono.

La huella de carbono es un indicador que mide la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera durante la realización de determinadas actividades.

Estas emisiones se clasifican en tres categorías. Las emisiones de alcance 1 y 2 se derivan del consumo de combustibles (como el gas de la calefacción de la oficina) y las generadas por la electricidad consumida. Es decir, está en manos de la empresa poder reducirlas.

Sin embargo, las de alcance 3 son emisiones indirectas relacionadas con su actividad, pero en las que intervienen terceros (como las derivadas de la cadena de suministro), por lo que la empresa no tiene un control total sobre ellas, representando normalmente entre el 80% y el 90% de su impacto ambiental.

En la lucha por reducir esta huella de carbono se suele hablar de tres conceptos.

El carbono neutro, que se consigue cuando las emisiones de alcance 1 y 2 se compensan con la eliminación de la atmósfera de una cantidad de emisiones de carbono equivalente (por ejemplo, mediante acciones de reforestación).

El cero carbono, cuando también se compensan las emisiones de alcance 3.

Y, el tercero que se da a través de la compensación de carbono (carbon offsetting) llamado Clima Positivo. Una empresa clima positiva extrae más emisiones nocivas de las que se crearon durante su ciclo de vida o actividad, es decir, absorbe las emisiones de CO2 ya presentes en la atmósfera al mismo tiempo que se mitigan las propias (cero emisiones netas de carbono).

Neutralidad de carbono

Para que una organización pueda asumir la responsabilidad de su impacto ambiental y tomar medidas compensatorias que la lleven a la neutralidad de carbono, el primer paso, fundamental, es poder medir sus propias emisiones; incluidas, por supuesto, las de alcance 3.

Esto representa en sí mismo un gran reto, pues requiere un riguroso método de recogida de datos que garantice su precisión y fiabilidad, al tratarse de datos procedentes de diversos canales y actividades.

Realizar una evaluación del ciclo de vida es una forma eficaz de recopilar datos detallados.

Existen 16 categorías medioambientales identificadas a tener en cuenta y su análisis proporciona un enfoque holístico de la huella de carbono de una organización, ya que tiene en cuenta su impacto en el agua, la biodiversidad o el uso del suelo, entre otros.

Recientemente, Chris Hocknell, director del organismo de certificación Natural Carbon Solutions, explicaba en un webinar organizado por APlanet que avanzar hacia el cero carbono es una maratón, no un sprint.

Se trata de un proceso de mejora constante de las técnicas, para recoger datos de mejor calidad, con más métricas, con un mayor nivel de precisión, para estar mejor informados sobre cómo cambiar las actividades para reducir nuestras emisiones. 

La tecnología es fundamental en este proceso, por eso conviene dotarse de herramientas especializadas que nos permitan recopilar toda esa información procedente de las diversas fuentes y áreas de la empresa de la forma más automatizada, eficiente, fiable y precisa posible.

Si no medimos bien, no podremos identificar los ‘puntos calientes’ de nuestra actividad empresarial ni definir una estrategia dirigida a eliminarlos y avanzar hacia una economía neutra en carbono.

(*) Johanna Gallo es directora general y cofundadora de APlanet

 

 

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