En toda Europa, el trigo de invierno ya está sembrado. Lo que los agricultores apliquen en las próximas semanas determinará el volumen de la cosecha de este año. Esas decisiones se están tomando ahora en un contexto de repentino aumento de los costes que no existía cuando se sembraron las semillas.
El cierre del estrecho de Ormuz a finales de febrero alteró los mercados de la energía y los insumos, algo que la agricultura europea no puede eludir. En cuestión de días, el tráfico de petroleros se redujo entre un 90 % y un 95 %. Los precios del gas natural en Europa aumentaron entre un 70 % y un 75 % en la primera semana, y a mediados de marzo se acercaban al doble de los niveles previos al conflicto. (1)
Mientras tanto, el crudo Brent comenzó el año a 61 dólares por barril y cerró el primer trimestre a 118 dólares, lo que supone el mayor incremento trimestral de precios, ajustado a la inflación, desde que se tienen registros, que se remontan a 1988. (2)
Estos cambios determinan el coste de la energía que sustenta la agricultura, desde la maquinaria y el riego hasta la producción de fertilizantes nitrogenados.
Al mismo tiempo, las interrupciones en las exportaciones de fertilizantes del Golfo – que representan aproximadamente entre el 20 % y el 30 % del suministro comercializado a nivel mundial – impulsaron al alza los precios en todos los mercados.
Europa, aunque no depende directamente de los productores del Golfo, se ve afectada por este sistema global de precios, al tiempo que se enfrenta a unos costes de producción internos más elevados vinculados al gas.
El resultado es un aumento sostenido de los costes de los insumos justo en el momento en que los agricultores deciden cuánto nitrógeno aplicar, decisiones que determinarán los rendimientos en la cosecha y que ya están empezando a marcar la evolución de los precios de los alimentos de cara a 2027.
Prioridades
En estos momentos, hay dos prioridades que determinarán el resultado. Los agricultores necesitan un apoyo inmediato y específico para mantener el uso de fertilizantes y otros insumos clave durante este breve margen de tiempo, y los gobiernos deben actuar para mantener abierto el comercio de insumos agrícolas, al tiempo que movilizan financiación rápida para los países que se encuentran bajo presión.
Estas medidas aún pueden estabilizar las decisiones de siembra y proteger los rendimientos. Sin ellas, el aumento de los costes de los insumos se traducirá directamente en una menor aplicación, una menor producción y una oferta de alimentos más escasa a lo largo del año.
El aumento de los costes de los fertilizantes ya está obligando a los agricultores a ajustar el uso de insumos, con consecuencias directas para los rendimientos y el suministro de alimentos en los próximos meses.
Cuando suben los precios de los fertilizantes y la liquidez se reduce, los agricultores aplican menos nitrógeno. Un menor uso de insumos reduce los rendimientos. El impacto no se nota de inmediato. Se hace visible en la cosecha, cuando la producción cae por debajo de su potencial, y más tarde en los mercados, cuando la oferta se reduce y los precios suben. Para entonces, las decisiones que determinaron el resultado ya no pueden revertirse.
Márgenes en mínimos
La agricultura europea entra en esta crisis con márgenes ya reducidos y una capacidad limitada para absorber nuevos aumentos de costes. Los agricultores se han enfrentado a una presión financiera prolongada desde el aumento de los costes de los insumos en 2022, y los precios solo han compensado parcialmente el incremento de los costes.
La variabilidad climática y las presiones normativas y regulatorias añaden más incertidumbre. El actual repunte agrava estas condiciones y corre el riesgo de minar la confianza en un momento crítico. La resiliencia de la agricultura europea depende de si los agricultores pueden absorber perturbaciones de esta magnitud sin reducir la inversión ni la producción.
Existe una presión adicional en la intersección entre los mercados energéticos y alimentarios. El aumento de los precios del petróleo incrementa el atractivo de los biocombustibles, lo que desvía cultivos como el maíz y los aceites vegetales hacia la producción de combustible.
Esto reduce la oferta de alimentos y eleva aún más los precios. Europa está profundamente integrada en este sistema. La volatilidad energética repercute directamente en los mercados agrícolas, vinculando el riesgo geopolítico con los precios de los alimentos y la inflación.
La ventana de oportunidad para actuar sigue abierta, pero se está reduciendo. El nitrógeno aún no se ha aplicado por completo. La siembra de primavera sigue en marcha en algunas partes de Europa.
Actuar ahora puede limitar el daño. Esperar hasta la cosecha no lo hará.
Mantener la producción
La prioridad inmediata es mantener la producción. Los agricultores necesitan un apoyo oportuno y adecuado para seguir utilizando los insumos, en particular los fertilizantes, durante esta fase crítica.
Las respuestas políticas actuales se han centrado en gran medida en el combustible, mediante recortes fiscales, límites máximos de precios y subvenciones específicas, mientras que el apoyo a los fertilizantes y a los insumos agroalimentarios en general sigue siendo limitado.
Los instrumentos existentes sirven de base, pero la magnitud y la rapidez de la crisis exigen una mayor flexibilidad. Las señales claras de apoyo, combinadas con medidas para aliviar las restricciones de liquidez, pueden influir en las decisiones actuales y reducir el riesgo de una contracción de la producción.
La respuesta de Europa también debe extenderse más allá de sus fronteras. Como actor central en los mercados agrícolas mundiales, tiene tanto interés como responsabilidad en apoyar la estabilidad.
Es esencial mantener la libre circulación de los insumos agrícolas. Las restricciones a la exportación impuestas por varios países corren el riesgo de trasladar la carga a las economías más vulnerables. Europa debería liderar la oposición a tales medidas.
Acceso a la financiación
El acceso a la financiación sigue siendo fundamental. Instrumentos como la “ventanilla para crisis alimentarias” del Fondo Monetario Internacional pueden proporcionar un apoyo rápido a los países que se enfrentan a una presión aguda.
Enfoques complementarios, como el Mecanismo de financiación para crisis alimentarias impulsadas por perturbaciones (Financing for Shock-Driven Food Crisis Facility) desarrollado en el marco de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, permiten respuestas más tempranas y proactivas antes de que las crisis se agraven y se propaguen.
A medio plazo, los países deberían diversificar las fuentes de suministro de fertilizantes y reforzar la coordinación regional.
A largo plazo, la resiliencia dependerá de un uso más eficiente de los insumos, de la inversión en métodos de producción alternativos, como el amoníaco verde, y de una menor dependencia de los volátiles mercados energéticos.
La producción alimentaria debe considerarse un activo estratégico, al igual que la energía y las infraestructuras.

Las decisiones que se tomen ahora determinarán los resultados mucho más allá de Europa.
Los precios de los alimentos en 2027 se ven influidos por las decisiones que se tomen esta primavera, tanto en las explotaciones agrícolas como en las capitales. Los agricultores se están adaptando bajo presión.
La pregunta es si la respuesta que reciben está a la altura de la urgencia del momento.
Maurizio Martina es director general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

1 https://www.cnbc.com/2026/03/03/middle-east-war-gas-energy-lng-drone-qatar-strait-hormuz-price-shock.html
Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.
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